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¿Las personas olvidadizas son más inteligentes? Estudio así lo sugiere

Ciencia

Por: pijamasurf - 04/25/2018

El olvido podría ser una función decisiva para la inteligencia humana

En el debate al parecer interminable en torno a la definición de inteligencia, la memoria suele tener un lugar importante, tanto, que a veces parece cubrir de lleno la capacidad intelectual de una persona. ¿Cuántas veces alguien a quien se le considera inteligente se lleva este título sólo porque, más bien, recuerda en el momento oportuno? Un dato, una fecha, un procedimiento… si surgen en nuestra mente en el instante preciso y requerido, quizá nos saquen de un apuro o al menos nos hagan pasar por personas inteligentes. ¿Pero esta percepción es exacta?

El estudio que reseñamos a continuación parece sugerir lo contrario o, al menos, matizarlo. De acuerdo con la investigación realizada por Paul Frankland y Blake Richards, adscritos al Departamento de Psicología de la Universidad de Toronto (entre otras instituciones), el olvido podría ser también un signo de las personas inteligentes, particularmente aquellas que en la vida cotidiana parecen ser especialmente “olvidadizas”.

Para su investigación, los autores confrontaron las nociones de memoria y olvido de acuerdo a la terminología con que se les conoce en la neurociencia contemporánea: persistencia y transitoriedad, respectivamente. 

Al analizar otras investigaciones y en general la literatura publicada al respecto, Frankland y Richards llegaron a la conclusión de que tanto una como otra son fundamentales en la construcción de esa habilidad que conocemos como “inteligencia” y que en este caso se refiere a la capacidad del cerebro para retener no la mayor cantidad posible de información sino, más bien, para navegar a través del conocimiento adquirido, de manera tal que sea posible obtener información relevante para la situación en la que se encuentra una persona.

“El verdadero fin de la memoria es optimizar la toma de decisiones”, dice al respecto Richards, quien no duda en señalar al olvido como elemento necesario para que el cerebro se concentre y se enfoque en lo que de verdad importa.

Frankland, por su parte, señala que existe evidencia suficiente de investigaciones recientes para identificar mecanismos cerebrales claramente dedicados a olvidar. Es decir, ser olvidadizo no es una “cualidad” de algunas personas, sino una operación que el cerebro humano realiza sistemáticamente en relación con la información adquirida y almacenada.

Este es el caso, por ejemplo, de la creación de nuevas neuronas en el área cerebral del hipocampo, un fenómeno que Frankland ha estudiado en su laboratorio y el cual ocurre sobre todo cuando generamos nuevos aprendizajes. Las neuronas que surgen a partir de esto establecen a su vez nuevas conexiones sinápticas, las cuales de algún modo “sobrecargan” las existentes e incluso podría decirse que las reescriben; dicho de otro modo: ocurre como si un nuevo camino fuera trazado sobre otros ya existentes. Sólo que el nuevo camino conduce a otros destinos, diferentes a aquellos que conectaban los viejos caminos. Por eso a veces, en medio de una nueva experiencia, sentimos que nuestra memoria precedente “se borra”, pues dichas nuevas neuronas hacen un tanto difícil acceder a información precedente.

¿Qué te parece? De alguna forma, parece coherente: sólo el olvido hace posible manejar la enorme cantidad de estímulos e información que recibe nuestro cerebro.

 

También en Pijama Surf: ¿Las personas inteligentes tienen más sexo, usan más drogas y se duermen más tarde?

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El libre albedrío parece ser una fantasía

El libre albedrío es, supuestamente, el derecho inalienable del hombre moderno. Creemos que somos muy conscientes, razonables y autónomos. Pero esto probablemente sea una cómoda ilusión, para que podamos seguir con nuestras vidas sin cuestionarnos demasiado. 

Desde hace unos años, a partir de un experimento seminal de Benjamin Libet, los científicos han notado algo perturbador. El cerebro humano decide inconscientemente lo que vamos a hacer, tiempo antes de que seamos conscientes de que tomamos una decisión. En otras palabras, cuando pensamos que estamos decidiendo, los procesos inconscientes del cerebro ya han estado trabajando en esto, y quizás aquello que pensamos que es una toma de decisión, más bien es el acto de ser conscientes de que hemos hecho algo. El libre albedrío sería, más bien, solamente una conciencia reflexiva que nos brinda la sensación de integridad subjetiva.

John Dylan-Haynes y Frank Tong realizaron hace unos años una réplica con algunas variaciones del experimento de Libet y confirmaron los resultados. En el experimento, un grupo de voluntarios debía apretar uno de dos botones cuando sintieran una urgencia. Cada botón era operado por una mano distinta. Al mismo tiempo, en una pantalla aprecían letras cambiantes, y los participantes debían recordar qué letra se había mostrado cuando hicieron la decisión de apretar el botón. Los resultados mostraron que, en algunos casos, la actividad cerebral vinculada con la decisión empezaba hasta 10 segundos antes de la decisión consciente. La señal, según explica la revista Nature, provenía de la región llamada córtex frontopolar, la zona donde al parecer se originan las decisiones. Los investigadores creen que los resultados sugieren que la conciencia es sólo la punta de un iceberg y que existe todo un complejo mecanismo inconsciente que podría ser incluso más importante en nuestra toma de decisiones que el ámbito de lo consciente. Esto pone en entredicho la noción de libre albedrío, la cual depende de la idea de un sujeto consciente que toma decisiones. 

Los experimentos de Simone Kühn y Maurice Brass también han confirmado este mismo procedimiento que hace pensar que la mente inconsciente es lo que realmente decide, incluso hasta el punto de que es el inconsciente "lo que causa todos los pensamientos". Otros investigadores han sugerido que la libertad del ser humano no consiste en decidir qué va hacer, sino en vetar los procesos que su inconsciente manifiesta; en inglés esto se ha llamado el "free won't", un libre no-hacer. Otros especulan filosóficamente al respecto, y sugieren que esto podría ser una señal de que vivimos en un universo determinista.

 

Foto: News Limited