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Político demanda a comediante Sacha Baron Cohen por 95 millones de dólares

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/05/2018

El exjuez Roy Moore, acusado de pederastia, demanda al popular comediante, quien lo entrevistó en su show "Who is America?"

El programa de Sacha Baron Cohen, Who is America?, ha mostrado en su corta vida algunos de los momentos más tensos, hilarantes y simplemente reveladores de la oscura realidad de los políticos estadounidenses. El poder magistral de personificación de Cohen le ha permitido engañar a políticos de alto perfil para entrevistarlos en situaciones donde son ridiculizados y en ocasiones incluso han accedido a realizar conductas si no ilegales, al menos sí completamente inmorales. Notablemente, toda la conspicua falsedad de Cohen sólo es igualada por la acartonada falsedad de la mayoría de los políticos (si bien no todos: Cohen también entrevistó a Bernie Sanders).

Una de sus entrevistas más llamativas fue la que realizó con el candidato republicano al senado de Alabama, Roy Moore, quien fue acusado de pederastia. Cohen logró reunirse con Moore bajo el pretexto de entregarle un reconocimiento por su apoyo a Israel. Cohen personificó a un experto en armas israelí, y le mostró a Moore la nueva tecnología militar. Le dijo que habían desarrollado tecnología capaz de detectar túneles de terroristas a través de ondas sísmicas. Según le dijo, la misma tecnología era también capaz de detectar pedófilos, ya que éstos secretan una rara enzima llamada 4 D DHT, la cual es detectable, "por lo que la frase 'Sudas como un violador', de hecho, está basada en la ciencia".

La máquina la están usando en escuelas en Israel, señaló Cohen. Luego probó la máquina, diciendo: "Ya que ninguno de los dos somos agresores sexuales, no hay ningún problema". Claro que la máquina, al dirigirse a Moore, empezó a sonar.

Ahora Moore ha formulado una demanda legal en la que acusa a Cohen de difamación y de haberle provocado severos daños emocionales y financieros. Moore, quien fue juez, dice que ha sido sometido a humillación y ridículo por lo sucedido y sus abogados exigen 95 millones de dólares de resarcimiento. Moore ha sido acusado de acoso sexual por diferentes mujeres. Una de ellas, Leigh Corfman, dice haber tenido sexo con Moore cuando ella tenía 14 años, en 1979.

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Después de leer este libro nunca verás la pornografía con los mismos ojos

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/05/2018

El porno podría no ser una mera cuestión de libertad de expresión, sino una cuestión de salud e incluso algo criminal, según muestra el libro "Pornography: Men Possessing Women"

El porno es un tema controversial. Hay muchas personas que creen que es simplemente una cuestión de libertad de expresión y que incluso puede cumplir una función social al permitir que las personas se desfoguen, que satisfagan, aunque sea vicariamente, sus deseos sexuales. Por otro lado, es evidente que muchos individuos se vuelven adictos al porno y la pornografía llega a trastornar su manera de relacionarse con las otras personas; esto ocurre especialmente con los hombres que ven mucho porno y que introyectan la imagen del sexo que produce el porno.

En su libro Pornography: Men Possessing Women, Andrea Dworkin deconstruye la imagen pornográfica y sugiere que en realidad el porno es una cuestión política, y como señala el escritor Will Self, incluso criminal, pues directa o indirectamente produce agresiones. Más allá de que la lectura de Dworkin es radicalmente feminista -y uno puede estar o no de acuerdo con su visión de que todo es un reflejo del heteropatriarcado-, lo que sí parece evidente es que en el lugar donde más claramente están presentes los vicios que se adscriben a esta dinámica del poder masculino y la explotación u objetificación del cuerpo femenino es en el porno común y corriente.

Dworkin sugiere que el porno retrata al hombre de siete formas principales: en la "afirmación metafísica de su yo", en su "poder físico", en su "capacidad de aterrorizar", en su poder de nombrar, en su poder de poseer, en el poder del dinero y en el poder del sexo. Todo estos comportamientos de poder, algunos más naturales que otros, son idolatrados por la cultura. Asimismo, como documenta Dworkin, muchas mujeres trabajan en la industria del porno no voluntariamente, sino que son son obligadas o convencidas por personas que se aprovechan de su vulnerabilidad.

Aunque el tema es complejo y Dwokin sataniza demasiado en ocasiones, no hay duda de que la cultura y la sociedad en general no se benefician mucho de promover estos valores. Incluso porque -y justamente en contra de lo que postula el análisis posmoderno al respecto- el porno lo reduce casi todo al poder, al poder del falo, a la lucha de poderes, a la búsqueda de autoafirmación. Por más que se quiera decir que el porno puede evitar producir violadores, no hay paz en el porno; el porno ocurre esencialmente bajo una cierta lógica de violencia explícita y, sobre todo, implícita. Y por supuesto, tampoco hay lugar para el amor. Como dijo Jung, donde impera la voluntad de poder no hay cabida para el amor. 

Por supuesto no todo el porno es así. Es posible que haya personas que gozan libre y sinceramente de participar en la pornografía y de verla de vez en cuando. Es difícil pensar que se deba regular la fantasía, pero si vemos actualmente en línea una especie de regulación en contra del hate speech y las fake news, es concebible situar al menos cierto tipo de videos pornográficos como hate speech, como contenido que promueve la violencia, lo cual genera importantes preguntas, como por ejemplo, si estos contenidos deberían aparecer en Google o no. Aunque esto nos recuerda que en sus inicios la empresa de Mountain View generaba buena parte de sus ingresos a partir de la pornografía, lo cual, de nuevo, muestra la dinámica de poder que está de por medio en el porno.