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La estupidez es pereza, es como una grasa alrededor del cerebro: Jacques Brel

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/06/2018

Una definición sencilla y acertada de la pereza, por parte del compositor y cantante Jacques Brel

La condición humana está basada en la contradicción. Es posible que no pueda ser de otro modo, pues aunque nuestro desarrollo evolutivo desembocó en el surgimiento de la conciencia y el entendimiento (capacidades que nos definen como seres humanos), en ambos casos se trata de habilidades que no se presentan formadas y listas para usarse, sino que es necesario conocer, aprender a dominar y emplearlas atentamente.

Sin embargo, justamente por eso, pocas personas suelen asumir la responsabilidad y el trabajo de usar su razón. Como dijera Oscar Wilde, la mayoría de las personas se conforma con únicamente existir, lo cual en este caso puede entenderse como “vivir a medias”, vivir pero sin saber ni entender para qué se vive.

En relación con esta condición, compartimos un video en donde el cantante de origen belga Jacques Brel da una opinión muy pertinente a propósito de la estupidez, que no es otra cosa más que negarse a usar el entendimiento. Esa renuencia también ha sido llamada “ignorancia supina”, esto es, la ignorancia de quien tiene los recursos para dejar de ser ignorante y, no obstante, no los usa. 

Compartimos a continuación el video y después la transcripción traducida del mismo. 

La estupidez es terrible. Es el hada malévola del mundo, la hechicera del mundo. No hay personas malas: hay personas tontas (pero no es su culpa) y hay personas que tienen miedo (y eso es su culpa)… personas que tienen miedo y que no aceptan su miedo. Me parece que todo comienza un poco de esa manera. Pero determinar todo eso es tarea de un filósofo, no mía. No me gustan las personas tontas, porque la estupidez es la pereza. La pereza es un tipo que vive y se dice: “Esto es suficiente, vivo, estoy bien, esto me es suficiente”, en vez mover el culo todas las mañanas y decirse: “No es suficiente. Lo que sabes no es suficiente. Lo que ves no es suficiente. Lo que haces no es suficiente”. La estupidez es pereza… una especie de grasa alrededor del corazón, alrededor del cerebro.

El comentario proviene de una entrevista realizada a Brel en 1971. A su vez, fue hecho al margen de su canción “L'air de la bêtise”, que habla de cómo la estupidez da pie a la intolerancia, la mezquindad y otros rasgos tan tristemente característicos del ser humano.

Cabe agregar, finalmente, que la apreciación de Brel también debe entenderse en su propio contexto histórico. En nuestra época es común encontrar a personas que viven agobiadas por la exigencia materialista de nunca tener suficiente, nunca trabajar lo suficiente, nunca ser lo suficiente en la vida como para merecer una existencia plena, feliz o tranquila. Pero no es ahí hacia donde apunta el cantante. Su idea de suficiencia puede entenderse, más bien, como una mezcla de sobriedad y motivación: hacer más no por obedecer un mandato, sino para satisfacer nuestro propio deseo en el marco de nuestras propias circunstancias y posibilidades.

 

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Científicos investigan los efectos que podría tener creer que todo es uno

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/06/2018

Al parecer, creer que existe una profunda unidad entre todas las cosas podría solucionar muchos de nuestros problemas como humanidad y como planeta

La creencia en que todo es uno, de que somos parte de una totalidad, es algo muy común en el misticismo, no así en la ciencia. Sin embargo, ha habido científicos que han considerado esta idea. Podemos pensar en el físico Erwin Schrödinger, ganador del Nobel que, siendo sensible a cierta influencia hindú, escribió que "el número de las mentes del universo es uno". Y por supuesto en David Bohm, que teorizó esto en su importante libro La totalidad y el orden implicado. Llama la atención, sin embargo, un reciente estudio científico sobre la percepción de la unidad y la influencia que esto pueda tener en la realidad. Es decir, si todos creyéramos que somos uno, ¿qué pasaría? Esto es justamente lo que han defendido diversos líderes espirituales que han comentado sobre el problema ecológico actual, especialmente el Dalái Lama y el maestro zen Thich Nhat Hanh, con su concepto de "interser". Resulta lógico pensar que si creyéramos realmente que somos uno, entonces no concebiríamos la naturaleza como algo que está allí para ser explotado, y tendríamos mayor sensación de empatía con los animales y con los seres humanos que no son nuestra familia inmediata.

Los investigadores Kate Diebels y Mark Leary se dieron a la tarea de investigar este asunto y realizaron un estudio cuyos resultados se resumen en un artículo publicado en The Journal of Positive Psychology. Lo primero que encontraron es que sólo el 20.3% de las personas había pensado "mucho" en este concepto de unidad de todas las cosas, el 25.9% lo piensa sólo "ocasionalmente" y el 12.5% no lo piensa "nunca". Los investigadores desarrollaron una escala de unidad, donde el mayor puntaje era considerar que una única esencia permea todo lo que existe y el menor era sólo pensar que debajo de las apariencias hay una unidad subyacente.

Lo que descubrieron es que los más profundamente holísticos de entre los entrevistados se identifican con los aspectos más amplios de la humanidad, la naturaleza y el cosmos. Se sienten conectados con personas distantes y con diferentes aspectos de la naturaleza, a veces incluso más que con personas cercanas (lo cual puede generar un poco de ruido).

En una segunda investigación más profunda, los científicos hallaron que la creencia en la unidad de todas las cosas está relacionada a valores que sugieren un cuidado y preocupación por el bienestar de todas las personas, y una mayor compasión y aceptación de los problemas e imperfecciones del prójimo. De manera sumamente significativa, durante el estudio se descubrió que no había relación entre la creencia en la unidad de todas las cosas y valores egoístas como el hedonismo o el deseo de éxito, lo cual sugiere que la creencia en la unidad de las cosas -que no fue necesariamente asociada con la creencia en Dios- podría tomarse como un fuerte valor ético y espiritual dentro de la secularidad. 

La revista Scientific American comenta sobre esto de manera entusiasta, sugiriendo que esta unicidad podría ser altamente valiosa en el clima político polarizado y enrarecido en el que vivimos, pues estas personas no suelen dividir la realidad en bandos que se oponen ideológicamente y están abiertas al diálogo y a la compasión.

Claro que esto debe tomarse con un grano de sal, ya que fácilmente puede convertirse en una nueva religión secular, o en un fácil e ingenuo misticismo, lo cual, además, probablemente le robe su poder eficaz. Pues para que la creencia en la unidad se transforme en una praxis y en un modo de vida, debe estar arraigada no en dogmas y conceptos sino en una experiencia o, al menos, en una fe que tenga fuertes conexiones con la experiencia. De otra manera, dicha creencia no es mucho más que una endeble postura política, una moda de espiritualidad secular, similar a lo que vemos con la noción del hípster, quien está siempre listo para cambiar de opinión cuando se presenta algo "más cool". Dicho eso, existe una profunda tradición mística que reconoce la unidad como la realidad más profunda, e históricamente las personas que actúan desde esta experiencia son las que han tenido una influencia moral más duradera; pensamos, por supuesto, en los grandes maestros espirituales como Jesús, Buda, Confucio, Lao-Tse, Sócrates y muchos otros que, sin importar si se tiene o no una creencia religiosa, es indudable que sus enseñanzas han contribuido enormemente a enriquecer la conciencia moral de la humanidad.