*

X
Recurriendo al budismo y al misticismo de Simone Weil, vemos cómo la compasión es la vía regia hacia el despertar o a la deificación

La compasión constituye la esencia de toda práctica espiritual, pues permite liberarse del egoísmo y profundizar en una forma de autoconocimiento que trasciende al propio individuo en su identificación con los demás, con el prójimo, Dios o el mismo universo.  En el budismo la compasión es llamada karuna o maha-karuna (la gran compasión), y en el mahayana y el vajrayana es incluso vista como una especie de sustancia o energía espiritual llamada bodhicitta, la mente o espíritu del despertar. En otras palabras, la compasión -el bodhicitta- es aquello que permite alcanzar la iluminación o el despertar, es estrictamente el método o arte (upaya) para liberarse del sufrimiento del samsara.

Según el gran santo del budismo mahayana, Shantideva: "Ponderando por múltiples eones, los grandes sabios notaron sus beneficios, por los cuales innumerables multitudes son llevadas con suavidad a la alegría suprema”. Los sabios notaron cómo la compasión iba suavizando el corazón y haciendo más flexible y dócil a la mente, hasta el punto de que el bodhicitta es entendido literalmente como una sustancia alquímica:

Como la suprema sustancia de los alquimistas,

toma nuestra carne impura y hace de ella

el cuerpo del Buda, una joya suprema.

Así es el Bodhicitta, en él encuentra tu morada.

Lo que para el budismo es la compasión, para el cristianismo es el "amor al prójimo", como se expresa en el Sermón del Monte, donde Jesús incluso hace referencia a amar a los enemigos y a aquellos que hacen mal. Esta visión es recogida de manera notable por Simone Weil, la filósofa y mística francesa, quien literalmente murió de compasión al solidarizarse de manera radical con las personas que estaban viviendo la ocupación nazi en Francia y comer lo mismo que ellos, en un acto de empatía trascedente. En sus Cahiers -una de las obras maestras del siglo XX- Weil sugiere también que la compasión es un sendero hacia la divinidad, pues lleva a la persona al estado mismo de la divinidad, y "Dios sólo se ama a sí mismo... él quiere, con nuestra cooperación, amarse a sí mismo en nosotros". Weil, quizá influenciada por la Bhagavad Gita que leyó atentamente, señala que la conciencia de que hemos realizado un acto bueno nos produce una recompensa natural, pero nos impide recibir una recompensa supernatural. Es decir, el orgullo, el apego y la satisfacción por lo que hacemos nos impide resonar con la auténtica compasión, que es un vaciarse que hace posible la presencia divina; la recompensa sobrentaural viene del acto desinteresado, de la mano izquierda que desconoce  lo que hace la mano derecha.

Weil escribe: "quien sea que ame auténticamente al prójimo, incluso si niega la existencia de Dios, ama a Dios". Y una "compasión sin preferencia" logra lo que la belleza en el sentido platónico, "transfigura la sensibilidad por la iluminación de lo universal", universaliza a la persona. Al concebir la desgracia o mala fortuna de un individuo como miseria humana -y no individual-, sin preferir a uno por sobre otro, entonces "todo hombre se asemeja a Cristo". "Amar al prójimo como a uno mismo, implica que uno lee en cada ser humano la misma combinación de naturaleza y vocación supernatural", una misma tendencia hacia la divinidad, un destino universal. 

La compasión se revela como una forma de autoconocimiento, pues "el prójimo es un espejo en el que hallamos el conocimiento de nosotros mismos si es que lo amamos como a nosotros mismos. El autoconocimiento es amor de Dios. ¿Por qué? El silencio de Dios nos fuerza al silencio interior". Ya Platón, el gran maestro de Simone Weil, había equiparado el autoconocimiento con el conocimiento de Dios y esta es la base de una de las sentencias más conocidas del hinduismo -Atman es Brahman-, el alma es igual a Dios, de la cual Weil era consciente, ya que estudiaba sánscrito cuando escribió esto. Pero nos habla de algo más, de un "silencio interior" de un aspecto místico, una "nudité d'esprit" que la compasión permite al vaciarnos de nosotros mismos, y la cual es "una condición suficiente" para el amor de Dios, un vacío que, como escribió Eckhart, obliga a Dios a amarnos, pues en ese estado de kénosis que es la compasión nos hacemos como Dios, y la pura actualidad de Dios es su amor a sí mismo.

 

Twitter del autor: @alepholo

Te podría interesar:
El psicólogo suizo se interesó mucho por el budismo y vio en el Buda, como en Cristo, una manifestación del arquetipo del Sí mismo

Carl G. Jung se interesó enormemente por las religiones orientales, hasta el punto de que un tomo entero de sus obras completas está dedicado a sus escritos sobre el yoga, el budismo, el taoísmo, la alquimia china, etc. Jung consideraba que Dios existía en la psique humana como una imagen arquetípica o un instinto, e incluso que yacía en la profundidad del inconsciente. El pináculo de su psicología -la individuación o realización del arquetipo del Sí mismo- era equivalente a la irrupción de la imagen de Dios. Aunque Jung se refirió generalmente a este arquetipo comparándolo con Cristo, el homo totus u hombre completo, en ocasiones también habló del Buda en este sentido, si bien con ciertas particularidades. El sitio Jung Currents reúne un conjunto de citas en las que Jung se refiere al Buda y al budismo, las cuales merecen reproducirse:

 

El entendimiento del Buda y la encarnación de Cristo rompen la cadena a través de la intervención de la conciencia humana iluminada, la cual adquiere así un significado cósmico.

(Cartas)

Cristo se sobrepuso al mundo al tomar él mismo el peso de su sufrimiento, el Buda se sobrepuso tanto al placer como al sufrimiento del mundo al renunciar a ambos.

(Liber Novus

Para el hombre occidental, la falta de sentido de un universo meramente estático es insoportable. Debe asumir que tiene sentido. El oriental no necesita hacer esa asunción; en cambio, él mismo la encarna. Mientras que el occidental siente la necesidad de completar el sentido del mundo, el oriental se esfuerza por cumplir el sentido en el hombre, arrancándose del mundo y de sí mismo (como el Buda). Yo diría que ambos están en lo correcto. El hombre occidental es predominantemente extrovertido. El hombre oriental es predominantemente introvertido.

(Recuerdos, sueños, pensamientos)

Si se le deja en sí mismo, el hombre puede naturalmente producir su propia salvación. ¿Quién ha producido un Cristo? ¿Quién un Buda? 

(Cartas)

En Occidente, el arquetipo ha sido llenado con la figura dogmática de Cristo; en Oriente, con el Purusha, el Atman, Hiranyagarbha, el Buda...

(Psicología y alquimia)

Jesús-Mani-Buda-Lao-Tse son para mí los cuatro pilares del templo del espíritu.

(Cartas

La psique por esto es lo más importante; es el aliento que todo lo permea, la esencia búdica, la mente búdica, el Uno, el dharmakaya. Toda la existencia emana de ella, y todas las formas separadas se disuelven de regreso en ella.

(Lecturas)

La luz del mandala, es por ello el mandala mismo, ya es el Buda, aunque aún no del todo visible. El mandala no es sólo el asiento del Buda, es idéntico a él. 

(Lecturas)

No sé por qué la India no pudo mantener el budismo, pero creo que probablemente su religión politeísta presente es una mejor expresión del alma india actual que el único y perfecto Buda.

(Lecturas

Aquí hay una muestra de la sabiduría superior de Oriente. El yogui se da cuenta de que todos los budas, bodhisattvas y devas con los que ha llenado los cielos son ilusiones de maya, igual que este mundo es sólo maya. Toda esta pluralidad es ilusión.

(Lecturas)

Yo positivamente no creo que el cristianismo sea la única y más alta manifestación de la verdad. En el budismo hay igualmente una gran verdad y en otras religiones también.   

(Lecturas)

Considera, por ejemplo, el término "inconsciente". Acabo de terminar de leer un libro escrito por un budista zen chino. Y me parece que estábamos hablando de lo mismo y la única diferencia era que le dimos nombres diferentes a la misma realidad. 

(Lecturas)

El ideal cristiano prueba su vitalidad a través de su evolución continua, justo como el budismo. 

(Cartas)