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¿La inteligencia artificial será capaz de crear obras de arte?

Arte

Por: pijamasurf - 08/13/2018

¿Qué tan cerca está la inteligencia artificial de crear obras pictóricas, musicales o literarias que nos asombren como cualquier otra obra de arte que ya admiramos?

La evolución del ser humano es indisociable de la tecnología. Los instrumentos que hemos usado desde nuestro pasado más remoto hasta aquellos que nos acompañan actualmente son, al mismo tiempo, extensión de nosotros mismos y expresión de nuestra manera de transformar el mundo a nuestro favor. 

La rueda, las máquinas simples, los motores, las tecnologías modernas de comunicación, etc. En cierto modo, las etapas más importantes de nuestra historia como especie están marcadas por un “adelanto” tecnológico que nos hizo dar saltos cualitativos y en muchos casos exponenciales con respecto a otros seres vivientes y, también, en relación con nosotros mismos.

En ese sentido, la tecnología ha sido considerada casi siempre desde su cariz pragmático. Frente a un artilugio tecnológico, lo primero que podemos pensar es en para qué sirve y de qué forma nos ayudará a hacer más sencillas o efectivas nuestras tareas cotidianas.

Pero la tecnología tiene también una relación con el arte, por más que a primera vista ello no parezca evidente. De hecho, si nos remontamos a la distinción aristotélica entre techné, praxis y poesis, es posible advertir cierta escala ascendente que comienza en la mera fabricación material (la techné), pasa después a la acción en sí (la praxis) y culmina finalmente en la creación (la poesis), sin duda sublime pero irrealizable sin los principios bien asentados de la técnica. Si estudiamos la labor de los artistas que más admiramos (de Miguel Ángel a Picasso, por ejemplo), descubriremos en casi todos los casos una práctica continua de las técnicas más elementales de la disciplina artística en cuestión, que desembocó finalmente en las obras admiradas y celebradas por todo el mundo. Miles de horas de dibujar y bocetar, de practicar un instrumento, de ensayar una coreografía, de escribir y equivocarse, son imprescindibles para realizar después obras maestras como los frescos de la Capilla Sixtina, la Novena Sinfonía u Hojas de hierba.

Quizá por este principio de constancia que por momentos puede confundirse con la repetición, en años recientes se han puesto en marcha proyectos tecnológicos que intentan hacer aprender arte a programas de inteligencia artificial para que éstos a su vez creen obras “propias”. Quienes han elaborado estos proyectos siguen, conscientemente o no, otro camino también muy común en la trayectoria del artista: comenzar imitando los trabajos ya reconocidos y celebrados.

Las pinturas anteriores, por ejemplo, no son obra de un artista influenciado por los desnudos ominosos de Lucien Freud o Francis Bacon, sino el resultado de un programa de tipo “red neuronal” (neural network, esto es, estructurado para funcionar como el cerebro humano) que fue expuesto a miles de desnudos pictóricos ya existentes con el fin de que generara sus propias imágenes. El autor del código fue un estudiante de preparatoria en West Virginia, Estados Unidos, llamado Robbie Barrat.

Un principio semejante ha sido aplicado en música y en el uso creativo del lenguaje. El siguiente track, por ejemplo, es obra de un proyecto de inteligencia artificial de producción musical encabezado por François Pachet y el letrista Benoît Carré.

Pachet trabajó algunos años para Sony y actualmente se encuentra en Spotify; en ambos lugares ha sido el encargado de desarrollar programas que “estimulen” la creatividad de compositores y músicos en general, pero a la luz de ciertos resultados, se ha especulado también sobre si eventualmente Spotify generará y distribuirá música por medio de inteligencia artificial, lo cual significaría un gran ahorro en pago de regalías, entre otros costos que se asumen frente a los artistas humanos.

En cuanto a la literatura, la poesía y otras formas artísticas del lenguaje escrito, la inteligencia artificial ha estado involucrada en la producción de novelas, poemas e incluso guiones cinematográficos. Este bot, por ejemplo, propone un juego siguiendo el principio de la máquina de Turing: reta al usuario a descubrir si un poema fue escrito por un ser humano o por un programa informático.

Pero a este respecto, quizá el caso más conocido sea el de la novela que escribió un programa codificado por un equipo de la Universidad del Futuro, situada en Hakodate, Japón, encabezado por el profesor Hitoshi Matsubara. El programa en cuestión era capaz de generar oraciones, descripciones e incluso escenas completas que involucraban personajes y atmósferas específicas, y si bien necesitó de la guía humana del equipo para elegir el material propiamente útil bajo criterios narrativos, el resultado final estuvo a punto de ganar el premio literario Hoshi Shinichi, que el año pasado admitió por primera vez textos generados por una inteligencia artificial: de acuerdo con el comité de organización del certamen, de mil 450 trabajos recibidos, 11 contaron con la asistencia parcial de un software de escritura automática.

Hasta ahora, no hay ninguna “obra” generada por alguna inteligencia artificial que haya sido realmente reconocida con esa denominación. El consenso general suele ver dichas producciones como piezas todavía incompletas, justamente artificiales y en las que siempre parece hacer falta algo: coherencia, sentido, significado o eso indefinible que Walter Benjamin llamó simplemente el “aura” de la obra de arte. 

“Incluso en la reproducción mejor acabada falta algo: el aquí y ahora de la obra de arte”, escribió Benjamin a inicios del siglo XX, intentando descifrar el valor del arte en una época que llamó de la “reproductibilidad técnica”. Asombrado por la tecnología que permitía llevar la Mona Lisa a carteles de todo tipo, a las hojas de un periódico o a la portada de un libro, el filósofo se preguntó si dicha reproducción desenfrenada afectaba tanto a la obra en sí como la manera en que nos acercamos a ella como espectadores, y con la noción de “aura”, que es “el aquí y ahora de la obra de arte”, llegó a una respuesta: la obra de arte es indisociable de las circunstancias de las cuales surge, lo cual puede sonar muy ambiguo o general de inicio pero si reflexionamos un poco hace de ésta una pieza invaluable, irrepetible, pues en dichas circunstancias se encuentran el artista y la sociedad, el individuo y la historia, el instante presente y el flujo imparable del tiempo. 

¿Qué se necesita para que nazca un Leonardo da Vinci? ¿Qué se necesita para formar a un Leonardo da Vinci? ¿Qué se necesita para que un hombre de cincuenta y tantos años pinte un día el retrato de la esposa de un comerciante florentino? A eso se refirió Benjamin al señalar el “aura” de la obra de arte, su “aquí y ahora”. Hay algo de la creatividad que parece indescirfrable porque está relacionado profundamente con la condición existencial del ser humano: su visión del mundo, sus limitaciones, sus posibilidades, su historia de vida, etcétera.

Bajo esta premisa, quizá la pregunta que sigue a dichas reflexiones es si en la inteligencia artificial y los algoritmos que la dominan hay lugar para esa combinación de circunstancias que hacen posible el arte tal y como lo inventó el ser humano. O si, quizá, es posible que sea necesaria otra manera de entender la labor artística.

 

También en Pijama Surf: Inteligencia artificial extrajo estas imágenes del cerebro de una persona

 

Imagen de portada: Una imagen generada por el programa Google Deep Dream teniendo como inspiración La noche estrellada (1889) de Van Gogh

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Las 10 mejores películas de Joaquin Phoenix, uno de los actores más notables de esta época

Arte

Por: pijamasurf - 08/13/2018

Joaquin Phoenix ha consolidado su talento actoral para dar vida a personajes usualmente complejos y contradictorios

Entre los pilares sobre los que descansa el cine, la actuación no es siempre uno en el que reparemos. Irónicamente, esto es buena señal, pues si al ver una película lo último en lo que pensamos es que se trata de una historia ficticia, casi siempre imaginaria, es posible que los actores que vemos en pantalla estén haciendo bien su trabajo.

Con todo, para apreciar una película también es necesario reconocer el talento de los actores. Por ese motivo, en esta ocasión quisimos compartir una breve muestra del trabajo de uno de los mejores de esta época, Joaquin Phoenix, reconocido quizá especialmente por su participación en Her (Spike Jonze, 2013) y más recientemente, por su papel protagónico en la cinta You Were Never Really Here (Lynne Ramsay, 2017; la misma directora de We need to talk about Kevin, 2011).

Como se deja ver en el recuento que hacemos, Phoenix ha adquirido con los años y la práctica un dominio notable de la técnica actoral, particularmente en personajes siempre en riesgo de abismarse ellos mismos en su propia profundidad psicológica. Phoenix ha aprendido a nadar en las aguas turbulentas del conflicto humano, de la contradicción y aun de la perversión y la maldad.

Sin más preámbulo, pasamos al listado, esperando en el futuro realizar otros similares que celebren el talento de otros actores y actrices igualmente destacados.

 

10. We Own the Night, James Gray (2007)

En esta cinta, Phoenix encarna al dueño de un centro nocturno en Nueva York que entra en tratos con la mafia rusa, sin saber que eventualmente esa decisión provocará un enfrentamiento con su hermano (Mark Wahlberg), policía de la ciudad, pero también llevará a la luz de su cotidianidad conflictos con su padre que hasta entonces había preferido ignorar. 

Se trata, como vemos, de un personaje complejo, que través del thriller policíaco hace una metáfora de algunas de las elecciones más propias del ser humano: el bien o el mal, la negligencia de la infancia o la responsabilidad de la madurez, la seducción del placer o la sobriedad del entendimiento.

 

9. I’m Still Here, Casey Affleck (2010)

Sirviéndose de las licencias que permite el falso documental (mockumentary), Casey Affleck y el propio Joaquin Phoenix escribieron esta cinta que parte de la decisión del actor de abandonar la industria fílmica para incursionar en la música, particularmente como cantante de hip-hop y rap.

La película dividió a la crítica e incluso le provocó ciertos problemas a Phoenix por algunas de las escenas, pues en en la cinta se le ve maltratando a personas que trabajan con él, aspirando cocaína y más.

Pero fuera de la polémica, el trabajo supuso para el actor el reto de interpretarse a sí mismo, lo cual, por sencillo que pueda parecer, implica un gran conocimiento y talento para poder ver al yo como el personaje que en esencia es.

 

8. Gladiator, Ridley Scott (2000)

Un blockbuster particularmente exitoso de Ridley Scott nos muestra a Phoenix en el papel de Cómodo, hijo del “filósofo emperador” Marco Aurelio que, una vez muerto su padre, gobernó Roma con locura y desenfreno. 

En la cinta, Phoenix da al último de los Antoninos una personalidad en donde se mezclan la maldad y la seducción, y ofrece uno de los mejores retratos de la perversión a la que conduce el exceso de poder.

 

7. Two Lovers, James Gray (2008)

Esta película sumamente apreciada por la crítica contemporánea es una adaptación libre de Noches blancas, la novela de Fiódor Dostoyevski. Phoenix tiene el papel protagónico: un hombre de mediana edad que aunque parece tener oportunidad de emprender una relación amorosa no con una sino con dos mujeres, no es capaz de actuar en consecuencia, pues vive aquejado por la melancolía y la depresión.

Esta cinta es la tercera de cuatro en las que, hasta el momento, Phoenix ha hecho mancuerna con el director y guionista James Gray, cuyas películas suelen explorar la complejidad de las emociones humanas.

 

6. Walk the Line, James Mangold (2005)

Joaquin Phoenix interpreta aquí nada menos que a Johnny Cash, el icono del country estadounidense que, como otros músicos populares del siglo XX, tuvo una vida polémica y turbulenta. En términos actorales, la cinta demostró la capacidad de imitación de Phoenix, quien incluso en el aspecto físico logró un buen retrato de Cash para la pantalla.

 

5. You Were Never Really Here, Lynne Ramsay (2017)

El trabajo en esta cinta le valió a Phoenix el premio a Mejor Actor del Festival de Cannes del 2017 por un papel que, efectivamente, requirió lo mejor de su talento y sus capacidades. Phoenix interpreta aquí a un soldado en retiro que decide relacionarse con un grupo criminal y trabajar para ellos como sicario. 

El actor mostró los extremos morales a los que puede llegar una persona que, lastimada en el interior e incapaz de asumir sus propias contradicciones, reconduce todos esos conflictos al mundo exterior.

 

4. The Immigrant, James Gray (2013)

La ocasión más reciente en que Phoenix fue dirigido por Gray fue en esta cinta en donde el actor da vida a Bruno Weiss, un "chulo" judío que, entre otras mujeres, explota a  Ewa Cybulska (Marion Cotillard), una inmigrante polonesa en el Nueva York de los años 20 del siglo pasado.

Cabe mencionar que en este caso Gray escribió el papel de Weiss expresamente para Joaquin Phoenix, lo cual tuvo un efecto peculiar en el desarrollo del personaje, siempre complejo, con esos claroscuros que caracterizan a la condición humana.

 

3. Inherent Vice, Paul Thomas Anderson (2014)

Otra mancuerna particularmente fértil para Phoenix ha sido la establecida con el director Paul Thomas Anderson, probablemente uno realizadores estadounidenses más ambiciosos de esta época. 

Inherent Vice es la adaptación de la novela homónima de otro grande, Thomas Pynchon, en la cual Phoenix tiene el papel protagónico de Larry "Doc" Sportello, detective privado y hippie residente en Los Ángeles, California. Luego de aceptar una misión aparentemente sencilla Sportello se ve envuelto en una serie de acontecimientos que oscilan entre lo siniestro y lo ridículo, y en los cuales su talante naturalmente letárgico es puesto a prueba.

La crítica especializada recibió con entusiasmo la cinta y las actuaciones fueron particularmente elogiadas, incluida la de Phoenix.

Como dato anecdótico cabe señalar que el personaje de Sportello pudo haber sido interpretado por Robert Downey Jr., pero las negociaciones con él no llegaron a buen término.

 

2. Her, Spike Jonze (2013)

Theodore Twombly es probablemente uno de los papeles más reconocibles en la trayectoria de Phoenix, en la medida en que Her se convirtió en años recientes en una película de culto, que circula silenciosamente entre personas que la recomiendan vivamente a otras. 

En esta cinta de Spike Jonze, Phoenix interpreta a un hombre tímido, sentimental, triste en ocasiones, que en un futuro paralelo se "enamora" del sistema operativo que lo asiste en la mayoría de sus tareas cotidianas, según es habitual en esa realidad.

En cierta forma, el personaje se encuentra en las antípodas de todos los que Phoenix había encarnado hasta entonces (caracterizados, más bien, por el furor y la densidad emocional), pero quizá por eso haya resultado tan provechoso hacerlo navegar en las aguas quietas de la melancolía.

 

1. The Master, Paul Thomas Anderson (2012)

Esta fue la primera cinta en que Phoenix trabajó con Thomas Anderson, y no sólo eso: también compartió cuadro con otro gran colega suyo, Philip Seymour Hoffman. De hecho, en la cinta puede apreciarse cierta rivalidad entre ambos, fomentada por la propia historia en la que Hoffman interpreta a Lancaster Dodd, cabeza de un culto incipiente que comienza a ganar seguidores, y Phoenix a Freddie Quell, veterano de la segunda guerra mundial que no sabe bien a bien qué hacer de su vida. De inicio florece la amistad entre ambos, pero pronto la relación se complica.

De acuerdo con la crítica, este papel marcó para Phoenix un antes y un después en su carrera, pues de algún modo le hizo encontrarse con la madurez de su talento, pues además de la profundidad psicológica del personaje, Phoenix puso especial énfasis en el correlato corporal de dichas tensiones, creando un retrato todavía más verosímil.

 

¿Qué te parece? ¿Qué piensas tú del trabajo de Joaquin Phoenix? No dejes de compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota o a través de nuestros perfiles en redes sociales.

 

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