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La Idea o Forma platónica es la esencia, principio o estructura inmaterial que configura la realidad del mundo sensible

La Idea o Forma platónica es la esencia, principio o estructura inmaterial que configura la realidad del mundo sensible. Dado que es inmaterial, es incorpórea. Por ende, no posee volumen, no ocupa un lugar en el espacio: no se “localiza” espacialmente en ninguna parte. Asimismo, dado que no se compone de elementos que puedan dispersarse como ocurre con los cuerpos, sino que es una unidad indivisible, la Idea tampoco está sujeta al devenir: es inmutable y eterna. Es fuera del tiempo y del espacio. Así, por ejemplo, la Idea de Belleza no se sitúa en ninguna parte, ni a mi derecha ni a mi izquierda, ni arriba ni debajo, ni dentro ni fuera, y no posee un número de centímetros de ancho y de largo, sino que carece de cuerpo y localización. No obstante, su ser es real: se da en otro nivel de realidad, que Platón llama el mundo inteligible. La Belleza tampoco deviene, porque sólo lo que se encuentra en movimiento deviene, y el movimiento es una condición que sólo se da en el espacio (sin espacio no hay movimiento). Las Ideas, sin embargo, como vimos, no ocupan espacio ni extensión. Asimismo, la Belleza es real, de lo contrario no podrían existir objetos bellos. Así como sin materia no pueden existir objetos materiales, sin Belleza no cabe la existencia de objetos bellos. Del mismo modo en el cual los objetos materiales participan de la materia, así los objetos bellos participan de la Belleza. Participan de ella en mayor o menor grado de acuerdo a su nivel de la misma, es decir, de su proximidad o semejanza a ella. Según Platón, las Ideas son la realidad por excelencia, y los objetos del mundo sensible son en la medida en la que participan de las Ideas. Estas se captan o aprehenden o se “ven” con el intelecto, por lo que son llamadas inteligibles. La “visión” del intelecto es más penetrante y real que la que se da a través de los sentidos: la visión intelectual es infalible y directa, mientras que la sensorial es mediata y falible. Cabe decir que la Idea platónica es inteligida en la medida en que se la descubre: la Idea tiene que ser para poder inteligirse. No es una creación del pensamiento: por más que me proponga crear la idea de que 1 + 1 = 6, la realidad me desmentirá con el hecho de que 1 + 1 = 2. En definitiva, en la realidad son, como muestran las matemáticas, estructuras preexistentes que no podemos modificar, sino sólo captar. Las Ideas, en definitiva, son autosuficientes o autónomas, son por sí mismas, son independientes de la inteligencia que las intelige, porque existen en sí mismas sin necesidad de ella. Es en este sentido que Platón afirma que las Ideas están “separadas” del mundo sensible: se trata de una “separación” de índole cualitativa. Están “separadas” porque no son subjetivas, sino objetivas.

Al revés, un concepto en sentido psicológico es una representación mental subjetiva indisolublemente ligada a la mente que la piensa. Carece de realidad efectiva: es sólo virtual. Se considera, además, una creación de la mente humana, que tiene un principio y un fin, dado que nace con la mente que lo piensa y muere con la misma cuando ésta cesa de pensarla. Se puede afirmar que los conceptos así entendidos son marcos de referencia que el mismo sujeto crea para clasificar y comprender su entorno, y para poder comunicarse. No obstante, la noción psicológica de concepto es extraña. Si el concepto está privado de realidad efectiva, no correspondiéndose con ninguna realidad, ¿qué es entonces? Lo que cumple una función debe ser real o corresponderse con una realidad existente: si no, ¿para qué designar lo que no existe ni es? Si es una creación de la mente humana, ¿a partir de qué lo crea y con qué? Además, ¿cómo algo inmaterial puede llegar a ser y dejar de ser? Y si es material, ¿es el concepto acaso un cuerpo que circula en el cerebro? Ciertamente, no comprendo la noción psicológica de concepto. 
La forma en sentido físico es un reflejo corpóreo de la Forma incorpórea y metafísica. Verbigracia, los círculos físicos del mundo sensible son copias, reflejos imperfectos o aproximados del círculo en cuanto principio matemático inteligible, es decir, en cuanto Idea. En el mundo sensible, de hecho, no existe el Círculo como tal, ya que los “círculos” que percibimos en el mundo no son plenamente redondos, sino sólo figuras que se asemejan a este modelo de redondez que captamos de forma inteligible y aplicamos en las matemáticas. 

 

Sofía Tudela Gastañeta

Blog de la autora: Revolución espiritual

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Filosofía

Por: pijamasurf - 11/15/2018

España modifica ley educativa que hacía de la filosofía una materia marginal en las secundarias y bachilleratos

Una polémica ley -aunque en sintonía con el espíritu (o la falta de espíritu) de nuestros tiempos- en 2013 hizo que en España la filosofía fuera una materia marginal en el bachillerato. La filosofía había quedado limitada a un único curso impartido en primero de bachillerato. La ética había dejado de ser obligatoria, y también la historia de la filosofía. Esto es sin duda algo que hemos observado en numeroso países (aunque con sus diferencias), a decir, el desprestigio de las humanidades en un mundo cada vez más científico-técnico. Un ejemplo de esta horrorosa ley se estaba ya sintiendo en España: profesores de filosofía "reciclados" que ahora daban clases de actividad empresarial.

Es para celebrarse, entonces, que el parlamento español ha revertido esta medida y la filosofía retomará el papel protagónico que le corresponde (o al menos se acercará más a él), como señala un artículo en El País. Ahora la ética y la filosofía se enseñarán en un ciclo secuencial durante los tres últimos cursos de secundaria, algo que las equipara con las matemáticas, la lengua o la historia. 

No debería ser necesario tener que defender a la filosofía, pero justamente por esta enorme ausencia de las humanidades en la vida moderna, muchas personas han olvidado la importancia de desarrollar una mente capaz de pensar por sí misma y de cuestionar no sólo a la sociedad sino la realidad misma y hacerse las preguntas que dan sentido y enriquecen la existencia. En la era de la "posverdad", la filosofía y sus "ramas" -la ética, la lógica, la epistemología, la estética, etc.- son el remedio a indicarse. Como sugiere el editorial de El País, en tiempos en los que las fake news, las cámaras de ecos, la superficialidad de la cultura de las celebridades, los algoritmos orientados al consumo y demás cosas por el estilo ponen en riesgo no sólo la democracia sino los valores esenciales de la civilización occidental, es necesario voltear a la filosofía. Y esto ha motivado a los legisladores y sobre todo a los filósofos, quienes han tenido que "ensuciarse" y hacer labor política -cuyo único fin, como dijo Tomás de Aquino debe ser proveer las condiciones para la vida contemplativa-.

Conscientes del valor de la filosofía como fundamento de convivencia democrática, algunas comunidades autónomas —dentro de sus competencias— han venido dando carácter obligatorio a Historia de la Filosofía. Este desafío, a la postre, será elevado a rango de ley si todos los partidos mantienen firme el compromiso adquirido esta semana.

Sobre este tema hay que mencionar al profesor de literatura Terry Eagleton, quien renunció a su puesto en Oxford, en protesta al manejo de las universidades como empresas capitalistas y a un énfasis en carreras que pueden generar grandes ganancias económicas a las universidades, todo lo cual ha producido un declive en las humanidades, e incluso que ya no se abran ciertas carreras. Eagleton considera que el valor de las humanidades yace en que "no se conforman a las nociones dominantes" y que desarrollan el pensamiento crítico, algo que es urgente en las "burbujas" de la Web.

Al suprimir o marginar a las humanidades de las universidades también perdemos la esencia de la "universidad", el lugar en el que se expande el conocimiento de lo particular a lo universal, lo cual sugiere un amplio abanico, un encuentro de todos los mundos, una totalidad, y no sólo un limitado espectro racionalizado y atomizado conforme a la utilidad y la preponderancia económica. La palabra "universidad" pierde su sentido y por lo tanto, cuando Eagleton ve la gradual muerte de la universidad no está del todo equivocado; las instituciones educativas superiores siguen y seguirán pero tal vez las universidades estén muriendo, porque "el espíritu" original está dejando el cuerpo o el campus. Y, por supuesto, para que tengamos alumnos que quieran cursar una educación superior filosófica y humanista, es necesario plantar las semilla en la educación media. 

 

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