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Esta es la principal aportación que hizo el Buda como pensador

Filosofía

Por: pijamasurf - 11/28/2018

La principal innovación al pensamiento de Gautama Buda, según uno de los más grandes expertos en estudios budistas

A unos 2 mil 500 años de su vida en la Tierra, Gautama Buda sigue siendo uno de los pensadores (por llamarlo de alguna manera) más influyentes de la historia. Su doctrina ha logrado expandirse por todo el mundo, en cierta manera colonizar gran parte de Asia (si bien, en India fue casi erradicada), y es probablemente el pensador religioso que mejor aceptación tiene en la corriente dominante del pensamiento moderno, la ciencia materialista (la nueva religión de nuestros días). Ante esto, resulta natural preguntarnos cuál fue la aportación más importante que hizo este hombre que renunció a una vida palaciega para descubrir la causa del sufrimiento y su posible eliminación.

Para responder esto podemos recurrir a Richard Gombrich, uno de los principales expertos en estudios budistas actualmente, particularmente en el budismo temprano -como fue recopilado en el Canon Pali-, aquel que es considerado por algunas personas el más cercano a las enseñanzas auténticas o no adulteradas del Buda (otros consideran que las enseñanzas esotéricas más elevadas fueron atesoradas en tradiciones orales que dieron lugar al mahayana y al vajrayana). El profesor Gombrich es presidente de la Escuela para Estudios Budistas de la Universidad de Oxford y uno de los académicos con mayor prestigio en el estudio de textos budistas en pali y sánscrito. 

En una conferencia magistral, Gombrich señaló que para él la principal innovación del Buda como pensador -pues lo considera un pensador más que un filósofo, por su enfoque eminentemente pragmático- es su particular entendimiento del karma. Como es sabido, karma significa acción en sánscrito, pero el Buda dijo: "por karma me refiero a intención". Este sencillo giro en el entendimiento de un concepto que ya era muy conocido en el contexto de las Upanishad dio a luz, según Gombrich, a un profundo entendimiento ético de la realidad, único hasta ese momento. De acuerdo con Gombrich, aunque la noción de que un estado mental puede generar karma -una reacción o consecuencia y por lo tanto, una atadura al mundo material- aparece ya en el Brihadaranyaka Upanishad, un texto que el Buda conocía, esta noción es apenas enfatizada en las Upanishad. El Buda, en cambio, creó toda una doctrina ética en torno a ella.

La noción de que la intención con la que se realiza un acto es lo que define su resultado es revolucionaria, especialmente en el contexto védico en el que el Buda se movía, que estaba basado en un rígido sistema de castas que se definían por los tipos de rituales que hacían. La clase alta de brahmanes era justamente aquella que podría realizar los sacrificios, es decir los actos rituales que dirigían el karma, y los cuales debían realizarse de manera estrictamente ortodoxa. Según Gombrich, esta noción de la intención como determinante del karma hizo que la ética "se desenlazara del ritual", y en consecuencia, que el bien y la salvación fueran accesibles a todos. Con esto, universalizó la ética. Una ética que en su sistema, además, era el pilar de la práctica que conducía a la liberación. Pues shila es la piedra angular sobre la que se construyen el samadhi (la concentración pacífica de la meditación) y el prajna (la sabiduría), que juntos son los tres elementos que llevan a erradicar el sufrimiento. El Buda enseñó que las buenas intenciones purificaban la mente y alistaban la mente para la meditación. Esta es la raíz de por qué el Dalái Lama hoy puede decir que su religión es simplemente la compasión.

A veces se dice que la primera aportación del Buda es darse cuenta que la realidad es sufrimiento, su primera noble verdad, pero la idea de sarvam duhkha​m está difundida en todos los sistemas filosóficos de la India, desde antes del Buda. Se trata, por otra parte, de una observación bastante evidente. El Buda, sin embargo, observó que la existencia tenía tres marcas: dukkha (insatisfacción o sufrimiento), anicca (impermanencia) y anatta (o ausencia de yo permanente). Esta última, la ausencia de un atman o yo permanente y por lo tanto una visión del mundo como cambio o flujo perpetuo, suele también citarse como su máxima innovación. Aunque ciertamente es una buena candidata, hay que señalar que esta idea suele confundirse mucho, y a veces se dice que el Buda niega la existencia del yo, algo que es incorrecto. El Buda sólo niega y responde a la noción de atman, el alma eterna inmutable de las Upanishad. Otras personas citan como su más grande aportación la técnica que desarrolló para alcanzar el sendero hacia la liberación. En este sentido podemos encontrar una coincidencia con lo que señala Gombrich, pues ciertamente la ética es parte esencial de su sendero hacia la liberación del sufrimiento. No obstante, algunos enfatizan su desarrollo de la técnica del vipassana, la cual sumó a las ya existentes técnicas para alcanzar el samadhi (o shamata). Sin embargo, es probable que los gérmenes de esta meditación ya se encontraran en ideas upanishádicas como el neti neti, el cual anticipa la práctica del vipassana de preguntarse por la naturaleza de la mente utilizando una vía negativa o apofática. 

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Las 2 condiciones necesarias para ejercer la filosofía son: carecer de sabiduría y amar la sabiduría

En Hipias mayor, Platón sostiene, mediante el personaje Sócrates, que existe una diferencia entre el objeto que participa de una Idea y la Idea en sí, y como ejemplo señala la distinción existente entre algo bello y lo bello en sí mismo. Añade que quien no es capaz de discernir uno del otro no se halla capacitado para la filosofía. El filósofo, por consiguiente, debe ser capaz de remontarse a las Ideas inteligibles que se reflejan en el mundo sensible, sin confundirlas con los objetos en los que se irradian. Quien carece de esta aptitud o visión intelectual no puede ser filósofo. Por lo mismo, una de las condiciones básicas para establecer un dialogo filosófico es reconocer, aunque sea remotamente, los inteligibles.

En el Simposio, Platón señala, por boca de la sacerdotisa Diotima de Mantinea, quien habría iniciado a Sócrates en los misterios del amor, que las dos condiciones necesarias para ejercer la filosofía -y por lo mismo para entablar un dialogo filosófico, teniendo en cuenta que el filósofo es quien filosofa- son: 1) Carecer de sabiduría y 2) Amar la sabiduría. De esta forma, quien cumple con el primer requisito pero no con el segundo, no puede ser filósofo, dado que si comprendemos la filosofía como amor a la sabiduría según su sentido original y etimológico (φιλο = amor, σοφία = sabiduría), tal como Platón la comprendió, quién no ame la sabiduría no puede orientarse hacia ella ni aspirar a ser sabio. Asimismo, quien cumpla con el segundo requisito, cumple necesariamente con el primero, ya que nadie ama aquello que posee, sino aquello de lo cual carece. Por lo mismo, para amar la sabiduría es necesario carecer de ella. Así lo expresa Diotima al narrar el mito de Eros, hijo de Penia, la pobreza, y Poros, el recurso. Dado que Eros fue engendrado el día en el que nació Afrodita, ama la belleza; al igual que su madre, es indigente; y, por último, como su padre, es artífice o bueno en recursos. Eros ama la belleza de la que carece y se empeña, con todos sus recursos, en alcanzarla. El filósofo es similar: como Eros, se encuentra a medio camino entre dos extremos. Uno de ellos es la ignorancia y el otro la sabiduría. Si fuese ignorante, no buscaría instruirse, porque el ignorante no reconoce su carencia de conocimiento; pero si fuese sabio, tampoco buscaría el conocimiento, pues ya lo poseería. Eros, en consecuencia, representa el deseo, la fuerza propulsora o “pasión”, que en el filósofo se ve orientada hacia la sabiduría. 

 

Sofía Tudela Gastañeta

Blog de la autora: Revolución espiritual

Imagen de portada: La escuela de Atenas (1510-1511), de Rafael