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Los jóvenes distinguen los hechos de las opiniones mejor que los adultos (ESTUDIO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/06/2018

Una paradoja en la era de la información

Cuando Internet comenzó a mostrar los efectos radicales que provocaría en la transmisión, producción y almacenamiento de la información, varios teóricos de distintas latitudes comenzaron a señalar las características de una nueva sociedad o, mejor dicho, de prácticas sociales que tendrían la información como un elemento fundamental. En comparación con épocas precedentes, nunca como ahora el ser humano había tenido acceso a tantos datos, de todo tipo, prácticamente en cualquier momento y a su alcance inmediato, y eso, supusieron muchos, contribuiría a transformar la cultura humana.

Con el tiempo, esos pronósticos se han relativizado. Para nadie es un secreto que poco a poco la web fue capturada por los poderes de siempre y pasó a ocupar el mismo lugar que en otro tiempo tuvieron los circos y las peleas de gladiadores, esto es, el entretenimiento más elemental, capaz de mantener a la mayoría ocupada o francamente distraída mientras lo importante ocurre justamente frente a sus ojos. No por nada Aldous Huxley predijo que, en el futuro, no haría falta un régimen totalitario y opresivo para mantener sometidas a las sociedades: bastaría con proveerle un menú infinito de estímulos y distracciones.

Un buen ejemplo de este tipo podría encontrarse en el peculiar fenómeno que protagonizaron la consultora Cambridge Analytica, Facebook (indirectamente) y los votantes estadounidenses en las elecciones presidenciales de 2016. Ese fue el primer gran proceso político en el que un flujo considerable de información falsa inclinó la opinión mayoritaria hacia uno de los contendientes: Donald Trump. 

Por lo demás, el “experimento” ocurrido en dicho proceso electoral ha sentado las bases para ser repetido en otros puntos del planeta. Unos meses antes, tal parece que una estrategia similar fue probada en el Reino Unido, en ocasión del referéndum por el que se votó la permanencia o la salida del país de la Unión Europea y, recientemente, la comunicación a través de redes sociales también tuvo un peso importante de convencimiento en las elecciones presidenciales de Brasil que resultaron en el triunfo del candidato de ultraderecha Jair Bolsonaro.

Los estudiosos de la historia podrán argüir que la manipulación ha ocurrido siempre, que sólo el medio es el que cambia, pero la especificidad de nuestra época podría encontrarse en que todo esto ocurrió justamente en el seno de la llamada “sociedad de la información”. ¿No se supone que Internet iba a servir para tener personas mejor informadas? ¿No se supone que el acceso a la información contribuye a formar el juicio? ¿Cómo puede ser que, aun con herramientas tan sofisticadas como Internet, el ser humano siga prendido a reacciones tan primitivas como el miedo?

Estas y otras preguntas surgen no sólo a la luz de los acontecimientos señalados, sino también a partir de estudios que dan cuenta de la manera en que la información se transmite y se consume actualmente.

Uno de ellos fue dado a conocer recientemente por Pew Research Center de Estados Unidos, especializado en investigaciones demográficas. Mediante el análisis realizado se buscó conocer la facilidad con que una persona distingue un hecho de una opinión personal, dos categorías cuyas diferencias pueden parecer obvias, sutiles o francamente inexistentes, de acuerdo al nivel que se tenga de comprensión e interpretación de una información recibida.

El estudio consistió en hacer leer a los participantes afirmaciones como “La democracia es la mejor forma de gobierno”, “Los inmigrantes que están ilegalmente en Estados Unidos son actualmente un gran problema”, “El costo por persona del seguro médico en Estados Unidos es el más elevado del mundo” o “El Estado Islámico perdió una porción considerable de su territorio en Irak y Siria en 2017”, entre otras (10 en total), para que cada individuo dijera si la declaración era un hecho o una opinión.

Entre los resultados observados, se encontró que las personas de más de 50 años tienen más dificultad que los jóvenes de entre 18 y 29 años para distinguir un hecho fáctico de una opinión personal. El 46% de los jóvenes lograron diferenciar completamente las cinco afirmaciones que transmitían un hecho y las cinco que conllevaban una opinión, mientras que sólo el 22% de los adultos pudieron hacerlo.

Al comentar la investigación, Alexis C. Madrigal, colaborador de The Atlantic, señala que estos resultados llevan a repensar la idea de que los individuos más expuestos a los medios digitales son también los más vulnerables a la manipulación y la información falsa; más bien, parece ser que la exposición a los noticieros televisivos (al menos en el caso de Estados Unidos) está asociada a un empobrecimiento del juicio y del sentido crítico.

Sea como fuere, es posible que no todo esté perdido y la tecnología de la información sirva para formar mejores ciudadanos o, simplemente, mejores personas, capaces de entender que la realidad está compuesta tanto de hechos como de opiniones, pero que el tratamiento que se brinda a ambos es muy distinto.

 

También en Pijama Surf: ¿Qué significa estar viviendo en la era de la posverdad?

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Euforia en Canadá por la legalización de la marihuana

Sociedad

Por: pijamasurf - 11/06/2018

Comienza para Canadá una etapa de “experimento nacional”

Este 17 de octubre fue una fecha histórica para Canadá y en general para el mundo, pues este país se convirtió en el segundo en el mundo en legalizar el consumo de marihuana con fines recreativos, luego de que el gobierno de Uruguay hiciera lo propio en agosto de 2013.

Ya en su campaña, el entonces candidato Justin Trudeau (ahora primer ministro) había propuesto legalizar el consumo recreativo de marihuana, que de cualquier modo ocurre (particularmente entre la población joven) pero que, en un contexto de prohibición, se encuentra en la raíz del tráfico ilegal y otras consecuencias asociadas (extorsiones, homicidios, asociación delictiva, etcétera). 

Ahora, con esta promesa cumplida, comienza para Canadá una etapa de “experimento nacional”, tal y como lo señala The New York Times, pues esta legalización permitirá saber si, en efecto, se trata de una medida capaz de enfrentar los efectos negativos de la prohibición.

Además del consumo recreativo, la nueva legislación permite a una persona portar y trasladar hasta 30g de marihuana y cultivar hasta cuatro plantas en una propiedad, esto último en la mayoría de las provincias del país. Asimismo, la ley considera la comercialización de productos como cigarros, flores frescas o secas de marihuana y aceites extraídos de la planta, pero no otros como mantequilla de maní o café mezclados con marihuana (cuya compra y venta será legal el próximo año).

Por otro lado, cabe mencionar que el uso medicinal de la marihuana fue legalizado en Canadá desde 2001 y diversas encuestas realizadas en los últimos años mostraban una aceptación generalizada y sistemática de la legalización con fines recreativos. De acuerdo con estadísticas oficiales, cerca de 5 millones de canadienses fumaron marihuana en el último año con fines recreativos. En este sentido, la iniciativa puesta en marcha por la administración de Trudeau no es del todo sorpresiva para la sociedad canadiense.

Christopher Katsarov/AP

Prueba de ello es la euforia con que fue recibido el primer día de legalización: personas fumando en las calles, haciendo fila para comprar marihuana en tiendas dedicadas expresamente a esta mercancía y, en general, celebrando en las calles.

Chris Young/The Canadian Press vía AP

Sin duda vale la pena seguir de cerca la iniciativa, sobre todo en cuanto a sus efectos sobre el crimen organizado y la delincuencia asociada con la prohibición, pero asimismo, vale la pena recordar también ciertas líneas del Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Étiennne de La Boétie, quien vio en el “embrutecimeinto” de una sociedad un recurso que el poder utiliza para mantener la sujeción:

A este maquiavélico recurso de embrutecer a sus súbditos apeló también Ciro contra los lidios, cuando se apoderó de Sardes su capital, rindió a Creso, su rico rey, y se lo llevó cautivo. Dijéronle un día que los sardenses se habían sublevado. Pronto quedaron sujetos, bajo su mano. Pero no queriendo recurrir al saqueo de tan bella ciudad, ni al mantenimiento de una guarnición numerosa; por medios menos violentos y más seguros consiguió esclavizarles. Estableció burdeles, abrió tabernas, ordenó juegos públicos y destinó premios a cuantos inventasen deleites nuevos. Estas medidas llenaron de tal manera las miras del tirano, que no tuvo ya necesidad de desenvainar otra vez la espada contra los lidios […].

 

Imágenes vía CNN