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Este enorme bovino no es una vaca y quizá tampoco sea el más grande del mundo

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/30/2018

La imagen de "Knickers" ha recorrido como la red como "la vaca más grande del mundo", pero este título es inexacto

La foto que acompaña esta nota ha circulado con cierta profusión en los medios durante los últimos días, acaso justificadamente, pues no es del todo común ver a un animal que semeja en todo a una vaca con semejantes dimensiones, lo cual es más que suficiente para llamar la atención.

La imagen, que es real, fue tomada el pasado 26 de noviembre en una granja de Perth, Australia, administrada por Geoff Pearson. El animal en cuestión es un ejemplar de la variedad Holstein-Friesian, conocida por la abundancia de su leche y la calidad de su carne, que en este caso pesa 1,400kg y mide 2.02m de altura. Al menos por esto, es posible que sea el animal de su tipo más grande la isla oceánica.

Con todo, es una imprecisión llamarlo una vaca, pues el animal es más bien un buey, esto es, un ejemplar macho castrado en sus primeros años de vida con el objetivo de alterar su desarrollo. Además de esto, ha alcanzado dichas dimensiones porque su vida se ha extendido hasta los 7 años, una cifra inusual en los animales de su tipo.

Cabe aclarar también que en la imagen “Knickers” (que es el nombre que Pearson dio al semoviente) se encuentra entre un rebaño de Wagyus, otra variedad de bovinos usada sobre todo en la producción de carne Kobe, que tiene su origen en la gastronomía japonesa. Los ejemplares de esta variedad son de talla más bien mediana, comparados con la variedad Holstein, entre 20% y 30% más pequeños.

Asimismo, a raíz de esta imagen han surgido otros ejemplos de animales bovinos descomunales. En Canadá, por ejemplo, vive “Dozer”, cuya altura es de 1.95m.

Por último, cabe decir que en ambos casos, tanto para Knickers como para Dozer, sus propietarios han decidido mantenerlos con vida y no conducirlos al matadero (como sucede con el resto de sus semejantes), en buena medida porque por sus dimensiones corporales resultaría difícil o imposible matarlos en dichas instalaciones.

 

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Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/30/2018

De acuerdo con este estudio, cambiar radicalmente de dieta es la única forma de revertir los daños causados por la actividad humana sobre el planeta

En el momento actual, es ya innegable el impacto negativo que la actividad humana ha tenido sobre el equilibrio natural de la Tierra en el último siglo. 

A diferencia de otras especies, la nuestra evolucionó a partir de la transformación del entorno, lo cual eventualmente derivó en la situación en la que nos encontramos hoy en día: las condiciones meteorológicas globales han cambiado radical y aceleradamente en las últimas décadas; numerosas especies se han extinguido por causas relacionadas directamente con el ser humano; la contaminación de los suelos y los mares amenaza la supervivencia de la vida, etcétera. 

La lista de estas consecuencias podría, en efecto, aumentar y, por ello mismo, la pregunta que se impone es, más bien, qué hacer al respecto. Si el ser humano es responsable de la catástrofe ambiental en la que vivimos y que podría agudizarse, ¿no podría ser también artífice de la solución?

En ese contexto, a mediados de este año Joseph Poore y Thomas Nemecek (investigadores de las universidades de Oxford y Zúrich, respectivamente) publicaron un estudio en el que analizaron las acciones inmediatas que es posible emprender y que son capaces de reducir significativamente el impacto humano sobre el medioambiente. 

De todas las opciones exploradas, la única que, a decir de los científicos, se mostró como realmente efectiva, es reducir e incluso suprimir la carne y los lácteos de la dieta cotidiana.

Poore y Nemecek llegaron a esta conclusión luego de analizar el hecho de que de la superficie terrestre destinada a la producción de alimentos, 83% se utiliza para la producción de carne o de productos lácteos, lo cual genera el 60% de los gases de efecto invernadero relacionados con la agricultura y, en contraste, provee únicamente un 18% del total de calorías y 37% de las proteínas consumidas por la población mundial. 

Según este mismo cálculo, si la especie humana dejara de consumir carne y lácteos, la superficie de la Tierra destinada actualmente a la producción de alimentos se reduciría en un 75%, lo cual equivale al territorio combinado de Estados Unidos, China, Europa y Australia. 

Además de la reducción significativa de gases asociados con el calentamiento global que este cambio implicaría, otras consecuencias benéficas de una modificación radical de la dieta humana serían la recuperación de la acidificación natural de los suelos y la limpieza general de los cuerpos de agua que se usan en la producción alimentaria.

De acuerdo con los investigadores, la agricultura es el sector que genera la mayor cantidad de problemas para el medioambiente, pues actualmente supone la transformación o franca destrucción de hábitats enteros, desde las condiciones climatológicas de una región hasta la afectación de las especies (de todos los niveles) que pertenecen a los diferentes hábitats.

Producir 100g de carne de res, por ejemplo, genera 105kg de gases de efecto invernadero, mientras que producir 100g de tofu genera apenas 3.5kg. Es ese desequilibrio el que afecta enormemente el entorno donde se asienta un punto de producción de carne y lácteos. No es casualidad que, como señaló otro estudio, actualmente casi nueve de cada 10 mamíferos sobre la Tierra son ganado o seres humanos.

Poore y Nemecek reconocen que lograr un cambio en este campo no es sencillo, no sólo por los hábitos de dieta y consumo ampliamente extendidos entre la población mundial, sino también por los intereses económicos de dicha industria.

Con todo, el señalamiento está hecho. Después de todo, si la toma de conciencia es generalizada, nada impediría cambiar las cosas. Al menos, hipotéticamente hablando.

 

En este enlace, el estudio de Poore y Nemecek

 

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