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Estas son las 9 características de una persona realmente narcisista

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/25/2018

El narcisismo es clasificado como un trastorno mental. Estos son los rasgos que permiten diagnosticarlo

El narcisismo es considerado uno de los trastornos más comunes de nuestra época, seguramente por una mezcla entre el surgimiento del individualismo moderno y la pérdida de centros comunitarios como grandes referentes, y también por las redes sociales, en las cuales la imagen personal es vista como un capital expuesto constantemente en vitrinas. Carl Jung escribió que en nuestra época los dioses se habían convertido en enfermedades, y tal es el caso puntual del "narcisismo", la cualidad de Narciso, el estado narcótico de infatuación con la imagen propia o la extensión de la imagen (en un artículo reciente analizamos el mito de Narciso desde la lectura que hace Marshall McLuhan).

De cualquier manera, resulta obvio que nuestra cultura está obsesionada con la autoimagen y que esto tiende a ser patológico. La doctora Karyl McBride, quien ha estudiado durante 25 años el narcisismo entre hombres y mujeres, distingue ciertas características del narcisista que son realmente dañinas para él mismo y su entorno. En líneas generales, el diagnóstico de un narcisista puede realizarse a partir de estos nueve rasgos, con los cuales se puede clasificar a una persona como propiamente narcisista. Hay que decir que tener sólo algunas de estas características no indica que un individuo será clasificado como narcisista por un psiquiatra, sino que es el conjunto de las mismas lo que define a un narcisista. Igualmente, cabe mencionar que este desorden mental es de "espectro", es decir, puede presentarse en un menor grado en gran parte de la población sin ser realmente patológico. Los narcisistas:

1. Presentan una sobreimportancia del yo: exageran su talento y logros, y esperan ser considerados como superiores por sus logros.

2. Tienen una ambición desmedida por fantasías de éxito, poder, belleza o amor ideal.

3. Creen que son personas muy, muy especiales y únicas (y que sólo serán entendidas por personas tan únicas y especiales como ellos).

4. Exigen mucha admiración (los que están a su alrededor quedan exhaustos, ya que el narcisista demanda que le llenen un vacío emocional).

5. Creen tener derecho a un trato privilegiado o al cumplimiento automático de sus expectativas.

6. Se aprovechan de los demás para cumplir con sus objetivos.

7. Le dan mucha importancia a las apariencias, pero son incapaces de sentir empatía.

8. Tienen un sentimiento sistemático de envidia por otros, o la convicción continua de que otros los envidian.

9. Son muy arrogantes; tienen necesidad de hacer sentir menos a otros para sentirse más ellos.

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Schopenhauer explica la importante diferencia entre el mero talento y el auténtico genio

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/25/2018

La tersa definición del genio de Schopenhauer hace evidente que la genialidad es algo sumamente raro y maravilloso

Arthur Schopenhauer murió un día como hoy en 1860, lo cual es un buen pretexto para recodar a este genial filósofo. Schopenhauer escribió su obra maestra, El mundo como voluntad y representación, antes de cumplir 30 años. Este libro sería central en la maduración intelectual de filósofos como Nietzsche y Wittgenstein y admirado por escritores como Borges o el psicólogo Carl Jung. Aunque Schopenhauer es recordado como el gran pesimista, escribió con exaltación sobre el arte, particularmente la música, donde encontró significado, o al menos sosiego, frente a un mundo de fuerzas brutales que tienden a la aniquilación. En su obra maestra encontramos ciertos pasajes de gran claridad en los que el filósofo describe la genialidad, esa que podemos encontrar en un Mozart o en un pensador como el mismo Schopenhauer, y que se distingue del simple talento:

Sólo a través de la contemplación pura... pueden las Ideas comprenderse; y la naturaleza del genio consiste en la capacidad preeminente para dicha contemplación... El genio es la facultad de continuar en un estado de percepción pura, de perder el yo en esa percepción, y de enlistarse en el servicio del conocimiento que originalmente sólo existía para el servicio de la voluntad; eso es decir, el genio es el poder de hacer a un lado los propios intereses, deseos, y objetivos, y por lo tanto renunciar a la propia personalidad por un tiempo, para permanecer puro sujeto cognitivo, visión clara del mundo; y esto no sólo a ratos, sino por un período suficientemente largo, con suficiente conciencia, para permitir que uno reproduzca de manera deliberada lo que ha sido aprehendido.

En cierta forma, este poder de la genialidad nos recuerda la noción de atención que aparece en William James y en Simone Weil: absorberse en la contemplación, trascendiendo las distracciones egoístas. La filosofía de Schopenhauer surge en el milieu del idealismo alemán, y algo de esto persiste en él, si bien con ciertas diferncias. Podemos notarlo en su consideración de que la genialidad consiste en la contemplación de "las ideas eternas", por lo cual la imaginación es esencial para la genialidad. Atención e imaginación hacen al genio:

La imaginación, entonces, extiende el horizonte intelectual del hombre de genio más allá de los objetos que se le presentan en actualidad, tanto en relación a la cantidad como a la cualidad. Por lo tanto, una fuerza de imaginación extraordinaria acompaña, y de hecho es necesaria, para la condición de la genialidad.

Schopenhauer aclara que si bien la genialidad requiere de imaginación, una persona imaginativa no es necesariamente genial, pues puede ser simplemente fantasiosa. Por último, Schopenhauer marca la diferencia entre un hombre de talento y uno de genio en el hecho de que el hombre de talento se aboca meramente a los acontecimientos propios del "espíritu de su tiempo", dedicándose a las necesidades circunstanciales, contribuyendo al avance de disciplinas especializadas. Pero su trabajo es contingente a una época, y reemplazable. El hombre de genio, por otro lado, "ilumina su era como un cometa en los trayectos planetarios". No va en orden "con el curso regular de la cultura de su tiempo". El genio "trasciende no sólo la capacidad de lograr algo de los demás, sino también su capacidad de aprehensión". Es decir, mientras que el hombre de talento es sólo alguien que puede hacer algo mejor que los demás, el hombre de genio hace algo que los demás ni siquiera pueden aprehender o concebir del todo. El hombre de genio es como el arquero que "da en un blanco... que otros ni siquiera pueden ver". Esto, obviamente, explica por qué la mayoría de los genios no son entendidos y celebrados en vida, algo que le ocurrió al mismo Schopenhauer, quien sólo fue apreciado como filósofo en los últimos años de su vida.