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Maestros del ambient: Susumu Yokota y la posibilidad de una revolución íntima del sonido

Arte

Por: pijamasurf - 08/02/2018

Yokota emprendió una revolución intimista en el campo de la música electrónica

Cuando herramientas como los sintetizadores, las grabadoras y los programas informáticos de mezcla de sonidos irrumpieron en el mundo de la música, probablemente nadie imaginó el nuevo giro que esto traería a la labor de la composición.

La apropiación, la variación y aun la cita directa siempre han estado ahí: Schubert, Liszt, Beethoven, Mozart, Rachmaninov, entre muchos otros, incorporaron melodías folclóricas a sus propias composiciones, y en la música netamente popular este fenómeno también ocurre, con tonadas y versos que provienen de épocas remotas, mismos que los músicos repiten, a veces sin darse cuenta.

En el caso de la música electrónica, sin embargo, esa incorporación ocurrió de otro modo, gracias a la tecnología mencionada. Por primera vez en la historia de la música prácticamente cualquier sonido se volvió susceptible de pasar a tomar parte de una composición y si bien, por un lado, esto asustó a los puristas del género, ciertos espíritus creativos tomaron dicha circunstancia como una apertura hacia un terreno virgen, inexplorado, acaso infinito en sus posibilidades.

Uno de esos espíritus destacados fue el compositor de origen japonés Susumu Yokota, fallecido lamentablemente hace algunos años, en el 2015, pero sumamente prolífico en vida. Con cierta discreción pública, Yokota emprendió una suerte de revolución íntima en el campo de la música electrónica, con obras que destacan por su voluntad experimental, el riesgo de encontrar el equilibrio entre sonidos aparentemente disímiles.

Yokota comenzó su trayectoria como DJ en su natal Japón, aunque también se presentó en lugares y eventos en Europa (notoriamente, el Love Parade de Berlín, en 1993). Entre los reconocimientos que se hicieron a sus composiciones puede citarse la elección que hizo la revista The Wire de Sakura como el mejor álbum de música electrónica del año, esto en 1999.

Asimismo, cabe recalcar que en varios casos, sobre todo al inicio de su carrera, Yokota dio a conocer sus producciones bajo diversos pseudónimos: “Ebi”, “Prism”, “Anima Mundi”, “Stevia” y otros, un rasgo anecdótico que acaso nos dice algo sobre su personalidad.

En cuanto a su música, como decíamos, se caracteriza sobre todo por la variedad de registros incorporados en la composición, organizados en torno a dos pilares que son esenciales en su obra: por un lado, cierta sensibilidad clásica para tratar el sonido, que de algún modo se expresó en la predilección por los “morceaux” o samples de composiciones para piano de música clásica que recorren su trabajo. Por otro lado, el sonido sintetizado ocupa también un lugar preponderante, que en su caso sigue una voluntad repetitiva similar, por ejemplo, a la de las composiciones de Steve Reich.

Sus álbumes más celebrados fueron el ya mencionado Sakura (1999) y Grinning Cat (2001), y en cierto modo son también los más accesibles. Antes de eso, su primera etapa puede considerarse experimental pero también tentativa, carente aún del refinamiento en el estilo que alcanzaría después. En otro sentido, álbumes como Symbol (2004) o Kaleidoscope (2010), también reconocidos por la crítica, profundizan en la exploración meditativa sobre el sonido en sí y sus posibilidades puramente estéticas que emprendió Yokota en la última etapa creativa de su vida, aquejado por la enfermedad que al final le traería la muerte.

 

Susumu Yokota fue, en suma, un compositor con el cual podemos aprender a apreciar las posibilidades no sólo de la música electrónica, sino del sonido en sí como evocador de realidades.

 

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Aunque Harold Budd no se considera parte del género llamado ambient, su música suele clasificarse así -y como una de las muestras de más alta factura de este género-.

El género ambient es uno de los más amplios y elusivos que existen. La palabra alude simplemente a aquello que crea un ambiente -así que, en estricto sentido, toda la música puede considerarse "ambient"-. Sin embargo, es evidente que hay cierta música que genera atmósferas -oníricas, ominosas-, que envuelve, que nos brinda una sensación del espacio, que invita al sueño, a la imaginación y a la reflexión estética. Brian Eno alguna vez definió al ambient diciendo que "es tan ignorable como interesante". El ambient puede ser como música de elevador -o de aeropuertos, por citar uno de los álbums clásicos del género-, que sólo está ahí como parte decorativa, amalgamada con el entorno, sin que sea notada, pero el buen ambient tiene una riqueza sólo comparable con la música clásica -mucho ambient, como el de Harold Budd, se cataloga como música neoclásica-. Puede ser ignorable como la música lounge, pero puede ser tan interesante como el cielo o la selva. Es música también para viajar, para el viaje interno, para contemplar, para ir a la deriva. La riqueza evocativa del ambient lo ha hecho uno de los géneros favoritos de los psiconautas, creando una especie de pista base para recorrer en ella los cielos e infiernos de la mente.

Harold Budd nació en Los Angeles en 1936, pero creció en el desierto mágico de Mojave. Budd estudió composición clásica y sus primeros trabajos fueron piezas minimalistas dentro de la corriente de la música avant-garde. En 1972 Budd resurgió con la primera pieza que se asocia con el ambient, "Madrigals of the Rose Angel", la cual acabaría siendo parte de The Pavillion of Dreams, un disco producido por Brian Eno que puede considerarse también como música sacra o religiosa, aunque el mismo Budd señaló que el disco no tiene ningún significado y se trata de pura belleza sin sentido, algo que es completamente discutible, ya que las piezas están llenas de cantos de nombres divinos, y la belleza le da sentido a la vida.

Budd definió esta nueva música como "hermosura existencial", no platónica, meramente superficial. Budd luego colaboraría con Eno en dos discos, The Plateaux of Mirror y The Pearl, en los que estableció su famoso estilo de piano atmosférico, usando la técnica que llamó "de pedal suave". The Plateaux of Mirror es uno de los grandes discos en la historia del ambient (que también podemos llamar música clásica, sin temas clásicos, una especie de impresionismo sonoro con efectos de estudio), aunque dicha clasificación quizás disguste a Budd. El disco, según relató Eno, consiste básicamente de la improvisación al piano de Budd, dentro de atmósferas sonoras creadas por Eno.​

En el 2004 Budd lanzó Avalon Sutra, un disco que anunció que sería su último. Un disco que habría sido un glorioso final a una carrera sin desperdicio, no demasiado prolífica, pero constantemente sublime. Por suerte, Budd, sólo estaba atravesando una crisis y regresó para dejarnos nuevas obras imperdibles.

Destacamos sobre todo su colaboración con el guitarrista de Cocteau Twins, Robin Guthrie, particularmente en el disco doble After the Night Falls /Before the Day Breaks (con Guthrie también produjo la música de la película Mysterious Skin, entre otros). Los suaves pianos de Budd con las guitarras distantes y oníricas de Guthrie son una combinación hecha en el cielo. Este álbum es una de las piezas más poéticas que se han producido en los últimos tiempos. Esta es música que es medicina para la melancolía, no porque la cura sino porque la dimensiona, la hace tal como es, una belleza profunda y a la vez ligera -como dijera Italo Calvino: "la melancolía es la tristeza que ha adquirido ligereza"-.

Estos dos discos parecen retratar las horas del día, los diferentes ritmos y tonalidades de la luz y el estado anímico de cada hora, una especie de cronobiología sonora, que además es una meditación sincronizada entre ambas piezas. La singladura con sus luces y demonios. Como el mismo Budd dijo de su música: es pura belleza -con sentido o sin sentido- y es devastadora.

Uno de sus más recientes discos, quizás el último, es Winter Garden, con Guthrie y Eraldo Bernocchi.

Buena parte del último material de Budd ha salido en la disquera de David Sylvian, Samadhi Sound, y esa es una buena forma de describir el proyecto sonoro-contemplativo de Budd que lleva casi ya 50 años: samadhi sónico. 

 

Este artículo es parte de la serie Maestros del Ambient que se incrusta en una particular sensibilidad exploratoria, basada en crear herramientas contemplativas para navegar la realidad de una manera más lenta, lúdica y suave.

 

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