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La pregunta no es menor

Poco antes de morir, el novelista italiano Umberto Eco, un hombre de una erudición enorme, hizo el siguiente comentario:

Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los necios.

Esto fue antes de un despertar más o menos masivo, si bien no suficientemente proactivo, que ocurrió a partir del triunfo de Trump y el descubrimiento de la influencia de las fake news, las "cámaras de ecos" de los algoritmos y demás.

Hace unos meses publicamos una nota sobre el nuevo libro de Jaron Lanier, Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato. Lanier señala que los algoritmos de los gigantes de datos han creado un nuevo modelo en el que "el comportamiento de los usuarios es el producto", un comportamiento -el tuyo y el mío- que está constantemente siendo modificado.

Jaron Lanier es uno de los principales disidentes de la burbuja de Silicon Valley. Es considerado el padre fundador de la realidad virtual, uno de los autores del protocolo de Internet 2; actualmente trabaja en Microsoft, pero sólo como asesor; la mayor parte del tiempo la pasa componiendo música clásica y escribiendo. Junto con otras voces lúcidas como Douglas Rushkoff, Lanier lleva haciendo advertencias respecto a esto desde hace varios años: el uso indiscriminado de la tecnología, y particularmente de las redes sociales, atenta contra lo mejor de lo que es ser un humano. Según Lanier, las redes sociales son laboratorios experimentales donde nosotros somos como los famosos perros de Pávlov.

En un reciente artículo en El País (cuya lectura recomendamos mucho) sobre la situación general del Internet y los algoritmos, se cita a Lanier diciendo que él mismo notó los efectos negativos de la red cuando estuvo blogueando en el Huffington Post. En las redes, "las personas normales suelen transformarse en idiotas porque los idiotas reciben la máxima atención". Y agrega que Donald Trump, adicto al Twitter, es un buen ejemplo del comportamiento enajenado y de la estupidización de las redes: "No está actuando como la persona más poderosa del mundo, porque su adicción lo es más aún". Para Lanier, la solución no acepta medias tintas: si bien la tecnología y el Internet tienen cosas positivas, las redes sociales realmente no, así que recomienda dejarlas.

La pregunta es: ¿realmente las redes sociales nos están haciendo idiotas? La respuesta, creemos, es que sí. En el mismo artículo se cita al filósofo (también recientemente fallecido) Zygmunt Bauman, quien consideraba que el verdadero diá-logo (es decir, la concurrencia del logos, de la razón) ocurría con los que son distintos a uno. El Internet, que en un principio fue impulsado bajo la idea de que nos conectaría con los "otros", hoy nos conecta solamente con los mismos, con reflejos tautológicos de nuestros propios gustos. Como ha sido notado por diversos analistas, el algoritmo de Facebook funciona como una "cámara de ecos" o una "burbuja de filtro" que nos regresa más de lo que ya nos gusta y no muestra lo diferente y lo discordante Si la verdadera inteligencia, y más aún, el crecimiento individual, consisten en desafiar nuestras propias creencias y estar abiertos a la radical otredad, entonces parece que es cierto que las redes nos idiotizan. Asimismo, si consideramos que el significado de la palabra idiota tiene que ver con quien existe de manera privada, el idiota es el ciudadano privado, aquel que realmente no dialoga ni participa con el mundo. Claro que hoy vivimos en la ilusión de que Twitter es la plaza pública y ahí participamos, colaboramos y cambiamos el mundo.

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Un reloj de 42 millones de dólares está siendo instalado en el rancho de Bezos

El hombres más rico del mundo, Jeff Bezos, ha empezado la instalación de un inmenso reloj mecánico de 42 millones de dólares en su rancho en Texas.

El reloj es idea del inventor Danny Hillis -inspirado por el proyecto Long Now-, funciona con la energía de los ciclos del Sol y se sincroniza con el mediodía. La monumental obra está hecha de metales como el titanio y alcanzará 500 pies de altura. La idea es que pueda funcionar sin ninguna intervención durante exactamente 10 mil años.

Las personas que le dan cuerda se encuentran con fragmentos de canciones de Brian Eno, 3.65 millones de tonos para ser exactos. El reloj hace tic una vez al año, y una de sus manecillas cambia solamente cada 100 años. Así que el cucú del reloj suena solamente una vez cada milenio.

Bezos explica que la idea del reloj es pensar a largo plazo, algo que ha sido clave en la construcción del éxito de su titánica empresa Amazon. Bezos ha soportado famosas pérdidas, a partir de tener una visión global a futuro. El reloj de los 10 mil años es "un símbolo que nos conecta con el futuro", dice Bezos, quien señala que tenemos símbolos que nos conectan con el pasado, pero no con el futuro.

Llama la atención que, aunque la idea del reloj es motivar a pensar a largo plazo, el mismo Bezos le dijo a Wired que el reloj vivirá más que nuestra civilización. Así que el magnate no es demasiado optimista sobre el futuro de nuestra civilización, o seguramente piensa que alguna élite logrará escapar de la inminente destrucción hacia otro planeta o sistema solar. Claro, algunos dirán que Bezos simplemente es realista.