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Netflix adquiere los derechos de ‘Rebelión en la granja’, la novela de George Orwell

Arte

Por: pijamasurf - 08/03/2018

Netflix prepara una nueva adaptación de la segunda novela más conocida de Orwell

El día de ayer, Netflix anunció la compra de los derechos de Rebelión en la granja, la segunda novela más conocida de George Orwell que a manera de una fábula, como las de Esopo o La Fontaine, cuenta el destino paradójico de un grupo de animales domésticos que deciden sacudirse el yugo del ser humano que los explota.

Rebelión en la granja está inspirada, sobre todo, en los acontecimientos de la Revolución rusa y el régimen soviético derivado de ésta. Únicamente como pista que incite a investigar más sobre la relación entre la novela y la historia diremos que los personajes de Snowball y Napoleón se corresponden con Trotsky y Stalin, inicialmente cercanos y después separados por el poder (Orwell calcó incluso el exilio al que se sometió Trotsky).

Al mismo tiempo que el anuncio de la adquisición de derechos, Netflix dio a conocer que su adaptación de la novela de Orwell estará dirigida por Andy Serkis, quien como actor interpretó el papel de ‘Gollum’ en la trilogía de El señor de los anillos dirigida por Peter Jackson (2001-2003) e igualmente en la primera parte de la adaptación de El hobbit (2012) hecha por éste. Serkis dio recientemente el paso hacia la silla de director para la cinta Mowgli, también una adaptación, que tiene como origen El libro de la selva, la obra más conocida de Rudyard Kipling.

De Rebelión en la granja existen ya un par de adaptaciones, una de ellas especialmente notable: la versión animada que dirigieron John Halas y Joy Batchelor en 1954 y la cual tiene además el valor anecdótico de ser la primera película de su tipo realizada y difundida en el Reino Unido. Esta adaptación se encuentra disponible en YouTube.

Por último, no deja de ser irónico que sea una compañía que se aprovecha del sistema de vigilancia que George Orwell denunció en su momento la que esté interesada en realizar una nueva adaptación de esta novela, lo que quizá es una muestra de que al final, el modelo que triunfó fue aquel que Aldous Huxley también anticipó: el del apetito sin fin por el entretenimiento y la distracción.

 

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La preciosa playlist que Ryuichi Sakamoto le regaló a su restaurante favorito

Arte

Por: pijamasurf - 08/03/2018

Como buen compositor, Sakamoto no pudo permanecer impasible frente a la música que escuchaba en su restaurante favorito en Nueva York, así que decidió hacer una playlist y ofrecerla al lugar

En un artículo publicado hace tiempo en Revista Ñ, el escritor mexicano Fabio Morábito contó la anécdota de un hombre, escritor también, a quien su esposa le pide redactar un justificante de ausencia para el hijo de ambos, que había faltado a la escuela:

Mientras ella se apura en los preparativos para salir con el niño rumbo al colegio, el hombre lucha en la mesa del comedor con el justificante: quita una coma, vuelve a ponerla, tacha la frase y escribe una nueva, hasta que la mujer, que está esperando en la puerta, pierde la paciencia, le arranca la hoja de las manos y, sin sentarse, garabatea unas líneas, pone su firma y sale corriendo. Era sólo un justificante escolar, pero para el marido, que era un conocido escritor, no había textos inofensivos y aun el más intrascendente de ellos planteaba problemas de eficacia y de estilo. 

Morábito usa la historia para señalar las dificultades que a veces implica la escritura como actividad literaria para la persona que la realiza. Aunque muchos de nosotros escribimos todo el tiempo (mensajes, notas sueltas, publicaciones en las redes sociales, etc.), hay quienes dan otro significado a esa actividad y, por lo mismo, aun cuando se trate de realizarla en circunstancias sencillas, ésta se convierta siempre en un reto y un desafío.

Pero más allá de esta interpretación (que en cierto modo refuerza la idea rebatible de que la creatividad y la neurosis van de la mano), podemos pensar en algo mucho más sencillo: quien por gusto o por oficio se especializa en una disciplina, quien la practica con regularidad, la estudia y adquiere experiencia en ésta, ya no la experimenta del mismo modo que otras personas que conocen superficialmente esa misma actividad. Quien lee con frecuencia, por ejemplo, no lee de la misma manera que quien lee poco; lo mismo quien nada todos los días frente a quien lo hace sólo cuando sale de vacaciones, o quien adquirió afición por un género musical en particular, por ejemplo, que sin duda escuchará con más detalle, con mejor apreciación, que quien lo escucha por primera vez.

Quisimos señalar esta circunstancia para presentar una preciosa playlist que el compositor de origen japonés Ryuichi Sakamoto elaboró para su restaurante favorito en Nueva York, ciudad donde reparte su residencia junto con su natal Tokio. 

No obstante, en este caso no se trató de una de esas “intervenciones” que ocurren a veces, a medio camino entre la publicidad y el espectáculo, cuando una personalidad “cura” la actividad de determinado establecimiento. Nada de eso. El gesto de Sakamoto fue sincero y espontáneo.

Sakamoto es desde hace tiempo cliente habitual de Kajitsu, un restaurante de comida japonesa que sigue los principios del shojin, un término asociado con el budismo que puede traducirse como “cocina devota”. Grosso modo, el shojin se adscribe a la doctrina de la no-violencia (ahimsa) y, por lo tanto, utiliza ingredientes exclusivamente vegetarianos. Asimismo, en su decoración procura mantener la sobriedad propia del zen.

Todo en el lugar parecía satisfacer a Sakamoto, salvo un elemento muy específico: la música. Y es aquí donde retomamos lo que decíamos anteriormente. Quizá para otros comensales la música que sonaba de fondo era trivial o hasta imperceptible, pero no así para un compositor como Sakamoto, quien al menos desde la década de 1970 ha destacado justamente en el género “ambient”, que lleva dicho nombre por su aspiración de crear “atmósferas” definidas a partir del sonido, capaces de inducir experiencias sensoriales completas en la persona que escucha.

No sin humildad, Sakamoto se acercó al dueño del lugar y le ofreció realizar una compilación que pudiera usar en el restaurante. Sin duda la oferta es entre admirable y extraordinaria, pues no parece muy común que un artista renombrado ofrezca gratuitamente poner al servicio de otros la experiencia en su campo de acción.

¿Pero por qué no habría de pasar? “Entre todos sabemos todo”, solía decir Alfonso Reyes, y quizá esa sea la lección que podríamos sacar de esta historia. Aquello que el artista sabe hacer, aunque singular, es equiparable en otro sentido a lo que hace un cocinero, un campesino, una ilustradora, etc., siempre que nuestra vida está puesta en aquello que hacemos.

 

Más detalles sobre la historia en este artículo del New York Times.

 

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