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¿Las mujeres no tienen creatividad científica? El ‘efecto Matilda’ lo explica

Ciencia

Por: pijamasurf - 08/31/2018

Cuando se revisa la historia del desarrollo de la ciencia pareciera que sólo los hombres han participado en ella, ¿pero en verdad es así?

Más allá de las posiciones enconadas en las que actualmente viven ciertas personas al enfrentar a mujeres contra hombres, con cierta serenidad y aun objetividad es posible advertir el lugar secundario que las mujeres suelen tener en diversos ámbitos del desarrollo cultural humano. 

Una revisión (así sea superficial) de la historia del arte, de la ciencia, de la política y de casi cualquier otro campo nos arrojará un desequilibrio evidente entre el número de hombres y el de mujeres que figuran en esas páginas. Parafraseando cierto poema célebre de Bertolt Brecht podríamos preguntarnos: ¿dónde están las mujeres compositoras e inventoras?, ¿dónde las mujeres filósofas? ¿las líderes sociales? ¿Por qué parece que, durante tantos siglos, únicamente los hombres se encargaron de poner en marcha la rueda de la historia? 

Al menos en el caso de la ciencia, es posible encontrar respuestas concretas, particularmente las que con un sólido trabajo de investigación ha ofrecido Margaret Rossiter, profesora en la Universidad Cornell que en la década de 1990 acuñó el término “efecto Matilda” para señalar la ausencia deliberada de reconocimiento hacia las mujeres en los descubrimientos e invenciones científicas.

Rossiter dio ese nombre al concepto a raíz de “La mujer como inventora”, un ensayo de Matilda Joslyn Gage publicado en 1893 en el que su autora, una conocida feminista y luchadora por el derecho de las mujeres a votar, intentó refutar el prejuicio largamente sostenido de que las mujeres no poseían ningún tipo de inventiva o genio mecánico, lo cual explicaba que no destacaran en las disciplinas científicas y tecnológicas. Ya en aquella época Gage señaló que, más bien, la educación que solían recibir las mujeres hasta entonces descuidaba o ignoraba todo tipo de materias relacionadas con la ciencia. “Y aun así”, escribo Gage, “algunas de las invenciones más importantes del mundo se deben a una mujer”.

Siguiendo esa perspectiva, Rossiter se dedicó a rastrear los casos en Estados Unidos en los que una invención o un descubrimiento científico habían sido fruto del trabajo parcial o total de una mujer y no sólo no se le había otorgado el reconocimiento correspondiente sino que, lo que a veces resultaba todavía más inexplicable, dicho reconocimiento había recaído en la figura de un hombre.

Por ejemplo, el caso de Alice Augusta Ball, química originaria de Seattle, Washington, que a inicios del siglo XX dedicó sus esfuerzos a encontrar una cura para la lepra, trabajo que lamentablemente se vio interrumpido a causa de su muerte abrupta en un accidente automovilístico. Arthur Dean, un colega suyo, retomó los avances hechos por Ball y todos los trabajos los firmó con su nombre, sin otorgarle nunca ningún tipo de crédito a Ball. A la postre, la cura contra dicha enfermedad sería conocida como el “método Dean” contra la lepra.

Otro ejemplo significativo es el de Lise Meitner, doctora en física de origen austríaco que participó junto con otros en los primeros experimentos en materia nuclear y, también como otros científicos, fue perseguida por el régimen nazi, a causa de su origen judío. El logro más destacado de Meitner fue haber dirigido al equipo que descubrió la fisión nuclear, con la cual hoy en día se produce cerca del 20% de la energía eléctrica que se consume mundialmente (entre otros usos). Curiosamente, quien recibió el Premio Nobel de Química por dicho descubrimiento fue su sobrino, Otto Frisch.

Otros ejemplos del “efecto Matilda” han sido compilados recientemente por Timeline, un proyecto editorial en línea que busca recuperar esos momentos en que la historia ha parecido quebrarse para empezar algo nuevo y desconocido. Por ejemplo, la posibilidad para las mujeres de ser reconocidas por su trabajo intelectual.

 

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Imagen de portada: Lise Meitner y Otto Hahn en su laboratorio, en 1913

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Ciencia

Por: pijamasurf - 08/31/2018

El Toxoplasma gondii hace que las personas pierdan el miedo y tomen riesgos

Puede que el título que leíste suene desaforado, pero hay indicios científicos que sugieren que un parásito que se encuentra en el excremento de los gatos altera la conducta de las personas que infecta y genera una actitud más proactiva y empresarial. ¿Quién lo diría? Si realmente estás dispuesto a hacer "todo" por triunfar, ¿quizá deberías comer popó de gato? (Aunque tiene otras consecuencias, además de posiblemente llevarte a la cima).

Los conocedores de gatos seguramente ya adivinaron que se trata del parásito Toxoplasma gondii. Un nuevo estudio muestra que los individuos infectados con este parásito tienden a ser más emprendedores y a fundar sus propias compañías. La investigación fue realizada por científicos de la Universidad de Colorado. Los investigadores examinaron a un grupo de jóvenes emprendedores, pues diversos estudios anteriores habían vinculado al Toxoplasma con la toma de riesgos, los accidentes de coches, el abuso de sustancias, la neurosis e incluso el suicidio. Al parecer, el parásito afecta a hormonas como la testosterona. En general parece que hace que las personas tengan menos miedo, algo que podría parecer bueno, pero puede llegar a ser fatal.

La forma en la que el parásito se esparce es manipulando químicamente a las ratas para que no le tengan miedo a los gatos y el parásito pueda llegar a su hábitat preferido. La toxoplasmosis afecta a las ratas macho de tal manera que perciben el olor de la orina de un gato de la misma forma que una rata en celo. Este increíble parásito es capaz de crear una especie de alucinación sensorial para reproducirse (sólo se puede reproducir en el intestino de un gato).

"No hay muchos organismos que puedan entrar a tu cerebro, quedarse ahí y específicamente perturbar tu comportamiento", escribió el doctor Robert Sapolsky, de la Universidad de Stanford. "En cierto sentido, el Toxoplasma sabe más de la neurobiología del miedo que nosotros".

En Estados Unidos, más de 30 millones de personas podrían estar infectadas de este parásito, la mayoría sin saberlo, ya que cuando se tiene un sistema inmune normal el Toxoplasma gondii no se manifiesta como una enfermedad.

Tal vez la teoría de conspiración geek que sugiere que los gatos son los amos del mundo no sea tan desaforada, si bien ellos mismos quizá sólo sean herramientas de este parásito del control mental.