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Muere Paul Virilio, gran teórico de los percances de la aceleración y la distopía de la tecnología

Filosofía

Por: pijamasurf - 09/19/2018

Uno de los grandes filósofos y teóricos de medios ha muerto. Recordamos sus ideas

Paul Virilio, uno de los grandes filósofos y críticos culturales de nuestra época, murió el 10 de septiembre, según informó ayer su familia. Virilio fue un influyente urbanista y filósofo del espacio y la velocidad, pero sobre todo se le recuerda por su crítica a la tecnología y a los medios, en líneas por momentos similares a las de McLuhan y las de otro pensador francés, Jean Baudrillard. Como pocos antes que él, Virilio se anticipó al grave "accidente" que lo que él llamó la cibercultura propiciaría inevitablemente.

Uno de los conceptos centrales de Virilio era el de la "aceleración": vivimos en una "dromocracia", no en una democracia; en el reino de la velocidad, el imperativo de ir más rápido, el mito del progreso y el crecimiento infinito. La guerra, sugirió Virilio, realmente nunca termina; continúa acelerándose, sólo que se expande del campo de batalla a otros frentes, y en nuestra época, principalmente al terreno de la información. Otro concepto central es la "bomba de la información", la cual reemplaza a la bomba nuclear y transforma el escenario de la batalla, llevándolo del espacio al tiempo, a un tiempo global sincronizado en el que la política y el poder mismo se vuelven virtuales e invisibles.

Al mismo tiempo, en cualquier parte del planeta, todos pueden sentir el mismo terror, la misma preocupación por el futuro o experimentar el mismo pánico. ¡Todavía es increíble! Pasamos de la estandarización de las opiniones -fue posible gracias a la libertad de prensa- a la sincronización de las emociones (...) Nuestras sociedades vivían en una comunidad de interés, ahora viven un comunismo de afectos.

Virilio notó la estrecha relación entre las tecnologías militares y el espectáculo y el entretenimiento; la guerra se sirve también de crear un espectáculo mágico que produce miedo previo a la llegada de la muerte, una mistificación o desorientación psicológica. Lo que culturas como los aztecas hacían con máscaras y rituales, los modernos lo hacen con propaganda y transmisiones en directo.

Como McLuhan, Virilio entendió que toda tecnología traía consigo efectos secundarios, generalmente no percibidos. Cada tecnología conlleva un potencial de accidentes. Por ejemplo, la locomotora contiene el potencial del descarrilamiento, y la televisión implica la separación del televidente del espacio inmediato, la pérdida del horizonte de los eventos reales. Se trata de una cadena fractal de numerosos accidentes que pueden tener innumerables efectos sociales que pasan desapercibidos en un principio debido a nuestra confianza en el progreso tecnocientífico.

Por momentos, el pensador francés describe escenarios distópicos en los que las personas se vuelven completamente sedentarias y desaparece el espacio físico: los vecindarios, las comunidades y la vida en las ciudades. El amor y los afectos ocurren a distancia. Las personas se convierten en parte del mecanismo de retroalimentación cibernético y sus identidades se subsumen en ello. El cibersexo y la virtualidad, pensó Virilio, devendrían en el desuso y atrofiamiento del cuerpo. Al vivir en la tiranía del tiempo presente, empieza a desaparecer la historia, la continuidad del pasado en común.

Hay que decir que Virilio empezó a hablar de esto en los asño 90 del siglo pasado e incluso antes, por lo cual, en muchos aspectos es uno de los grandes profetas de lo que habría que llamar la distopía de la tecnología de la información. No nos hemos dado cuenta, pero hemos liberado una bomba nuclear global, un "meteorito fractal", que oculta innumerables nuevas colisiones que son inevitables.

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Comentario a un famoso fragmento de un sermón alemán de Meister Eckhart.

Meister Eckhart (1260-1328) es una de las figuras más interesantes e influyentes del misticismo cristiano. No obstante que algunas de sus ideas fueron condenadas como herejes por el Papa Juan XXII poco después de su muerte, Eckhart ha sido una importante influencia entre pensadores tan diversos como Nicolás de Cusa, Schopenhauer, Heidegger, Jung, Thomas Merton, Ananda Coomaraswamy y muchos más. Se ha dicho que es el más oriental de los místicos occidentales y se han escrito numerosos estudios comparándolo con el vedanta y el budismo, algunos de ellos hechos por brillantes académicos como Rudolf Otto o D.T. Suzuki. La teología apofática de Eckhart y sus ideas del desasimiento, la nada fructífera y una especie de ciudadela o luz interior donde reside la divinidad intocada por la contingencia, remiten a conocidas ideas orientales de manera asombrosa. El maestro dominico se caracterizó por escribir sermones sumamente inspirados en alemán medieval que para muchos conocedores son algunos de los grandes tesoros del misticismo universal. En el sermón 27 en la versión de Maurice O'C Walshe podemos leer el siguiente pasaje:

Ahora bien, él dice [San Pablo] "Tus pensamientos", y todos los poderes "serán conocidos por Dios, pensamientos de gratitud y oración." Si una persona no tuviera nada que ver con Dios más que dar las gracias, eso sería suficiente.

Esta idea de Eckhart de que realmente la única actividad indispensable y por sí misma suficiente para una vida espiritual es dar las gracias es una de las más populares entre sus lectores, acaso por su pura simpleza, despojada de todo excedente y aparatosidad religiosa. Sólo dar gracias. En el caso de Eckhart, seguramente al hecho luminoso de que el mundo está naciendo permanentemente -que la Palabra o Logos se está creando perpetuamente- para regocijo de los que perciben la creación. "El principio en que Dios creó 'el cielo y la tierra' es el primero y simple ahora de la eternidad", escribió el maestro en otro de sus sermones.

El pasaje citado de San Pablo que Eckhart comenta es Filipenses 4:4, donde también se dice que que lo único que se debe hacer es "regocijarse en Dios y no tener otro cuidado." El deleitarse en la divinidad es una forma de oración y una forma de alabanza o agradecimiento. Pablo en su Carta a los Tesalonicenses (5:16) dice: "Regocíjense, oren sin cesar, en todo den las gracias." De aquí luego Eckhart.

Ahora bien, he creído que esta idea de Pablo y de Eckhart aplica universalmente y describe la esencia de la espiritualidad, pues nos remite a una actividad para la cual no es necesario practicar cierto credo ni dominar una técnica, sino que admite una actitud natural de celebración y humildad ante la vida misma y ante el poder universal -el nombre que se le dé ciertamente no será lo más importante, lo que sí es indispensable es una sensación de asombro o admiración (thaumazein) ante un universo que ciertamente uno no ha creado y en el cual existe belleza y bondad-. Dar las gracias es siempre un reconocimiento de la vida como regalo, como un bien dado. Y del mundo como algo con significado y sentido. Pues de otra manera sería absurdo dar gracias. Todos sabemos que dar las gracias como obligación, mecánicamente y sin sentir gratitud es patético (en el sentido moderno de la palabra). Así, la auténtica gratitud ya nos habla de un sentido de honestidad y de una actitud abierta a la belleza y a la bondad, y por lo tanto de una conexión con los tres trascendentales de la filosofía clásica.

La espiritualidad más inmediata y accesible a todos parece ser el dar gracias: por el amor que hemos encontrado, por la belleza del atardecer, por lo que hemos aprendido en el sufrimiento o por el sólo hecho de ser... La gratitud es siempre un acto de amabilidad que es la vez receptivo, pues reconoce y acepta la belleza y la bondad de la existencia (o la existencia como regalo, su eterna fuente), y a la vez activo, pues se extiende hacia aquello que considera bueno y bello y con su alegría participa en la actualidad pura de la gracia. Asimismo, la gratitud -como el amor- nunca puede ser egoísta, es un acto de humildad que supone primero un vaciamiento del ego para poder atender a aquello a lo que se agradece, para poder apreciarlo como tal sin la contaminación del ensimismamiento y el interés personal; y luego otro vaciamiento hacia fuera, habiendo llenado ya la copa del alma de esa belleza y de esa bondad a la cual uno se ha hecho sensible y por la cual se agradece; un derramarse de la emoción espontánea, un desbordarse del vino fluyente en la abundancia de esa misma gracia. Realmente en la gratitud como respuesta natural a la gracia -no al regalo específico, sino a la gracia que subyace a la existencia, al eterno deleite de la energía*- se comprueba la plena infinitud del mundo, la inagotabilidad de la fuente que sustenta. El río regresa al mar infinitamente. Como dice la Upanishad:

purnam adah, purnam idam purnat purnam udachyate; purnasya purnam adaya purnam evavasisyate 

La fuente de todo es una plenitud, todo lo que ha surgido es esa plenitud, de lo pleno lo pleno surge; si se quita lo pleno de lo pleno: lo pleno pleno permanece.

Uno de los más grandes poetas espirituales de la historia, Rainer Maria Rilke, escribió que la razón de ser del poeta, y su actividad esencial, es simplemente alabar; celebrar y cantar el hecho de la existencia, ser una especie de mediador entre lo divino y lo humano al hacerse poroso a la totalidad de la existencia. "Deja que todo te suceda a ti: belleza o terror... ningún sentimiento es un error", escribió. El acto en la conciencia de quien percibe el hecho misterioso de que el mundo es, de que ha sido dado, se convierte en una afirmación, en un sí cósmico -Om, Amen, Svaha-, en un acto de participación con esa misma creación. El mundo en toda su perfecta e infinita creatividad se completa cuando el poeta lo bebe y canta, cuando alguien percibe la belleza y dice que es buena: cuando el hombre reconoce la gracia de la divinidad que actúa sin necesidad alguna. La percepción se convierte en oración y toda lo que aparece en teofanía. Terminamos con Rilke, quien lo ha dicho mejor:

Alabar, querida mía, seamos generosos con la alabanza.

Nada es nuestro. Posamos nuestras manos delicadamente

en los cuellos de flores intactas.     

 

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La canción, como nos la enseñas, no es un aferrarse,

no es un buscar llegar a una conclusión final.

Cantar es ser. Algo natural para un Dios. 

¿Pero cuando sólo somos? ¿Cuándo nosotros

nos volvemos uno con la tierra y las estrellas?

 

*

Dios nos habla a cada uno de nosotros al crearnos,

y luego camina con nosotros en silencio fuera de la noche.

Pero las palabras, que nos fueron dichas antes del comienzo,

esas palabras son las siguientes:

-

Impulsado hacia delante por tus sentidos,

ve hasta el límite de tu deseo;

encárname.

 

En el fondo de las cosas crece un fuego,

para que sus sombras, alargadas,

me cubran por siempre, completamente..

 

Deja que todo te ocurra a ti: belleza y terror.

Sólo sigue adelante: ningún sentimiento es un error.

No dejes que te corten de mi fuente.

Cerca está el país

llamado Vida.

 

Lo reconcerás

por su gravedad.

 

Dame tu mano.

 

Citas de Rilke del Libro de las Horas y de Los Sonetos a Orfeo, 

* "La energía es deleite eterno", escribió Blake

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Twitter del autor: @alepholo