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La modelo Emily Ratajkowski afirma que se puede ser feminista y mostrar el cuerpo sexualmente en los medios

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/28/2018

Polémicamente, Ratajkowski sostiene que mostrar su cuerpo en fotos sexys no contradice una postura genuinamente feminista

En un sonado caso, cuando la Fórmula 1 anunció que dejaría de emplear azafatas o modelos de pista, algunas de las mujeres que tenían este trabajo criticaron seriamente al movimiento feminista por ejercer presión para que ya no fuera empleadas, pues este movimiento había difundido la idea de que dicho empleo objetificaba el cuerpo de la mujer y daba un mal ejemplo. Las azafatas argumentaron que ellas eran libres y autónomas, no habían sido obligadas ni eran acosadas y encontraban empoderamiento en su trabajo. La actitud de las feministas académicas era que de alguna manera estas chicas no sabían bien lo que hacían, eran algo así como víctimas inconscientes del patriarcado -acaso no versadas en lo último en estudios de género-, incapaces de entender la instrumentación del poder -aunque ellas claramente decían que les encantaba su trabajo y que no había nada malo en ello-.

Evidentemente, se trata de un tema polémico, y en gran medida es lo mismo que ha vuelto a levantar Emily Ratajkowski, una popular modelo de trajes de baño y celebridad de Instagram, quien en un reciente photoshoot sexy criticó a quienes opinan que no se puede ser feminista -o defender la igualdad y el empoderamiento- si se muestra el cuerpo de manera sexual en los medios masivos, pues esto es algo así como caer en el juego del poder patriarcal. 

En una entrevista para la revista Paper, Emily, quien recientemente contrajo matrimonio, dijo que ella se considera feminista y que no cree que haya ninguna contradicción, por ejemplo, en el hecho de que su Instagram esté atestado de fotos en las que aparece semidesnuda. "Creo que la idea de que me debería avergonzar por mostrar el cuerpo que me ha sido dado porque de alguna manera entra en el juego de una idea patriarcal es ridícula. Me parece empoderador celebrar y compartir mi sexualidad. Creo que mi cuerpo es hermoso y que los diferentes cuerpos son hermosos". En un caso anterior al movimiento #MeToo, Emily escribió un ensayo en la revista Lenny, donde decía:

Lo que esto implica es que ser sexual es equivalente a ser vil [trashy] porque ser sexy es darle juego a los deseos de los hombres. Para mí, "sexy" es una forma de belleza, una forma de autoexpresión, una que debe celebrarse, una que es maravillosamente femenina. ¿Por qué la implicación debe ser que el sexo es algo que los hombres obtienen de las mujeres y las mujeres ceden a los hombres? La mayoría de las mujeres adolescentes conocen por primera vez lo que son las mujeres "sexy" a través de imágenes editadas con Photoshop de celebridades o del porno. ¿Es ese el único ejemplo que nuestra cultura proveerá para las jóvenes mujeres? ¿Dónde pueden las niñas ver mujeres que encuentran poder en decidir cuándo y cómo ser o sentirse sexualmente? Incluso si es que ser sexualizadas por la mirada de la sociedad es denigrante, de todas maneras debe haber un espacio donde las mujeres puedan ejercer su sexualidad cuando así lo consideren.

Emily ha sido una mujer apasionada por ciertos movimientos sociales. Ratajkowski argumenta que lo más importante es estar en control de tu propia narrativa y eso es lo que ella hace, pues además tiene una agencia y una marca de ropa. Quizás algunas feministas podrían argumentar que está en una posición de privilegio -esa bolsa de privilegio de las mujeres blancas ricas o de las mujeres de gran belleza- y su conducta afecta la autoimagen de muchas mujeres que no están en esa posición. También es cierto que algunas feministas definen las características de lo que consideran que es una "feminista" de manera bastante rigurosa y probablemente Emily no entraría en esta clasificación, si bien no hay uniformidad en este sentido, pues por una parte se aspira a cierta universalidad y por la otra, hay una clara segmentación. Sin embargo, algo más primario y seguramente duradero e imposible de abolir es lo que Emily señala, pues la expresión de la sexualidad es parte fundamental tanto de la naturaleza biológica humana como de la socialización y la búsqueda de obtener protección y seguridad. 

Un estudio reciente mostró que las mujeres muestran sexualmente sus cuerpos en las redes sociales especialmente en lugares donde hay mayor desigualdad económica -y no donde hay opresión de género-. El estudio sugiere que la expresión sexual está vinculada a una necesidad de obtener cierto estatus socioeconómico. Aunque esta puede parecer una conducta limitada a una cierta cultura, es probable que sea parte de un comportamiento biológico común a muchos animales: simplemente, mostrar la belleza para atraer a una pareja de alto estatus, reproducirse y obtener protección. Desde la cola del macho pavo real hasta los cuerpos en bikini de Instagram, un mismo instinto aparece y difícilmente dejará de aparecer, pese a que entre en conflicto con ciertas ideas políticas.

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Después de leer este libro nunca verás la pornografía con los mismos ojos

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/28/2018

El porno podría no ser una mera cuestión de libertad de expresión, sino una cuestión de salud e incluso algo criminal, según muestra el libro "Pornography: Men Possessing Women"

El porno es un tema controversial. Hay muchas personas que creen que es simplemente una cuestión de libertad de expresión y que incluso puede cumplir una función social al permitir que las personas se desfoguen, que satisfagan, aunque sea vicariamente, sus deseos sexuales. Por otro lado, es evidente que muchos individuos se vuelven adictos al porno y la pornografía llega a trastornar su manera de relacionarse con las otras personas; esto ocurre especialmente con los hombres que ven mucho porno y que introyectan la imagen del sexo que produce el porno.

En su libro Pornography: Men Possessing Women, Andrea Dworkin deconstruye la imagen pornográfica y sugiere que en realidad el porno es una cuestión política, y como señala el escritor Will Self, incluso criminal, pues directa o indirectamente produce agresiones. Más allá de que la lectura de Dworkin es radicalmente feminista -y uno puede estar o no de acuerdo con su visión de que todo es un reflejo del heteropatriarcado-, lo que sí parece evidente es que en el lugar donde más claramente están presentes los vicios que se adscriben a esta dinámica del poder masculino y la explotación u objetificación del cuerpo femenino es en el porno común y corriente.

Dworkin sugiere que el porno retrata al hombre de siete formas principales: en la "afirmación metafísica de su yo", en su "poder físico", en su "capacidad de aterrorizar", en su poder de nombrar, en su poder de poseer, en el poder del dinero y en el poder del sexo. Todo estos comportamientos de poder, algunos más naturales que otros, son idolatrados por la cultura. Asimismo, como documenta Dworkin, muchas mujeres trabajan en la industria del porno no voluntariamente, sino que son son obligadas o convencidas por personas que se aprovechan de su vulnerabilidad.

Aunque el tema es complejo y Dwokin sataniza demasiado en ocasiones, no hay duda de que la cultura y la sociedad en general no se benefician mucho de promover estos valores. Incluso porque -y justamente en contra de lo que postula el análisis posmoderno al respecto- el porno lo reduce casi todo al poder, al poder del falo, a la lucha de poderes, a la búsqueda de autoafirmación. Por más que se quiera decir que el porno puede evitar producir violadores, no hay paz en el porno; el porno ocurre esencialmente bajo una cierta lógica de violencia explícita y, sobre todo, implícita. Y por supuesto, tampoco hay lugar para el amor. Como dijo Jung, donde impera la voluntad de poder no hay cabida para el amor. 

Por supuesto no todo el porno es así. Es posible que haya personas que gozan libre y sinceramente de participar en la pornografía y de verla de vez en cuando. Es difícil pensar que se deba regular la fantasía, pero si vemos actualmente en línea una especie de regulación en contra del hate speech y las fake news, es concebible situar al menos cierto tipo de videos pornográficos como hate speech, como contenido que promueve la violencia, lo cual genera importantes preguntas, como por ejemplo, si estos contenidos deberían aparecer en Google o no. Aunque esto nos recuerda que en sus inicios la empresa de Mountain View generaba buena parte de sus ingresos a partir de la pornografía, lo cual, de nuevo, muestra la dinámica de poder que está de por medio en el porno.