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Comentario a un famoso fragmento de un sermón alemán de Meister Eckhart.

Meister Eckhart (1260-1328) es una de las figuras más interesantes e influyentes del misticismo cristiano. No obstante que algunas de sus ideas fueron condenadas como herejes por el Papa Juan XXII poco después de su muerte, Eckhart ha sido una importante influencia entre pensadores tan diversos como Nicolás de Cusa, Schopenhauer, Heidegger, Jung, Thomas Merton, Ananda Coomaraswamy y muchos más. Se ha dicho que es el más oriental de los místicos occidentales y se han escrito numerosos estudios comparándolo con el vedanta y el budismo, algunos de ellos hechos por brillantes académicos como Rudolf Otto o D.T. Suzuki. La teología apofática de Eckhart y sus ideas del desasimiento, la nada fructífera y una especie de ciudadela o luz interior donde reside la divinidad intocada por la contingencia, remiten a conocidas ideas orientales de manera asombrosa. El maestro dominico se caracterizó por escribir sermones sumamente inspirados en alemán medieval que para muchos conocedores son algunos de los grandes tesoros del misticismo universal. En el sermón 27 en la versión de Maurice O'C Walshe podemos leer el siguiente pasaje:

Ahora bien, él dice [San Pablo] "Tus pensamientos", y todos los poderes "serán conocidos por Dios, pensamientos de gratitud y oración." Si una persona no tuviera nada que ver con Dios más que dar las gracias, eso sería suficiente.

Esta idea de Eckhart de que realmente la única actividad indispensable y por sí misma suficiente para una vida espiritual es dar las gracias es una de las más populares entre sus lectores, acaso por su pura simpleza, despojada de todo excedente y aparatosidad religiosa. Sólo dar gracias. En el caso de Eckhart, seguramente al hecho luminoso de que el mundo está naciendo permanentemente -que la Palabra o Logos se está creando perpetuamente- para regocijo de los que perciben la creación. "El principio en que Dios creó 'el cielo y la tierra' es el primero y simple ahora de la eternidad", escribió el maestro en otro de sus sermones.

El pasaje citado de San Pablo que Eckhart comenta es Filipenses 4:4, donde también se dice que que lo único que se debe hacer es "regocijarse en Dios y no tener otro cuidado." El deleitarse en la divinidad es una forma de oración y una forma de alabanza o agradecimiento. Pablo en su Carta a los Tesalonicenses (5:16) dice: "Regocíjense, oren sin cesar, en todo den las gracias." De aquí luego Eckhart.

Ahora bien, he creído que esta idea de Pablo y de Eckhart aplica universalmente y describe la esencia de la espiritualidad, pues nos remite a una actividad para la cual no es necesario practicar cierto credo ni dominar una técnica, sino que admite una actitud natural de celebración y humildad ante la vida misma y ante el poder universal -el nombre que se le dé ciertamente no será lo más importante, lo que sí es indispensable es una sensación de asombro o admiración (thaumazein) ante un universo que ciertamente uno no ha creado y en el cual existe belleza y bondad-. Dar las gracias es siempre un reconocimiento de la vida como regalo, como un bien dado. Y del mundo como algo con significado y sentido. Pues de otra manera sería absurdo dar gracias. Todos sabemos que dar las gracias como obligación, mecánicamente y sin sentir gratitud es patético (en el sentido moderno de la palabra). Así, la auténtica gratitud ya nos habla de un sentido de honestidad y de una actitud abierta a la belleza y a la bondad, y por lo tanto de una conexión con los tres trascendentales de la filosofía clásica.

La espiritualidad más inmediata y accesible a todos parece ser el dar gracias: por el amor que hemos encontrado, por la belleza del atardecer, por lo que hemos aprendido en el sufrimiento o por el sólo hecho de ser... La gratitud es siempre un acto de amabilidad que es la vez receptivo, pues reconoce y acepta la belleza y la bondad de la existencia (o la existencia como regalo, su eterna fuente), y a la vez activo, pues se extiende hacia aquello que considera bueno y bello y con su alegría participa en la actualidad pura de la gracia. Asimismo, la gratitud -como el amor- nunca puede ser egoísta, es un acto de humildad que supone primero un vaciamiento del ego para poder atender a aquello a lo que se agradece, para poder apreciarlo como tal sin la contaminación del ensimismamiento y el interés personal; y luego otro vaciamiento hacia fuera, habiendo llenado ya la copa del alma de esa belleza y de esa bondad a la cual uno se ha hecho sensible y por la cual se agradece; un derramarse de la emoción espontánea, un desbordarse del vino fluyente en la abundancia de esa misma gracia. Realmente en la gratitud como respuesta natural a la gracia -no al regalo específico, sino a la gracia que subyace a la existencia, al eterno deleite de la energía*- se comprueba la plena infinitud del mundo, la inagotabilidad de la fuente que sustenta. El río regresa al mar infinitamente. Como dice la Upanishad:

purnam adah, purnam idam purnat purnam udachyate; purnasya purnam adaya purnam evavasisyate 

La fuente de todo es una plenitud, todo lo que ha surgido es esa plenitud, de lo pleno lo pleno surge; si se quita lo pleno de lo pleno: lo pleno pleno permanece.

Uno de los más grandes poetas espirituales de la historia, Rainer Maria Rilke, escribió que la razón de ser del poeta, y su actividad esencial, es simplemente alabar; celebrar y cantar el hecho de la existencia, ser una especie de mediador entre lo divino y lo humano al hacerse poroso a la totalidad de la existencia. "Deja que todo te suceda a ti: belleza o terror... ningún sentimiento es un error", escribió. El acto en la conciencia de quien percibe el hecho misterioso de que el mundo es, de que ha sido dado, se convierte en una afirmación, en un sí cósmico -Om, Amen, Svaha-, en un acto de participación con esa misma creación. El mundo en toda su perfecta e infinita creatividad se completa cuando el poeta lo bebe y canta, cuando alguien percibe la belleza y dice que es buena: cuando el hombre reconoce la gracia de la divinidad que actúa sin necesidad alguna. La percepción se convierte en oración y toda lo que aparece en teofanía. Terminamos con Rilke, quien lo ha dicho mejor:

Alabar, querida mía, seamos generosos con la alabanza.

Nada es nuestro. Posamos nuestras manos delicadamente

en los cuellos de flores intactas.     

 

*

La canción, como nos la enseñas, no es un aferrarse,

no es un buscar llegar a una conclusión final.

Cantar es ser. Algo natural para un Dios. 

¿Pero cuando sólo somos? ¿Cuándo nosotros

nos volvemos uno con la tierra y las estrellas?

 

*

Dios nos habla a cada uno de nosotros al crearnos,

y luego camina con nosotros en silencio fuera de la noche.

Pero las palabras, que nos fueron dichas antes del comienzo,

esas palabras son las siguientes:

-

Impulsado hacia delante por tus sentidos,

ve hasta el límite de tu deseo;

encárname.

 

En el fondo de las cosas crece un fuego,

para que sus sombras, alargadas,

me cubran por siempre, completamente..

 

Deja que todo te ocurra a ti: belleza y terror.

Sólo sigue adelante: ningún sentimiento es un error.

No dejes que te corten de mi fuente.

Cerca está el país

llamado Vida.

 

Lo reconcerás

por su gravedad.

 

Dame tu mano.

 

Citas de Rilke del Libro de las Horas y de Los Sonetos a Orfeo, 

* "La energía es deleite eterno", escribió Blake

Lee también: En cualquier momento dado (la dádiva divina) 

Twitter del autor: @alepholo

 

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¿En qué creen los materialistas? (y por qué el materialismo no es diferente a una creencia religiosa)

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/27/2018

Richard Dawkins, Sam Harris, Daniel Dennett y los nuevos ateístas se creen por encima de las creencias, dueños de una visión objetiva y científica de la realidad pero, como demuestra Rupert Sheldrake, esto es sólo otra creencia, y una que raya en el fundamentalismo

Rupert Sheldrake es uno de los pocos científicos contemporáneos que se han atrevido a investigar temas que son anatema para la visión materialista que domina la mayor parte de la ciencia. Sheldrake ha protagonizado intensos debates en los medios con Richard Dawkins, el biólogo que lidera la corriente llamada nuevo ateísmo. En su libro Science and Spiritual Practices, Sheldrake explica por qué el materialismo es sólo una filosofía e incluso una creencia que nos distingue de otro tipo de creencias, como pueden ser los fundamentalismo religiosos.

Los nuevos ateístas no creen en Dios, pero tienen una fuerte creencia en la filosofía del materialismo. Los materialistas creen que todo el universo es inconsciente, compuesto de materia sin mente, gobernado por leyes matemáticas impersonales. La naturaleza no tiene un sentido o propósito. La conciencia está confinada meramente al interior de la cabeza y sólo existe dentro de los cerebros. Dios, ángeles y espíritus son ideas en la mente humana: por lo tanto, yacen en el interior del cerebro humano... 

Estas personas ven a los individuos religiosos como fanáticos peligrosos que deben ser educados. Pese a su aparente racionalidad, los nuevos ateístas claramente comparten con los fanáticos religiosos la intolerancia y un fuerte activismo en contra de las creencias que no comparten, incluso un impulso a perseguirlas. Consideran, dice Sheldrake "que las personas que todavía son religiosas tienen una mente débil y viven engañados; deben ser liberados de la prisión de la falsedad en la que viven atrapados, o al menos sus hijos deben ser educados para salvarlos de esto". Como ha notado el filósofo John Gray, quien es también ateo, pero que no defiende la postura del materialismo, el ateísmo de Dawkins y personas como Sam Harris y Daniel Dennet es más parecido a una religión que a una postura científica y, de hecho, podría entenderse como una especie de herejía cristiana.

Ahora bien, ¿por qué el materialismo es sólo otra creencia? Y ¿por qué los materialistas se equivocan cuando dicen que su visión del mundo es científica? Primero, porque la ciencia no sabe bien realmente lo que es la conciencia, el llamado problema duro de la ciencia. (E incluso algunos líderes del nuevo ateísmo, como Sam Harris, aceptan que ellos mismos no saben bien qué es la conciencia o cómo definirla de una manera satisfactoria). Si no sabemos qué es la conciencia, ¿cómo podemos saber que no existe mas que en el cerebro, si acaso? Por otro lado, como dijo el astrofísico Sir Arthur Eddington: "La mente es lo más directo y primario de la experiencia; todo lo demás es una inferencia remota". ¿Acaso no es poco científico y, más aun, poco humano, relegar la  conciencia a un lugar meramente secundario, a un epifenómeno menor, cuando no tenemos ninguna prueba que lo sea?

Algunos materialistas, como Dennett, consideran que la conciencia es una ilusión generada por el cerebro (una "ilusión del usuario"). Sin embargo, como apunta Sheldrake, existe cierta paradoja en que digan esto. Ya que la filosofía materialista supone que no existe libre albedrío, somos máquinas aleatorias sin verdadera agencia, no existe una mente que pueda hacer cosas y cambiar lo que sucede. "Somos robots ciegamente programados", dice Dawkins ¿Y entonces por qué habríamos de creer lo que dice el cerebro de Dennett o el de Dawkins, si ellos mismos han sido programados para creer en el materialismo, pues evidentemente no han podido tomar una decisión libre, siendo meros "robots programados"? Sheldrake apunta que Dawkins dice que los individuos religiosos han sido infectados por el meme de la religión, una especie de nocivo virus cultural. Pero si eso es cierto, si las ideas religiosas se transmiten de manera infecciosa de mente a mente, eso no lo excluye a él y su ateísmo también puede verse como una infección memética. No obstante, Dawkins y los nuevos ateístas se perciben a sí mismos como una élite pura, en una torre racional libre del contagio virulento de las masas ígnaras, como habiendo trascendido el mundo biológico del cual somos esclavos.  

Por otro lado, la noción de que el universo no tiene sentido o propósito no es una noción que pueda comprobarse, ni es siquiera algo que sea compartido de manera uniforme por los científicos modernos. El mismo Einstein ciertamente no creía que el universo era una masa inerte, ciega y sin sentido. Sin tener que meternos en el debate de si Einstein creía en Dios, es evidente que el físico alemán consideraba, como Spinoza, que el universo exhibía una inteligencia. De nuevo, no es necesario recurrir al teísmo para encontrar sentido y propósito en el mundo, pero esta visión no es una visión materialista, es una visión en todo caso agnóstica y llena de asombro que incluso puede invocar una "religiosidad cósmica", usando las palabras del mismo Einstein. "Vemos un universo misteriosamente ordenado, obedeciendo ciertas leyes, pero entendemos esas leyes apenas. Nuestra mente limitada no puede asir y aprehender la misteriosa fuerza que mueve las constelaciones". Por eso, Einstein recomienda la actitud de un niño que entra a una inmensa biblioteca llena de libros escritos en lenguas que no comprende. Entiende, sin embargo, que hay un orden misterioso en el orden de los libros y en su contenido. Esta humildad, que es el signo de la inteligencia y la vitalidad científica, es necesariamente tolerante. 

El materialismo, además, explica Sheldrake, se contradice a sí mismo, porque busca convencer a las demás personas de que su filosofía -la cual equiparan con la ciencia misma- es la verdadera. Pero dentro de su perspectiva la verdad no tiene realmente sentido, pues todos hemos sido condicionados, genéticamente programados para ser materialistas o cristianos o lo que sea. Un pensador, en ese caso, no llega a la verdad, sino simplemente piensa lo que ha sido condicionado a pensar, y dentro de ese condicionamiento puede surgir que cree que lo que piensa es verdad. El argumento de que la  evolución misma determina lo verdadero, el cual suele esgrimirse, que la creencia materialista permite la supervivencia de la especie, no es, por su parte, demasiado sólido, pues la ciencia lleva 400 años de existencia y su visión materialista-mecanicista poco más de 200, así que no podemos saber si realmente nos conduce hacia una mayor aptitud para sobrevivir. La religión lleva miles de años y aunque ha llegado a producir grandes atrocidades, no podemos estar seguros de que la ciencia no haga lo mismo, especialmente si tomamos en cuenta el cambio climático actual, el cual presenta por primera vez una amenaza de destrucción de la especie (o, mejor dicho, por segunda vez, después del desarrollo de las armas nucleares). 

Además, es imposible existir con la mínima coherencia como sociedad si no se asume que las personas tienen libre albedrío, que son individuos conscientes. El sistema legal y la democracia se desmoronan al instante. Sin esa asunción y además con una visión materialista de una realidad inerte y sin sentido, no resulta demasiado difícil aceptar entonces que los seres humanos sean reemplazados por máquinas o, peor aún, convertidos en robots, el alimento o el ganado de las inteligencias artificiales.