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Los datos más extraños y fascinantes del aguacate: la fruta amada por los millennials y los quetzales que mejora el semen

Buena Vida

Por: pijamasurf - 07/31/2018

No hay duda de que el aguacate es la mantequilla de los dioses, y tan rica como su sabor es su historia

El aguacate está viviendo su momento, y es más que merecido, pues no sólo es una fruta deliciosa -que incluso, por su sabor y versatilidad, trasciende la categoría de fruta-; es además sumamente sana y tiene un linaje divino como pocas frutas, al menos en México. El aguacate es hoy en día considerado una "superfood", es asociado con los hípsters y con las celebridades del wellness (como Gwyneth Paltrow, que lo deificó), con el guacamole y el Superbowl y está viviendo un boom exorbitante. Es un ingrediente estratégico para cualquier dieta, ya que proporciona grasas no saturadas sanas que durante mucho tiempo habían sido ignoradas en las recomendaciones alimentarias. Es una especie de mantequilla, pero probablemente con más propiedades benéficas -la mantequilla de los dioses, se ha dicho-. Hoy, de hecho, es el Día Nacional del Aguacate en Estados Unidos, lo que demuestra su penetración en dicha cultura, y en las redes sociales anglosajonas proliferan videos de aguacates y advertencias -que a los mexicanos les parecen ridículas- sobre los peligros de partir esta fruta, en los cuales se cita a personas que han tenido que ser admitidas en el hospital por su torpeza y se ofrecen aparatos especiales para rebanar el manjar mágico de la tierra caliente. 

Más allá de esta moda, el aguacate tiene una fascinante historia y representa un verdadero patrimonio cultural de México y otros países de Centroamérica, lo cual revisaremos aquí.

 

El aguacate debió haberse extinguido, es un "anacronismo evolutivo"

Diversas investigaciones recientes han mostrado que es casi un milagro que tengamos aguacate hoy en día -y ciertamente, sería trágico no tenerlo-. Se sabe que animales gigantes como los mamuts y los perezosos terrestres gigantes consumían esta fruta (incluso se especula que los dinosaurios también tenían este refinado gusto). Para sobrevivir, las plantas frutales suelen depender de animales que distribuyan su semilla al defecarla. Debido al gran tamaño de la semilla de los aguacates -al menos, de la mayoría de sus especies- la planta se enfrentó a un problema debido a la extinción, hace 13 mil años, de los animales que eran capaces de digerirla. Sin embargo, aparentemente justo por esta época, o quizás en algunas generaciones inmediatamente posteriores -el árbol llega a vivir unos 250 años-, algunos seres humanos empezaron a cultivar aguacate en lo que hoy es América. Estos eran humanos sabios.

 

La simbiosis de los quetzales

Los aguacates eran enormemente valorados por los aztecas, aunque no más que las plumas de los quetzales. No obstante, ambos están estrechamente relacionados. Los quetzales, el ave nacional de Guatemala y el ave sagrada de los panteones de diferentes culturas como la maya y la tolteca, se alimentan de pequeños aguacates silvestres (aguacatillos), a los cuales ayudan a sobrevivir cuando tiran la semilla en otros lugares alejados del árbol madre. No hay nada más elegante y precioso para la imaginación de estas tierras que visualizar un quetzal, con su colorido y altivo plumaje, devorando un rico aguacate. Sin duda, esto contribuye a la realeza y a la estirpe fina del aguacate.

 

"Aguacate" significa "testículo" y esta fruta tiene propiedades "afrodisíacas"

Por su forma, los aztecas le llamaron a esta fruta ahuácatl, que significa testículo. La medicina tradicional suele basarse en una doctrina de signaturas, donde la forma de una planta supuestamente produce un efecto análogo. Y este caso es una prueba de que algo sabían los antiguos. Primero veamos el relato que hace Francisco Hernández de esta fruta de la Nueva España, el cual envía a la corte española:

Las hojas son olorosas y de temperamento caliente y seco en segundo grado, por lo que se emplean convenientemente en lavatorios. Los frutos son calientes, agradables al gusto y de calidad nutritiva, excitan el apetito venéreo y aumentan el semen; sus huesos producen, prensados, un aceite semejante al de almendras que cura el salpullido y las cicatrices, favorece a los disentéricos con alguna astringencia y evita que los cabellos se partan.

Aumentan el semen, se dice, y en esto coincide un estudio científico reciente que muestra que comer aguacate aumenta la cantidad de esperma. Así que, como los testículos, el aguacate produce semen -y seguramente, bueno y rico-. Para seguir con esta oda al aguacate, sigamos con la crónica de Fray Bernardino de Sahagún:

Los árboles llamados ahuácatl o ahuacacuáhuitl tienen hojas verdes y oscuras. El fruto dellos se llama ahuácatl, y son negros por fuera y verdes y blancos por dentro. Tienen un cuesco de dentro, de hechura de corazón. Hay otros ahoacates que se llaman tlacazolahuácatl. Son grandes. Son como los de arriba. Las mujeres que crían no los osan comer porque causan cámaras a los niños que maman. Hay otros ahoacates que se llaman quilahuácatl. La fruta de éstos también se llama quilahuácatl. Son verdes por fuera. Son muy buenos de comer. Son preciosos.

Son preciosos; el buen Fray Bernardino era un tipo sensible y no le podía pasar desapercibido lo que es una verdad universal.

 

Parecen testículos, pero sus semillas son corazones

Las semillas también parecen testículos, como las muñecas rusas, aguacates fractales. Pero, tal vez, de esta semejanza cardíaca proviene la conocida adivinanza con la que muchos crecimos: "Agua pasa por mi casa, cate de mi corazón". El aguacate es el agua del corazón, la fruta que late. El agua verde de piedra suave. El agua de quetzal. El agua que catl por mi corazón. 

 

Eran tan preciados que, como la sal, se pagaba en aguacates

Y ciertamente, muchos estaríamos de acuerdo en recibir nuestro jornal en aguacates.

En varios documentos antiguos se constata que los aguacates eran uno de los bienes con los que algunos poblados pagaban tributo a los mexicas. 

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Ver partidos de fútbol ayuda a combatir la demencia senil, según este psiquiatra

Buena Vida

Por: pijamasurf - 07/31/2018

Seguir con entusiasmo los partidos de tu equipo favorito podría tener más beneficios de los que crees

El fútbol es en nuestros días uno de los deportes con mayor popularidad en buena parte del mundo, lo cual significa también que se trata de un espectáculo con una enorme cantidad de seguidores, que con regularidad ven los partidos de su equipo favorito, sea por medio de una transmisión o acaso acudiendo al estadio donde éste juega.

Y si bien, como espectáculo, el fútbol se ha convertido también en una máquina impresionante de dividendos económicos, sus beneficios no se expresan únicamente en las cuentas de jugadores, dueños de clubes o patrocinadores, sino quizá también en el modesto aficionado, y más específicamente en su salud mental, pues de acuerdo con Alistair Burns, psiquiatra inglés, ver partidos de fútbol podría contribuir a combatir la demencia que en ocasiones afecta a las personas de edad avanzada.

Burns es actualmente director clínico del sistema de salud del Reino Unido; particularmente, de la división que atiende la salud mental de las personas ancianas. Recientemente, el médico declaró que mirar partidos clásicos de fútbol activa la “memoria emocional”, que en el campo de la psiquiatría contemporánea se considera más poderosa que la memoria común, pues está relacionada directamente con las experiencias subjetivas de una persona. 

En este sentido, la memoria emocional es capaz de fortalecer la actividad cerebral: cuando una persona recuerda algo que está asociado con emociones intensas, varias zonas de su cerebro trabajan conjuntamente para “revivir” literalmente ese hecho, pues hoy se sabe que cada vez que recordamos algo, nuestro cerebro vuelve a generar ese recuerdo y no sólo lo “recupera”, como se creía antes.

“Existe un vínculo positivo entre ver partidos clásicos de fútbol y mantener la mente activa”, señala Burns, quien asimismo elogia la práctica del deporte como una forma de mantener saludable la relación entre el cuerpo y la mente.

Así que ya lo sabes: la próxima vez que mires un partido de fútbol con particular entusiasmo, quizá estés cuidando también de tu salud mental futura.

 

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