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¿Qué son las pesadillas lúcidas y por qué tienen gran potencial de sanación?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/10/2018

Los sueños lúcidos, como también las pesadillas lúcidas, son escenarios de exploración y sanación psiconáutica

Los sueños lúcidos son aquellos sueños en los que el soñador sabe que sueña y durante al menos algunos momentos, experimenta su sueño -toda su difusión onírica- como presencia consciente. El término fue acuñado en 1911 por Frederik van Eeden, quien también reportó la existencia de "pesadillas lúcidas". La diferencia estriba en que en una pesadilla lúcida el soñador sabe que está soñando pero aun así se ve involucrado en una situación terrorífica, ya sea que esté lidiando con demonios, monstruos, entidades extrañas o con una situación que produce terror. 

En muchas ocasiones las pesadillas son detonadoras de sueños lúcidos, justamente cuando la persona que está sufriendo dramáticamente en el sueño -por el exceso de ese mismo sufrimiento- se da cuenta de que es un sueño y de que, por lo tanto, la situación que le produce terror no es real. En ocasiones despertamos por el miedo; en otras, el miedo o lo extraordinario de la pesadilla nos hace despertar pero dentro del propio sueño, lo cual es muy liberador.

La pesadilla lúcida, sin embargo, es distinta, pues nos enfrenta con una situación que no pierde su cualidad de terror pese a que sabemos que estamos soñando. 

Según un estudio reciente, en el que se analizó a 600 soñadores, las pesadillas lúcidas tienen las siguientes características:

  • Hay conciencia sobre el estado de sueño.
  • No obstante, hay una sensación importante de falta de control.
  • Perdura el miedo intenso.
  • Se presentan personajes violentos que parecieran tener autonomía más allá de la persona que sueña, e incluso deciden de manera contraria a los deseos de la misma persona.
  • Hay una incapacidad para despertar.

En las pesadillas lúcidas se empalman aquellas experiencias conocidas popularmente como la "subida del muerto" y, de manera más científica, la "parálisis del sueño", si bien estas extrañas intrusiones del proceso de REM pueden o no ser pesadillas lúcidas.

Ahora bien, existe un potencial poco explorado con la pesadilla lúcida de sanar o, al menos, de lograr una aceptación y asimilación de las profundidades inconscientes de la mente. Si es que no consideramos que nuestros sueños son mera basura psíquica sin mayor significado, entonces las pesadillas lúcidas podrían reflejar ciertos contenidos que pueden ser traumáticos o arquetípicos, que pueden impedirnos crecer o simplemente estar en paz. Como ocurre con un videojuego, la pesadilla lúcida nos enfrenta con el "monstruo" del final del nivel de una manera que nos permite tomar decisiones con cierta conciencia y de esta forma, si podemos superar y vencer al personaje que nos enfrenta y convertir la pesadilla lúcida en un sueño lúcido, es probable que podamos superar ciertas fronteras y escollos de nuestro inconsciente. Si seguimos la psicología analítica de Jung, hasta que no confrontemos estas profundidades sombrías de nuestra mente difícilmente podremos ser personas completas, realmente individuadas. Así que, si bien uno difícilmente buscaría producir una pesadilla lúcida -a diferencia de un sueño lúcido, que es un deleite psiconáutico-, la pesadilla lúcida nos ofrece una interesante oportunidad de autoconocimiento. Estamos conscientes ante nuestros miedos, y esto es algo único y muy valioso si somos capaces de poner atención.

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Día de Muertos: Memento mori y el simbolismo de las calaveritas de azúcar

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/10/2018

La muerte dulce que nos recuerdan las calaveritas

Todas las culturas han celebrado y venerado a sus muertos, pero esto llegó a un nivel especial en el caso de las culturas precolombinas. Sabemos, por ejemplo, que en el calendario mexica se tenían seis diferentes fechas dedicadas a los muertos. Lo que hoy celebramos como el Día de Muertos, es un sincretismo de las viejas prácticas precolombinas con las tradiciones católicas coloniales. Se cree que la celebración que se transformó en el actual  Día de Muertos era en realidad un festejo de todo 1 mes que se dedicaba a la deidad de la muerte, Mictecacíhuatl, que el arte popular ha transformado en La Catrina. Actualmente esta celebración, con todo su color e ingenio artístico, es considerada Patrimonio de la Humanidad.

Una de las cosas que más llaman la atención en este caso -al menos para los extranjeros- es la costumbre de comerse calaveritas de azúcar, pues a algunas personas les parece un acto mórbido o tétrico, o incluso un oxímoron (que coloca en una relación paradójica al sujeto: vivir de la muerte). Se cree que esta costumbre reemplazó la tradición que tenían ciertas culturas precolombinas de mantener con ellos los cráneos de los muertos. En el caso de los mexicas, existía la tradición de los tzompantlis, altares con la base decorada con cráneos tallados en piedra y estacas en la zona superior para ensartar la cabeza de los sacrificados. Se ha teorizado que esta práctica subyace en el fondo simbólico de las tradiciones, si bien, obviamente, con una reemergencia folclórica mucho más colorida y menos sanguinaria. La muerte se vuelve dulce en la tradición del Día de Muertos que conocemos. Y esta es la particularidad que llama tanto la atención: que por el talante del mexicano, la muerte deja de ser sólo triste y trágica, y se convierte en alegre y creativa. 

Esta presencia de las calaveritas de azúcar ha sido también asociada con la idea de Memento mori, esto es, un recordatorio de que vamos a morir y de que debemos saber morir. Recordar la muerte ha sido un recurso filosófico y espiritual para numerosas tradiciones. Tenemos por ejemplo a Sócrates, para quien la filosofía es un entrenamiento para la muerte, o el caso de los monjes budistas que meditan contemplando cuerpos muertos o imaginando su propia muerte para, de esta manera, motivarse a practicar y no desperdiciar "la preciosa vida humana".

Normalmente, la frase latina Memento mori se traduce como "Recuerda que morirás", pero literalmente significa "Recuerda morir". Aunque la diferencia es sutil, es significativa, como ha notado David Bentley Hart, experto en lenguas antiguas. La calaverita de azúcar o las calaveras que en el pasado algunas personas mantenían en su escritorio no sólo nos recuerdan la muerte que vendrá, sino la muerte que ya está sucediendo. El Memento mori es también un aprender a morir en el presente. Simone Weil escribió: "La muerte es lo más precioso que se le ha dado al hombre. Por esa razón hacer un mal uso de la misma constituye una impiedad suprema... Tras la muerte, el amor".