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Este rasgo de personalidad asegura una vida larga (y posiblemente feliz)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/22/2018

Esta capacidad está asociada con un estilo de vida saludable, en todos los aspectos de la existencia

¿Cuál es el secreto de la longevidad? ¿Es la dieta o el ejercicio físico? ¿El consumo de determinado tipo de alimentos o las relaciones personales significativas y duraderas? ¿O acaso la genética o habitar en determinados lugares, como han sugerido algunos?

De acuerdo con un estudio realizado por Margaret L. Kern y Howard S. Friedman (de las universidades de Melbourne y California en Riverside, respectivamente), el verdadero secreto de una vida larga y posiblemente feliz es un único rasgo de personalidad, esto es, un componente de la psicología y la conducta del individuo.

Dicho rasgo es la toma de conciencia. Dicho así parece escueto, pero en realidad se trata de una capacidad mucho más amplia de lo que solemos creer, y también muy poco desarrollada. 

Como han observado diversos pensadores e investigadores a lo largo de la historia, lo más común es que el ser humano viva sujeto a su inconsciente, esto es, a ideas sobre la realidad y la vida que nunca ha explorado o cuestionado pero que, aun así, utiliza sin darse cuenta para tomar o evitar decisiones y acciones en su existencia.

¿Por qué, por ejemplo, aunque muchas personas saben que una dieta saludable es fundamental para preservar la salud, parecen incapaces de comer más frutas y verduras, o de beber más agua? ¿Por qué las personas fuman, incluso a sabiendas de los daños que el tabaquismo ocasiona? ¿Por qué se bebe alcohol en exceso? ¿Por qué cuesta tanto abandonar un estilo sedentario de vida?

En buena medida, todas esas dificultades están asociadas con los aprendizajes subjetivos que cada persona acumuló a lo largo de sus primeros años de vida, mismos que se desarrollaron al hilo de al menos dos circunstancias específicas que los vuelven inconscientes: los recursos cognitivos todavía incompletos de la niñez y, por otro lado, la relación de dependencia hacia la figura que cuida del niño.

La toma de conciencia, en ese sentido, es un proceso que por definición va a contracorriente y que, por ello mismo, no todas las personas emprenden. Ir en contra de lo aprendido no es únicamente poner en duda ideas o suposiciones, lo cual es relativamente sencillo, sino también ir en contra de una cultura, un contexto social e histórico y, más difícil aún, en contra de personas a quienes nos unen lazos afectivos (como es el caso de los padres u otras figuras tutelares afines).

Sin embargo, como sugirieron Immanuel Kant y René Descartes (entre varios otros), la “mayoría de edad” se alcanza cuando el ser humano es capaz de usar verdaderamente su capacidad de razonar, esto es, cuando es capaz de distinguir entre las ideas heredadas y aquellas que se formó con su propio juicio (al respecto puede consultarse el ensayo ¿Qué es la Ilustración?, de Kant, y la primera parte del Discurso del método, de Descartes).

En el caso del estudio que reseñamos, los investigadores analizaron estadísticas y otras investigaciones relacionadas con el estilo de vida de 8 mil 900 personas alrededor del mundo, en relación con distintos indicadores de personalidad. 

En sus observaciones encontraron que el rasgo conceptualizado como la toma de conciencia se encuentra vinculado a una mayor certeza en la predicción de la esperanza de vida de una persona, así como hábitos de vida más saludables y, por último, a una inclinación de la persona a encontrarse en contextos personales y sociales positivos (por ejemplo, trabajos satisfactorios, relaciones de pareja estables, etcétera).

Los beneficios, sin duda, son mayúsculos, pero como señala Margaret Kern, uno de los principales desafíos que la toma de conciencia enfrenta, en tanto rasgo de personalidad, es que sus efectos no suelen ocurrir en lo inmediato. 

De ahí también que muchas personas se desalientan cuando emprenden el proceso de tomar sus propias elecciones, cometer sus propios errores y, en general, vivir de acuerdo a los principios elegidos. Ante la falta de resultados favorables, pareciera que es mejor vivir de acuerdo a lo que siempre se ha hecho que intentar cosas nuevas, poner a prueba nuevas premisas y arriesgarse a actuar de otro modo.

Sin embargo, como señala el estudio, a largo plazo los resultados de bienestar parecen encontrarse siempre entre quienes son capaces de encarar dicho proceso, que conduce a vivir como personas responsables de sí mismas.

 

También en Pijama Surf: Qué es un yo fuerte y por qué es tan difícil desarrollarlo, según Sigmund Freud

 

Imagen de portada: Un monje, de Abram Arkhipov (1891; detalle)

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Atención sexual plena: una meditación para realizar durante el sexo

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/22/2018

Una meditación para utilizar la energía de la respiración y llegar al éxtasis erótico

Nunca antes en la historia de la humanidad se había hablado tanto sobre el sexo, y nunca antes se habían elogiado tanto los beneficios de una vida sexual plena. Sin embargo, aunque esto puede ser digno de celebrarse, también tiene sus aspectos negativos, pues ante la inundación y banalización de lo sexual, en ocasiones el sexo pasa a ser algo ordinario que se realiza más como un deporte o una obligación y no se cataliza su potencial transformador, extático, espiritual. Asimismo, el bombardeo de imágenes sexuales y la profusión de la pornografía hacen que muchas personas introyecten una imagen sexual basada en una (ir)realidad falocéntrica o simplemente egoísta y hedonista, que incluso llega a ser patológica. Generalmente, llevamos estos fantasmas culturales a nuestras relaciones y podemos distraernos del presente desnudo de los cuerpos, la respiración y la energía, al enfocar nuestra atención en estas fantasías que no son auténticamente nuestras.

No obstante, el sexo nos presenta una oportunidad magnífica de desnudarnos tanto física como emocional y espiritualmente; de ser realmente quienes somos y de entrar en contacto con nuestros cuerpos de una manera no mediada. El placer como gran eje nos ancla y nos centra y nos lleva al presente, si nos mantenemos atentos y fluimos. En otras palabras, nuestra práctica sexual se beneficia enormemente si dejamos de pensar a la hora de relacionarnos y, más bien, sentimos y nos dejamos llevar por las sensaciones. Para esto, sin duda la meditación puede ayudar mucho. Meditar antes, pero también meditar durante el sexo.

Para numerosas culturas -aunque especialmente aquellas que nacen en la India- el sexo es un momento de enorme potencial espiritual. En gran medida, se entiende que la misma energía creativa del universo -aquella que hace galaxias, planetas, plantas y personas- se puede sintonizar en el sexo, una energía que sube y baja por la columna, en un circuito entre la cabeza y los genitales. La mejor forma de sintonizar y hacer consciente esta energía, según enseñan diversas tradiciones espirituales, es observando la respiración. El aliento o aire de la respiración es llamado el caballo (la energía) que la mente monta. Como dice el Atharvaveda en su famoso himno al prana:

Alabado sea el Aliento Vital,

Él gobierna el mundo, maestro de todas las cosas...

Alabado seas tú, Aliento,

cuando vienes y alabado seas cuando vas. 

Cuando te alzas y cuando te quedas quieto,

a ti nuestras alabanzas.

El maestro tántrico shaíva Abhinavagupta escribe: "La creación y la absorción están establecidas juntas dentro del aliento vital". En la inhalación y en la exhalación se repite la creación y destrucción del universo. Tener esto presente, aunque sea sólo como un fondo poético, crea una dimensión de erotismo cósmico que nos permite darle un significado más vasto a la respiración y en general a todos los actos, pues en todo acto existe este prototipo de expansión-contracción, sístole-diástole, el solve et coagula alquímico. 

Con esto en mente, proponemos aquí una sencilla meditación. Fundamentalmente, esta meditación consiste en ser conscientes de la respiración durante el acto sexual y, mejor aún, desde el coqueteo previo. Se puede llevar la atención a la zona abdominal donde se presentan movimientos rítmicos en relación a la inhalación y a la exhalación, o también se puede llevar la atención a las sensaciones que produce el aire en las fosas nasales.

Estar atentos a la respiración permite dos cosas. Por una parte, nos hace darnos cuenta de que la relación sexual funciona como un ritmo y con ello nos acerca a la posibilidad de sincronizar nuestros ritmos, hacer del sexo una danza. Asimismo, nos hace mantenernos necesariamente en el presente; esto nos da, obviamente, más presencia, nos mantiene en el cuerpo plenamente y nos ubica en la riqueza de las sensaciones. Así, no entramos en el mundo de la fantasía, el miedo y la esperanza y demás rumiaciones mentales que hacen que no estemos del todo ahí. La atención al presente es plenitud.

Un nivel más sofisticado es percatarse de los movimientos sutiles de la energía que van ligados al flujo del aire en el cuerpo, particularmente en lo que en el yoga se conoce como el canal central, una especie de conducto en el cual se reúnen las energías masculinas y femeninas, o las energías solares y lunares.

La cúspide de esta meditación es sincronizar la respiración, mantener los ojos abiertos, mirándose de frente hasta llegar al orgasmo. Esto puede ser algo bastante difícil de lograr, ya sea porque el placer tiende a hacernos cerrar los ojos (en la llamada petite mort del sexo) o porque sostener la mirada de alguien durante mucho tiempo puede ser difícil, pero si hay mucha confianza y apertura aquí yace una especie de portal de claridad y compasión hacia la luz infinita que brilla en la mirada. Se recomienda practicar esta meditación en la posición que en el budismo tántrico llaman yab-yum, con la mujer sentada sobre el hombre, frente a frente, como aparece en el arte tántrico.