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El hack de la genial Simone Weil para desarrollar disciplina y no procrastinar

AlterCultura

Por: pijamasurf - 08/10/2018

Cultiva este hábito para no se víctima de la desidia y el desorden

Simone Weil nació en 1909 en el seno de una familia francesa judía pero no practicante, en la que su hermano mayor era un genio. André Weil hoy es considerado uno de los grandes matemáticos del siglo XX, pero además de su talento matemático tenía un don para las lenguas que le permitió aprender griego, latín y enseñarse sánscrito antes de los 20 años. Simone era más chica y se veía comparada desfavorablemente con su hermano, quien además era hombre y era considerado intelectualmente superior. Sin embargo, tempranamente desarrolló la facultad de la atención a través de la férrea disciplina que se autoimpuso. Cuando tenía entre 11 y 12 años, Simone ya hablaba en griego con su hermano. Luego se matriculó en la Escuela Normal Superior de París, la universidad más prestigiosa de Francia, donde fue una de las únicas mujeres. Compartió clases con Simone de Beauvoir, a la cual superó en notas. Weil obtuvo una maestría en filosofía y empezó a dar clases cuando tenías apenas 22 años. Desde el bachillerato, encontró en Platón a su gran maestro y vivió conforme a las enseñanzas del eros que Diotima le enseñó a Sócrates en El banquete

Simone Weil murió a los 34 años, no sin antes vivir una vida intensa llena de acontecimientos. Weil trabajó un año en una fábrica de autos, simplemente porque sentía empatía por el sufrimiento de las personas y quería ver cuáles eran las condiciones en las que trabajaban. Pese a que enfermó y tuvo que cambiar de fábrica, paso 1 año haciendo esta labor (a partir de aquí se distanció completamente de Marx, a quien había leído con cierto entusiasmo). Viajó a España durante la guerra civil y apoyó a los anarquistas. Visitó Alemania en 1932, presenció el triunfo de Hitler y tempranamente predijo que su régimen derivaría en una guerra. Ayudó a los comunistas a salir de Alemania y recibió a Trotsky (con quien tuvo una disputa filosófica) en París. En 1937, Weil tuvo la primera de una serie de experiencias místicas más o menos espontáneas que la acercarían a una forma no ortodoxa del cristianismo (no obstante, nunca quiso ser bautizada y criticó a la Iglesia). Desde niña, cuando tenía 5 años de edad y había comenzado la guerra, Weil se negó a comer azúcar porque los afectados por el conflicto no tenían acceso a ella. Así moriría en Londres, de tuberculosis, negándose a comer más de lo que las personas podían comer en la Francia ocupada por Alemania. Su condición se deterioró y falleció en agosto de 1943, hace justamente 75 años. Existe mucha controversia sobre su muerte: algunas personas hablan de bulimia, otros de una empatía extrema o de los efectos de la lectura de Schopenhauer (sus capítulos sobre ascetismo cristiano). Uno de sus biógrafos concluyó que murió de amor. 

Weil publicó poco en vida, pero la publicación de sus cuadernos y otros textos -que van desde la lucha social y el activismo hasta la filosofía y el más puro misticismo- la estableció posteriormente como una de las grandes escritoras del siglo XX, que influyó en numerosas figuras intelectuales y religiosas, incluidos dos papas y escritores como Camus, Roberto Calasso, René Girard, Bataille y muchos otros. En los pensamientos aforísticos de sus cahiers, Weil revela un sencillo ejercicio que ha sido practicado por muchos individuos que quieren disciplinarse. Para evitar la procrastinación, "la tentación de la cobardía", recomienda: 

Ilusión de que el tiempo, en sí mismo, traerá valentía y energía... de hecho, es usualmente lo contrario lo que ocurre (sopor). Dite a ti misma: ¿Y si fuera a permanecer como estoy en este momento siempre? Nunca pospongas algo indefinidamente, sólo a un tiempo definitivo fijo. Intenta hacer esto incluso cuando es imposible (dolores de cabeza...).

Ejercicios: decide hacer algo, no importa qué, y hazlo siempre a la misma hora.  

Vives en un sueño. Estás aguardando empezar a vivir.

Esto, que parece lo más sencillo e intrascendente, puede cambiar la vida de una persona. Pon tu alarma y todos los días, no importa donde estés, haz una actividad que hayas decidido previamente y no falles, no importa si te sientes mal. Esta es la forma más sencilla y poderosa de cultivar un buen hábito.

 

Lee también: 5 estrategias de Simone Weil para dejar de procrastinar

 

Imagen: La espada, Alfred Pierre Agache

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Un árbol surgió. ¡Oh trascendencia pura!

-Rilke, Sonetos a Orfeo

 

El ser humano ha utilizado sustancias para alterar su conciencia desde tiempos inmemoriales y seguramente lo seguirá haciendo. Esto sugiere que hay una búsqueda perenne en su consumo, que, si bien es vivido de manera diferente según el  contextos cultural, parece tener un carácter universal y podría revelar algo intrínseco a la naturaleza humana y a la naturaleza del mundo.

Hace unos años publicamos aquí una nota sobre el trabajo de Johan Harari quien ha teorizado que detrás de las adicciones a las drogas se encuentra como causa verdadera una necesidad de conexión. Harari basa su argumento en casos clínicos, incluyendo ratas que sólo se vuelven adictas a las drogas cuando están marginadas de una población, no reciben la suficiente atención y no viven en un entorno "positivo". Lo que demuestra Harari, en todo caso, es que la causa de la adicción no es la droga en sí, sino los factores psicológicos del individuo.

Lo que queremos argumentar aquí es que este sentido de conexión es otra forma de hablar de lo que la escritora francesa Simone Weil llama "la belleza del mundo". Y que no sólo las personas que se vuelven adictas sino todas las personas que toman sustancias recreativas, como pueden ser los psicodélicos, lo que están buscando es una experiencia de la belleza del mundo. Dicha conexión es inherente a la experiencia de belleza, pues al percibir la belleza uno participa en el orden y la claridad del mundo que se revela y al hacerlo intima algo inefable y trascendente. Dice Weil:

Las diferentes clases de vicios, el uso de estupefacientes en el sentido literal y metafórico de la palabra, todo esto constituye la búsqueda de un estado en que la belleza se haga patente. [...]Todos los gustos de los hombres... están en en relación con un conjunto de circunstancias, con un medio en el que les parece tener un acceso a la belleza del mundo. (A la espera de Dios)

Ahora bien, uno podría decir que esto es una exageración en tanto a que la mayoría de las personas no son estetas o devotos, no parecen tener un sentido de la belleza y se acercan a las drogas por pasiones menos refinadas. Sin embargo, hay que entender qué es la belleza para Weil y en general para la tradición platónica y en general para la religión. 

En términos generales, Platón enseña que la belleza que encontramos en nuestras vidas es una imagen de la belleza eterna de las formas divinas. Por esta razón el cosmos -que es resultado de la impresión de la imagen divina- tiene como esencia la belleza (de hecho "cosmos" significa tanto orden como belleza). La belleza tiene como característica el orden, la integridad, la claridad y la proporción y por lo tanto acercarnos a la belleza es entrar en armonía, entrar en consonancia cósmica. Desde Platón la belleza siempre estará asociada en la imaginación occidental con la verdad y el bien, "los tres trascendentales" -el mismo Platón señala que la "belleza es el esplendor de la verdad". Otra asociación no menos importante es la de la belleza y el amor. En El Banquete Diotima le expone a Sócrates la teoría de la "escalera del amor". En síntesis: la belleza excita el eros por lo divino. La contemplación de formas bellas mortales e individuales suele llevar -al menos en el alma filosófica- a buscar contemplar formas eternas universales.Y es que lo que nos parece bello en el cuerpo de una mujer, en una montaña o en un poema, por ejemplo, es ya una intimación de lo trascendente; en lo contingente la belleza es el translúcido atisbo de lo absoluto. Lo que Platón y Simone Weil sugieren es que cuando nos enamoramos de una persona la energía más profunda que subyace nuestro deseo es un amor hacia lo divino, una sed de encontrar una fuente infinita.

Weil entiende que en nuestra época en la que se ha perdido la fe, la belleza es realmente el único medio que nos queda para acceder fácilmente a lo divino. Esto es algo que experimentos en la actualidad: en una época secular el arte carga casi todo el peso como medio legítimo para espiritualizar la vida. O las drogas psicodélicas. Queda el consuelo, al menos, de que la belleza es un bastión inexpugnable, pues su búsqueda no se trata de algo cultural, sino que es parte de nuestra esencia. Dice Weil que el sentimiento de belleza "aunque mutilado, deformado, mancillado, permanece irreductible en el corazón del hombre como un móvil poderoso. Está presente en todos los afanes de la vida profana." Está presente en todos los afanes pues es algo así como una vulnerabilidad al mundo, una intimidad y una fraternidad con la naturaleza, una capacidad de ser afectados y un deseo hacia el bien. En cada intento de hacer el bien, de conectar con una persona, de buscar conocimiento, de estar presentes y percibir la realidad, hay un móvil de belleza. La belleza "es como un espejo que nos devuelve nuestro propio deseo de bien", dice Weil.

Podríamos seguir poetizando y filosofando sobre la belleza -y ciertamente nos hará bien- pero que baste decir que para Weil "la belleza es al eternidad del mundo", es "esencialmente deseo de Encarnación", es "la única finalidad del mundo"  (una finalidad que no contiene ningún fin, como observó Kant) y que a través de ella descubrimos el secreto de "que lo sobrenatural está presente en todas partes". A algunos les podría parecer contradictorio que lo "sobrenatural" (la belleza) esté presente en todas partes si hemos dicho antes que la belleza se encuentra en las actividades más comunes y terrenales. Pero esto se explica por el hecho de que "la belleza no es atributo de la materia en sí misma. Es una relación del mundo con nuestra sensibilidad". Es decir, la belleza existe porque somos conscientes, es una liga entre el mundo y nuestra alma, una liga que es también una ventana hacia lo que trasciende el mundo. Natural es todo aquello nacido; los griegos utilizaban el término physis, lo físico es la naturaleza. Evidentemente la visión de Weil y de Platón no es una visión materialista. Sería muy largo hacer aquí el argumento sobre por qué es lógico sostener que la conciencia trasciende la materia y por lo tanto la percepción de la belleza es ya un acto de conciencia trascendental (sobre esto recomiendo mucho el trabajo David Bentley Hart). Sólo diré que la forma en la que razonaron Aristóteles y otros teólogos y filósofos antiguos es que es ilógico pensar que la materia es causa de sí misma, ya que esto postula una infinita cadena de causas -el famoso ejemplo es el de un orbe que es sostenido por tortugas en el vacío: abajo siempre tiene que haber otra tortuga ad infinitum-. Así bien, es lógico postular una causa que no ha sido causada y por lo tanto que no está sujeta a las leyes que observamos en la materia, como por ejemplo la potencia (la posibilidad de cambio). Esta causa sin causa -el "motor inmóvil"- generalmente ha sido llamada Dios, y es aquello que dota al mundo de existencia, es el Ser que sustenta el ser de los seres (ya que el ser no puede surgir del no-ser). Implica, además, una conciencia o mente trascendente, la cual brinda al mundo el principio de intelección (pues la actividad propia de Dios, dice Aristóteles, es la contemplación de sí mismo). Es por esto que lo sobrenatural puede considerarse ubicuo, pues el sólo hecho de ser conscientes implica una cualidad que es trascendente a la materia y una participación en la realidad divina. 

Retomando la idea inicial, hay que mencionar que si bien el deseo que mueve a una persona a tomar una droga es un deseo de belleza, éste no será satisfecho en las drogas, si bien evidentemente puede tener una experiencia muy valiosa que transforme su vida y le permita encaminar su vida hacia un estado en el sea sensible a la belleza de manera más constante. "El error consiste precisamente en la búsqueda de un estado especial. La falsa mística es también una manifestación del mismo error", escribe Weil. El deseo de belleza  no puede saciarse con un evento especial, con una situación producida artificialmente, pues justamente la belleza es parte misma de la existencia y reclama estar siempre presente. En realidad ni siquiera puede saciarse con el amor que se siente hacia una persona -y en este sentido el amor carnal y el amor romántico son similares a una droga-. Lo dijo bien Borges "Enamorarse es crear una religión que tiene un dios falible." La belleza lo que pide es enamorarse de un amado infalible y es en este sentido que necesita de la religión y no sólo del arte para consumarse. De hecho este es el logro auténtico de la religión, conseguir que una persona se enamore de un amante infalible (la esencia de la religión es el amor, todo lo demás es prescindible). Es por ello que tenemos figuras como Krishna o Cristo, pues la religiosidad se consuma en el amor y la mayoría de nosotros para amar necesitamos de otra persona con la que podamos relacionarnos. Este es el misterio de la Trinidad, según ha sido explicado por la teología cristiana y por la misma Weil: las personas de la divinidad son lo que permite que se establezca esta relación de amor dentro de la divinidad que entrega su ser al mundo. 

Lo que buscamos, cuando buscamos y nos aferramos a algo (a lo que sea), es la belleza sobrenatural que existe en todas las cosas. Podemos sin embargo, confundirnos y aferrarnos a la belleza mortal -aquella mutilada, deforme, impura, etc.- que es una sombra de la belleza divina. De cualquier manera lo que deseamos es la belleza que trasciende el mundo. Es por ello que Jung entendió que la auténtica cura a las adicciones era la espiritualidad. En una carta que acabaría siendo el origen del método de Alcohólicos Anónimos, Jung le escribió al cofundador Bill Wilson: "Como puedes notar, en latín alcohol es 'spiritus', y usamos la misma palabra para la más alta experiencia religiosa como también para el veneno más depravado. Una buena fórmula entonces sería: spiritus contra spiritum." El espíritu, nos dice la teología, es la unión -esa "conexión" que buscan en el fondo los adictos- entre el Padre y el Hijo (el Logos), el "vínculo de gloria" o amor y en el hinduismo es la unión eterna entre el Ser (Sat) y la Conciencia (Chit) que nos da el Gozo (Ananda), que el profesor Radhakrishnan llama también "espíritu". "Alabado sea el espíritu que puede conectarnos", dice Rilke en su Sonetos a Orfeo.

Twitter del autor: @alepholo 

 

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