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El método de Cornell para tomar apuntes mejorará notablemente tu aprendizaje

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/30/2018

Este método desarrollado en la Universidad Cornell permite tomar notas de tal modo que éstas contribuyan al proceso de aprendizaje

Tomar apuntes es una de las actividades fundamentales de la educación, en prácticamente cualquier campo. Ya sea que se trate de una formación escolarizada o de una que emprendamos por gusto propio, los apuntes son uno de los recursos más elementales y útiles para consolidar el aprendizaje, pues además de que nos permiten guardar memoria de lo aprendido, son la materia básica para emprender después el estudio, la rectificación, la reflexión y otras acciones que completan el ciclo del conocimiento. 

En ese sentido, los apuntes pueden tener tantas formas como personas se encuentren a la escucha de una lección. Muchas veces, por considerarlo una actividad tediosa, solemos creer que lo único de lo que se trata es de transcribir aquello que el maestro dice, pero en realidad la hoja en blanco es un espacio abierto que ofrece múltiples posibilidades. Dibujos, esquemas, subrayados, garabatos incluso: en realidad, es posible agregar cualquier cosa que sea significativa para quien toma notas.

Los videos que compartimos a continuación explican detalladamente el sistema de toma de apuntes de una de las universidades más prestigiosas del mundo, la Universidad Cornell, en Estados Unidos (en donde, por cierto, Vladimir Nabokov dio algunos cursos memorables sobre la literatura rusa, la literatura europea y sobre el Quijote).

El primer video es una descripción del método original, mientras que el segundo se presenta como una “mejora” a éste. En ambos casos se trata de una forma ingeniosa y de algún modo nueva de concebir la toma de notas, orientada a mejorar el proceso de adquisición de conocimiento.

Los videos están en inglés, pero es posible usar la herramienta de traducción de subtítulos para lograr una compresión suficiente. Igualmente, agregamos al final una imagen que resume grosso modo este sistema.

Para terminar nos gustaría recordar que la educación no se limita necesariamente a la escuela y, en ese sentido, una persona puede tomar apuntes de prácticamente cualquier disciplina que esté aprendiendo y en la que quiera mejorar. En el caso del ser humano, la memoria, la reflexión y la acción son los caminos necesarios para progresar.

 

También en Pijama Surf: 5 formas de pasar por la escuela sin que ésta afecte tu formación

 

Imagen de portada: Vladimir Nabokov en su escritorio, 1957, Cornell University Faculty Biographical Files

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Una preciosa coincidencia en la etimología del nombre de las diosas Tara y Kore

Los ojos no sólo son las "puertas del alma", son también las moradas de la divinidad inmanente. En los Vedas se dice que el ojo derecho es el habitáculo de Indra y el derecho de Indrani (Viraj). De otra manera, los ojos, y más aún el centro de los mismos, le pertenecen a dos queridas divinidades femeninas: Tara, una de las principales diosas tántricas budistas, adorada también en el hinduismo, y Kore, la diosa griega identificada con Perséfone y con Isis en algunos textos herméticos.

Tara (तारा, tārā) y Kore (κόρη), las dos diosas virginales que ayudan a cruzar al otro mundo, coincidentemente, en sánscrito y en griego, son también la pupila del ojo. Kore significa literalmente "niña", "doncella" y también "pupila", es la eterna niña de los ojos y la virgen del mundo. La puerta por la que penetra la luz. Tara es la diosa del amor y la compasión, la madre universal, y en el budismo mahayana es la bodhisattva que nace de una lágrima de Avalokiteshvara y jura no "cruzar" hacia el nirvana hasta liberar a todos los seres sintientes. Tārā significa "pupila" y también "estrella"; de la raíz verbal tṛ, "cruzar", "atravesar". Poéticamente, cruzar hacia el mundo divino, hacia la luz, superando el océano del samsara.

Kore (Perséfone) es la diosa que pasaba la mitad del año en el inframundo, pero cuyo regreso significa la renovación de la vida; su misterio era enseñando en los ritos de Eleusis, en los que los iniciados tenían una visión de la inmortalidad del alma. Ella era la que enseñaba que la semilla debía morir para vivir, para renacer en una nueva tierra a una vida espiritual.

Plutarco nos regala una curiosa etimología para la palabra kīmiyā (de donde viene "alquimia"); el sacerdote de Delfos nos dice que "chēmia" es la "tierra más negra", un cognado del nombre que daban a su tierra los propios egipcios, "km.t" (keme). Plutarco, según Aaron Cheak, identifica el nombre de Egipto no sólo con "la tierra más negra" sino con la negrura de las pupilas de los ojos, y sugiere que la tierra negra y las pupilas son "los perfectos receptores de la semilla dadora de vida", es decir, de la luz.

 

Nos dice Coomaraswamy que Śaṅkara llama a la pupila "la estrella negra" ((kṛṇṇa-tārā) y la considera: 

'el agujero en el cuerpo' (deha-chidram). Como tal, corresponde a la abertura o agujero en el cielo (divaś chidram), como el agujero del eje (yathā kham) de una rueda (Jaiminīya Upaniṣad Brāhmaṇa I.3.6, 7); es decir, corresponde a la Puerta del Sol, normalmente ocultada por sus rayos, pero visible cuando se retiran éstos, como ocurre en la muerte. De la misma manera que uno puede ver a través de la Puerta del Sol adentro del Brahma-loka, así, a través del ojo, uno puede ver a la Persona inmanente, de quien el ojo es la apariencia.

Coomaraswamy alerta sobre otra interesante etimología: "La raíz, igualmente en ākāśa y en cakṣus, ojo, es kāś, brillar o ver". El espacio y la luz son indivisibles, e igualmente la conciencia -los "fenómenos" (palabra que viene de la raíz griega phanein que significa "brillar" "mostarse", como el dios Fanes, el Eros órfico) que se revelan en el ojo de la mente-, es indivisible del espacio y la luz. Esto coincide con la teoría antigua de la visión, tanto platónica como india: ver es lo que ocurre cuando el fuego interno o los rayos de los ojos chocan con el objeto, pues el ojo mismo es un espejo microcósmico del Sol, más aún es el Sol en pequeño. "El Sol, deviniendo visión, entró en los ojos", dice el texto védico Aitareya Āraṇyaka (II.4.2.). Por eso luego Goethe: "si el ojo no fuera como el Sol, ¿como percibiríamos la luz?"  

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Las dos diosas de las pupilas nos recuerdan que que lo trascendente -la otra orilla, la vida eterna, el ser inmortal- es también lo más inmanente, en el centro de nuestros propios ojos yace la luz del infinito. La pura experiencia del ser, el dato puro subjetivo, el mundo que se revela en nuestra conciencia a través de la luz de la mirada, es ya la experiencia del ser trascendente, infinito y divino.

Tara y Kore, como dice San Agustín de Dios, están "superior summo meo" -más allá de mi más suprema altura-, pero también "interior intimo meo" -más adentro que mis profundidades más íntimas-.

 

Twitter del autor: @alepholo

Sobre este tema lee tambiénLas ventanas del alma, por Ananda Coomaraswamy