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Atención sexual plena: una meditación para realizar durante el sexo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/03/2018

Una meditación para utilizar la energía de la respiración y llegar al éxtasis erótico

Nunca antes en la historia de la humanidad se había hablado tanto sobre el sexo, y nunca antes se habían elogiado tanto los beneficios de una vida sexual plena. Sin embargo, aunque esto puede ser digno de celebrarse, también tiene sus aspectos negativos, pues ante la inundación y banalización de lo sexual, en ocasiones el sexo pasa a ser algo ordinario que se realiza más como un deporte o una obligación y no se cataliza su potencial transformador, extático, espiritual. Asimismo, el bombardeo de imágenes sexuales y la profusión de la pornografía hacen que muchas personas introyecten una imagen sexual basada en una (ir)realidad falocéntrica o simplemente egoísta y hedonista, que incluso llega a ser patológica. Generalmente, llevamos estos fantasmas culturales a nuestras relaciones y podemos distraernos del presente desnudo de los cuerpos, la respiración y la energía, al enfocar nuestra atención en estas fantasías que no son auténticamente nuestras.

No obstante, el sexo nos presenta una oportunidad magnífica de desnudarnos tanto física como emocional y espiritualmente; de ser realmente quienes somos y de entrar en contacto con nuestros cuerpos de una manera no mediada. El placer como gran eje nos ancla y nos centra y nos lleva al presente, si nos mantenemos atentos y fluimos. En otras palabras, nuestra práctica sexual se beneficia enormemente si dejamos de pensar a la hora de relacionarnos y, más bien, sentimos y nos dejamos llevar por las sensaciones. Para esto, sin duda la meditación puede ayudar mucho. Meditar antes, pero también meditar durante el sexo.

Para numerosas culturas -aunque especialmente aquellas que nacen en la India- el sexo es un momento de enorme potencial espiritual. En gran medida, se entiende que la misma energía creativa del universo -aquella que hace galaxias, planetas, plantas y personas- se puede sintonizar en el sexo, una energía que sube y baja por la columna, en un circuito entre la cabeza y los genitales. La mejor forma de sintonizar y hacer consciente esta energía, según enseñan diversas tradiciones espirituales, es observando la respiración. El aliento o aire de la respiración es llamado el caballo (la energía) que la mente monta. Como dice el Atharvaveda en su famoso himno al prana:

Alabado sea el Aliento Vital,

Él gobierna el mundo, maestro de todas las cosas...

Alabado seas tú, Aliento,

cuando vienes y alabado seas cuando vas. 

Cuando te alzas y cuando te quedas quieto,

a ti nuestras alabanzas.

El maestro tántrico shaíva Abhinavagupta escribe: "La creación y la absorción están establecidas juntas dentro del aliento vital". En la inhalación y en la exhalación se repite la creación y destrucción del universo. Tener esto presente, aunque sea sólo como un fondo poético, crea una dimensión de erotismo cósmico que nos permite darle un significado más vasto a la respiración y en general a todos los actos, pues en todo acto existe este prototipo de expansión-contracción, sístole-diástole, el solve et coagula alquímico. 

Con esto en mente, proponemos aquí una sencilla meditación. Fundamentalmente, esta meditación consiste en ser conscientes de la respiración durante el acto sexual y, mejor aún, desde el coqueteo previo. Se puede llevar la atención a la zona abdominal donde se presentan movimientos rítmicos en relación a la inhalación y a la exhalación, o también se puede llevar la atención a las sensaciones que produce el aire en las fosas nasales.

Estar atentos a la respiración permite dos cosas. Por una parte, nos hace darnos cuenta de que la relación sexual funciona como un ritmo y con ello nos acerca a la posibilidad de sincronizar nuestros ritmos, hacer del sexo una danza. Asimismo, nos hace mantenernos necesariamente en el presente; esto nos da, obviamente, más presencia, nos mantiene en el cuerpo plenamente y nos ubica en la riqueza de las sensaciones. Así, no entramos en el mundo de la fantasía, el miedo y la esperanza y demás rumiaciones mentales que hacen que no estemos del todo ahí. La atención al presente es plenitud.

Un nivel más sofisticado es percatarse de los movimientos sutiles de la energía que van ligados al flujo del aire en el cuerpo, particularmente en lo que en el yoga se conoce como el canal central, una especie de conducto en el cual se reúnen las energías masculinas y femeninas, o las energías solares y lunares.

La cúspide de esta meditación es sincronizar la respiración, mantener los ojos abiertos, mirándose de frente hasta llegar al orgasmo. Esto puede ser algo bastante difícil de lograr, ya sea porque el placer tiende a hacernos cerrar los ojos (en la llamada petite mort del sexo) o porque sostener la mirada de alguien durante mucho tiempo puede ser difícil, pero si hay mucha confianza y apertura aquí yace una especie de portal de claridad y compasión hacia la luz infinita que brilla en la mirada. Se recomienda practicar esta meditación en la posición que en el budismo tántrico llaman yab-yum, con la mujer sentada sobre el hombre, frente a frente, como aparece en el arte tántrico.

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Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/03/2018

A veces la toxicidad emocional de una persona o un ambiente puede traspasarse a tu vida, pero si no quieres que sea así, puedes evitarlo

En la vida cotidiana es más o menos inevitable encontrarnos en situaciones que nos desagradan, nos molestan o nos desaniman. A veces se trata de situaciones inesperadas en las que nos vemos envueltos sin saber muy bien cómo o por qué. En otras, se trata del orden “natural” de la existencia humana: los problemas del trabajo, los conflictos con la pareja o la familia, la dificultad de la propia vida, etcétera.

Sin embargo, que esas situaciones sean inevitable o propias de la vida no quiere decir que, al experimentarlas, tengamos que “sufrirlas”. Es decir, sin duda es necesario encararlas, porque forman parte de la vida, pero ello no implica añadirles una especie de sufrimiento suplementario que las hace doblemente pesarosas. Nada de eso. Se trata, en todo caso, de una adversidad que es necesario entender y resolver de la mejor manera posible, pero en esa ecuación el sufrimiento no tiene un lugar per se.

Los cinco consejos que presentamos a continuación tienen dicha orientación. Invitan a no dejarse llevar por la perspectiva innecesariamente pesimista con que algunas personas acometen la vida y que, a su vez, transmiten a los demás o a los ambientes en donde se encuentran. 


“Todo está mal…” ¿Pero eso es cierto?

Las personas que son capaces de desanimar a otras suelen transmitir una perspectiva de la realidad particularmente negativa, porque así es como experimentan su propia vida. Sus temas de conversación pueden ir de una enfermedad a la situación terrible que se vive en cierta parte del mundo, sus problemas o los de otras personas, lo difícil que es todo, lo horrible que es el trabajo que tienen o el lugar donde viven, lo mucho que sufren con su pareja, etc. En una palabra: malestar. 

En este sentido, luego de estar con alguien así es posible que nosotros mismos nos “contagiemos” de su manera de ver las cosas y empecemos a no ver más que la dificultad, los problemas, el sufrimiento, etc. Y aunque, en efecto, esto puede ser o es real, ello no significa que la única manera de entenderlo sea desde la queja estéril o la visión pesimista de la existencia. 

Así, es importante encuadrar nuevamente la perspectiva y preguntarse: ¿es cierto que todo en la vida, en mi vida, está mal? ¿O esa es sólo la versión de otra persona, que mira las cosas de ese modo?

 

Apóyate en ti mismo

¿Por qué la “toxicidad” emocional de un individuo o de un ambiente afecta a unas personas y a otras no? La respuesta a esta pregunta puede ser múltiple, pero hasta cierto punto parece posible decir que en el segundo caso se trata de gente que no se deja afectar, ya sea porque tienen bien cultivada cierta indiferencia o, en la mejor de las situaciones, porque tienen la confianza suficiente en sí mismos como para no dejarse arrastrar en la corriente de pensamiento o conducta de otros.

En este sentido, se trata de una forma de ser que evoca el consejo que dio Marco Aurelio en sus Meditaciones: “Sé fuerte como las rocas que las olas del mar no dejan de golpear: se mantienen firmes mientras que a sus pies la espuma se agita y desaparece”.

Cultiva esa confianza en ti necesaria para no perder pie, para que las olas, en efecto, se presenten y quizá te golpeen, pero no te hagan caer, porque eres lo suficientemente firme en tus convicciones, tus objetivos y tus ideas.

 

¿Te sientes angustiado? ¿Por qué?

Una de las ideas centrales del psicoanálisis es que la angustia es una señal que no engaña. De todas las emociones que el ser humano puede experimentar, la angustia es la única que no puede compararse con ninguna otra, que arriba ella misma, sin confusiones de ningún tipo. La angustia se presenta y nos pide poner atención de inmediato en nuestra existencia. Si después de un día particularmente difícil sientes esa angustia, más que intentar evitarla, pregúntate por qué sientes eso. 

¿Estar con ciertas personas en especial te provoca esa angustia? ¿Dejar pasar cierto tipo de situaciones o comportamientos? ¿Hay cosas que te molestan pero prefieres no señalarlas, por temor a iniciar un conflicto? 

Debido a la formación del ser humano, la mayoría de nosotros estamos habituados, inconscientemente, a eludir la angustia: con comida, con alcohol, con la compañía de otros, con entretenimiento, etc. Pero este es un patrón de conducta que nos mantiene en una etapa de “minoría de edad”, en la que no hemos tomado conciencia de nuestra capacidad de encarar la vida con los recursos de nuestro entendimiento.

 

Haz algo que te haga sentir bien

En ocasiones, después de un día difícil puedes recurrir a algo que te ofrezca una experiencia de bienestar auténtica. Ver a una persona muy querida, quizá comer ese chocolate que hace tiempo guardas en tu alacena, pasar al cine a mirar una película que te causa curiosidad, hacer ejercicio, etc.

Sólo ten cuidado con la trampa de la evasión. No se trata de que eludas tus problemas o tu propio malestar mirando la televisión, comiendo o comprando cosas, por ejemplo, pues en el fondo esto implica no hacer nada con lo que te molesta, es decir, intentar “remediarlo” con una solución que en realidad lo deja en el mismo lugar donde está.

Recurre a ese placer una vez que hayas entendido para ti mismo (a) que te sientes mal, por qué te sientes mal y qué necesitas hacer para resolver realmente ese malestar.


Regresa a lo tuyo

Después de pasar tiempo enfrascados en algún problema, rodeados de personas que fomentan el malestar o en ambientes emocionalmente arduos, podemos sentirnos un tanto “fuera” de nosotros mismos, como si hubiéramos perdido la brújula o como si se tambalearan nuestras propias ideas de la vida y del mundo.

Si es el caso, recupera la conciencia de ti. Date cuenta de que cada quien habla de la existencia tal y como la experimenta, pero ello no quiere decir que su perspectiva sea ni la correcta ni la verdadera. Igualmente, aprende a diferenciar entre tu responsabilidad y la responsabilidad de otros, entre tus problemas y los problemas de otros y, finalmente, a confiar en la capacidad de cada persona de hacerse cargo de su propia vida.

Si eres capaz de entender esto, entonces ocúpate de lo tuyo, de aquello que, como dijera Epicteto, sí te corresponde.

 

La dificultad es propia de la vida porque ésta lo tiene casi siempre todo en contra; no obstante, ese es justamente su motor. Porque la vida es difícil es necesario esforzarse por continuar con vida, trabajar para disfrutarla y, en el caso del ser humano, entenderla para vivirla con plenitud.

 

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Imagen de portada: Broken isn't Bad