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Comentario a un famoso fragmento de un sermón alemán de Meister Eckhart.

Meister Eckhart (1260-1328) es una de las figuras más interesantes del misticismo cristiano, si bien la misma Iglesia lo condenó por herejía poco después de muerto. Se ha dicho que es el más oriental de los místicos occidentales y se han escrito numerosos estudios comparándolo con el vedanta y el budismo, algunos de ellos hechos por brillantes académicos como Rudolf Otto o D.T. Suzuki. El tratamiento que hace Eckhart de ideas como el desapego, la nada fructífera y una especie de ciudadela o luz interior donde reside la divinidad intocada por la contingencia remiten conocidas a ideas orientales de manera asombrosa. El maestro dominico se caracterizó por escribir sermones sumamente inspirados en alemán medieval que para muchos conocedores son algunos de los grandes tesoros del misticismo de todas las eras. En el sermón 27 en la versión de Maurice O'C Walshe podemos leer el siguiente pasaje:

Ahora bien, él dice [San Pablo] "Tus pensamientos", y todos los poderes "serán conocidos por Dios, pensamientos de gratitud y oración." Si una persona no tuviera nada que ver con Dios más que dar las gracias, eso sería suficiente.

Esta idea de Eckhart de que realmente la única actividad indispensable y por sí misma suficiente para una vida espiritual es dar las gracias es una de las más populares entre sus lectores, acaso por su pura simpleza, despojada de todo excedente y aparatosidad religiosa. Sólo dar gracias. En el caso de Eckhart, seguramente al hecho luminoso de que el mundo está naciendo permanentemente -que la Palabra o Logos se está creando perpetuamente- para regocijo de los que perciben la creación. "El principio en que Dios creó 'el cielo y la tierra' es el primero y simple ahora de la eternidad", escribió el maestro y en otro de sus sermones.

El pasaje citado más arriba que Eckhart comenta de San Pablo es Filipenses 4:4, donde también se dice que que lo único que se debe hacer es "regocijarse en Dios y no tener otro cuidado." El deleitarse en la divinidad es una forma de oración y una forma de alabanza o agradecimiento. Pablo en su Carta a los Tesalonicenses (5:16) dice: "Regocíjense, oren sin cesar, en todo den las gracias." De aquí también seguramente Eckhart.

Ahora bien, he creído que esta idea de Pablo y de Eckhart aplica universalmente y describe la esencia de la espiritualidad, pues nos remite a una actividad para la cual no es necesario practicar cierto credo ni dominar una técnica, sino que admite una actitud natural de celebración y humildad ante la vida misma y ante el poder universal -el nombre que se le dé ciertamente no será lo más importante, lo que sí es indispensable es una sensación de asombro o maravillamiento ante un universo que ciertamente uno no ha creado y en el cual existe belleza y bondad-. Dar las gracias es siempre un reconocimiento de la vida como regalo, como un bien dado. Y del mundo como algo con significado y sentido. Pues de otra manera sería absurdo dar gracias. Todos sabemos que dar las gracias como obligación, mecánicamente y sin sentir gratitud es patético (en el sentido moderno de la palabra). Así la auténtica gratitud ya nos habla de un sentido de honestidad y de una actitud abierta a la belleza y a la bondad, y por lo tanto de una conexión con los tres trascendentales de la filosofía clásica.

La espiritualidad más inmediata y accesible a todos parece ser el dar gracias -por el amor que hemos encontrado, por la belleza del atardecer, por lo que hemos aprendido al enfermarnos o por el sólo hecho de ser, etc.-. La gratitud es siempre un acto de amabilidad que es la vez receptivo, pues reconoce y acepta la belleza y la bondad de la existencia (o la existencia como regalo, su eterna fuente), y a la vez activo, pues se extiende hacia aquello que considera bueno y bello y con su alegría participa en la actualidad pura de la gracia. Asimismo, la gratitud -como el amor- nunca puede ser egoísta, es un acto de humildad que supone primero un vaciamiento del ego para poder atender a aquello a lo que se agradece, para poder apreciarlo como tal sin la contaminación del ensimismamiento y el interés personal, y luego otro vaciamiento hacia fuera, habiendo llenado ya la copa del alma de esa belleza y de esa bondad a la cual uno se ha hecho sensible y por la cual se agradece; un derramarse de la emoción espontánea, un desbordarse del vino fluyente en la abundancia de esa misma gracia. Realmente en la gratitud como respuesta natural a la gracia -no al regalo específico, sino a la gracia que subyace a la existencia, al eterno deleite de la energía*- se comprueba la plena infinitud del mundo, la inagotabilidad de la fuente que sustenta. El río regresa al mar infinitamente. Como dice la Upanishad:

purnam adah, purnam idam purnat purnam udachyate; purnasya purnam adaya purnam evavasisyate 

La fuente de todo es una plenitud, todo lo que ha surgido es esa plenitud, de lo pleno lo pleno surge; si se quita lo pleno de lo pleno: lo pleno pleno permanece.

Uno de los más grandes poetas espirituales de la historia, Rainer Maria Rilke, escribió justamente que la razón de ser del poeta -su actividad esencial- es simplemente alabar -celebrar y cantar el hecho de la existencia-, ser una especie de mediador entre lo divino y lo humano al hacerse poroso a la totalidad de la existencia. "Deja que todo te suceda a ti: belleza o terror... ningún sentimiento es un error", escribió. El acto en la conciencia de quien percibe el hecho misterioso de que el mundo es, de que ha sido dado, se convierte en una afirmación, en un sí cósmico -Om Amen Svaha-, en un acto de participación con esa misma creación. El mundo en toda su perfecta e infinita creatividad se completa cuando el poeta lo bebe y canta, cuando alguien percibe la belleza y dice que es buena: cuando el hombre reconoce la gracia de la divinidad que actúa sin necesidad alguna. La percepción se convierte en oración y toda lo que aparece en teofanía. Terminamos con Rilke, quien lo ha dicho mejor:

Alabar, querida mía, seamos generosos con la alabanza.

Nada es nuestro. Posamos nuestras manos delicadamente

en los cuellos de flores intactas.     

 

*

La canción, como nos la enseñas, no es un aferrarse,

no es un buscar llegar a una conclusión final.

Cantar es ser. Algo natural para un Dios. 

¿Pero cuando sólo somos? ¿Cuándo nosotros

nos volvemos uno con la tierra y las estrellas?

 

*

Dios nos habla a cada uno de nosotros al crearnos,

y luego camina con nosotros en silencio fuera de la noche.

Pero las palabras, que nos fueron dichas antes del comienzo,

esas palabras son las siguientes:

-

Impulsado hacia delante por tus sentidos,

ve hasta el límite de tu deseo;

encárname.

 

En el fondo de las cosas crece un fuego,

para que sus sombras, alargadas,

me cubran por siempre, completamente..

 

Deja que todo te ocurra a ti: belleza y terror.

Sólo sigue adelante: ningún sentimiento es un error.

No dejes que te corten de mi fuente.

Cerca está el país

llamado Vida.

 

Lo reconcerás

por su gravedad.

 

Dame tu mano.

 

Citas de Rilke del Libro de las Horas y de Los Sonetos a Orfeo

* "La energía es deleite eterno", escribió Blake

Twitter del autor: @alepholo

 

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Séneca, quien fuera el hombre más rico del mundo, sobre cómo no ser un esclavo del dinero y la riqueza

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/27/2018

Pocas vidas más fascinantes y complejas que la de Séneca, el estoico acaudalado

La riqueza de Séneca es un tema célebre y controversial. Sabemos que el filósofo nacido en Córdoba al servicio de Nero obtuvo enormes riquezas. Tenía numerosas propiedades, en Bayas, en Mentana, en Alba Longa, varias en Egipto, etc. Casio reporta que una revolución ocurrió en Bretaña cuando Séneca cobró sus préstamos a la aristocracia. Nassim Taleb incluso habla de que Séneca habría sido en algún momento el hombre más rico del mundo, algo que es discutible, pero de cualquier manera la idea es la misma. El tema es controversial pues Séneca es uno de los filósofos estoicos más importantes y, en apariencia, dicha riqueza entra en conflicto con los postulados del estoicismo.

La controversia sobre su riqueza no es un tema a posteriori; en su misma vida Séneca recibió estas acusaciones y respondió a ellas. La clave estriba, según el orador y estadista romano, en la forma en la que se gana la riqueza (que debe ser ética) y en la relación que se tiene con ella (que debe ser de indiferencia y desapego). Algunos historiadores ponen seriamente en duda la coherencia de Séneca, ya que al parecer hizo sus riquezas en parte recolectando intereses sobre préstamos, y argumentan también que a diferencia de otros estoicos, Séneca trata con mucho mayor fijación el tema de la riqueza. De cualquier manera, todo esto es una interpretación basada en fuentes un tanto oscuras. Tenemos, sin embargo, las propias palabras de Séneca sobre la riqueza, las cuales, vengan de una persona congruente o no, siguen siendo algunas de las reflexiones más agudas sobre el tema. Una primera muestra:

Aquel que añora riquezas siente temor a causa de ellas. Ningún hombre, sin embargo, disfruta de una bendición que trae ansiedad; siempre está  tratando de añadir algo más. Mientras se pregunta cómo incrementar su riqueza, se olvida de cómo usarla... cesa de ser el amo y se convierte en el esclavo.

Aquello que el hombre sueña que es la libertad, se convierte en una prisión. Séneca incluso habla de las riquezas como una enfermedad y dice: "nos perteneceríamos a nosotros mismos si estas cosas no fueran nuestras"; la paradoja que le ocurre a muchas personas de que entre más cosas tienen, menos se tienen a sí mismos. No obstante, Séneca no condena la riqueza per se, condena cierta actitud ante ella. En otra parte dice: "es un gran hombre quien usa platos de barro como si fueran de plata; pero es igualmente grande aquel que usa plata como si fuera barro". No apegarse ni a la riqueza, ni a la pobreza. Aunque es preferible tenerla, quizás porque eso permite dedicarse a cultivar cosas verdaderamente importantes.

Pues el hombre sabio no se considera indigno de los regalos de las manos de la Fortuna: no ama la riqueza, pero prefiere tenerla; no la deja entrar a su corazón, sólo a su hogar; y aquella riqueza que es suya no la rechaza sino que se le queda, deseando que brinde mayor espacio para que practique la virtud.

En este sentido vemos que la riqueza es vista como un medio para practicar la virtud, y existen relatos que hablan sobre la generosidad de Séneca, aunque no del tipo de filantropía que vemos hoy en día, sino con sus amigos.

Taleb, quien es otro millonario filósofo, sugiere que Séneca sólo tomó la parte positiva de la riqueza y no la negativa y constantemente la examinó, creando una valiosa reflexión.  

No hay duda de que el tema es complejo. Pero a diferencia de aquellos historiadores revisionistas que descalifican a Séneca, quizás lo más acertado es considerarlo a la luz de sus propias palabras cuando dice: "No soy un hombre sabio y nunca lo seré. No he llegado a la salud y nunca llegaré. Estoy aliviando mi gota, no curándola". Séneca fue un hombre sumamente brillante, complejo e imperfecto, y quizás no haya sido hipócrita (aunque no podemos estar seguros). Quizá su filosofía es simplemente el reflejo de su conflicto interno y de su lucha, de sus intentos de vivir conforme a altos ideales en un mundo corrupto y con una naturaleza imperfecta. Aunque fue un hombre muy rico, sufrió también mucho. Padeció desde joven numerosas enfermedades, hasta el punto de que cuando Calígula lo sentenció al suicidio obligado, el emperador desistió de llevar a cabo la sentencia pensando que la propia enfermedad de Séneca la cumpliría. Y la vida del filósofo concluyó con otro suicidio obligado, el cual parece haber sido especialmente largo y agónico. Pese al extremo dolor, según los relatos (quizás un tanto romantizados), Séneca mantuvo la entereza propia de un estoico hasta el final y su actitud frente al suicido obligado ha pasado a la historia como un ejemplo de alta virtud moral frente a la tiranía, acaso emulando a Sócrates, cuya muerte había sido una gran inspiración para los estoicos.