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Amplía siempre tus horizontes: el consejo de Bertrand Russell para no envejecer

Filosofía

Por: pijamasurf - 12/26/2018

Un ensayo de Bertrand Russell sobre la relación del ser humano con el tiempo

¿Por qué envejecer preocupa al ser humano? La respuesta a esta pregunta puede ser relativamente sencilla, aunque no evidente. Como han señalado otros, el paso del tiempo es un recordatorio incesante de nuestra finitud o, dicho de otra manera, de nuestra mortalidad, una condición a la que usualmente aprendemos a temer y por ello mismo a eludir. 

Sin embargo, como enseña la filosofía, en la vida es mejor enfrentar pronto ese temor a la muerte para poder así entenderlo y superarlo. Con frecuencia, ese temor irracional a morir (justificado, pero irracional) es una barrera inconsciente que nos impide arriesgarnos, afrontar nuevos desafíos, salir de los límites seguros donde fuimos criados, etc. Paradójicamente, saber que somos seres mortales, saber que un día abandonaremos este mundo y, sobre todo, darnos cuenta de que la vida es una oportunidad que no se repite, es una certeza que nos empuja a vivir auténticamente y a aprovechar tanto como sea posible todo esto que llamamos existencia. Autores tan disímiles como Séneca y Hunter S. Thompson coinciden en ese punto.

En ese tenor, compartimos ahora algunos fragmentos de un ensayo titulado Cómo envejecer, que Bertrand Russell escribió cuando tenía 81 años. Russell tuvo una vida particularmente longeva (murió a los 97), lo cual se debió quizá a su herencia genética pero también a un peculiar estilo de vida, disciplinado sin ser severo, consciente podríamos decir, el cual de hecho es resumido brevemente en este mismo escrito, con una sobriedad asombrosa:

Por lo que se refiere a la salud, nada útil puedo decir, puesto que tengo escasas experiencias en materia de enfermedades. Como y bebo lo que quiero, y duermo cuando no puedo permanecer despierto. Nunca hago nada pensando que será bueno para la salud, aunque, en la práctica, lo que me gusta hacer es en su mayor parte saludable.

Russell fue el filósofo que aconsejó el movimiento físico como una cura para el exceso de excitación en que vive el hombre moderno, y echaba de menos esos días en que la actividad intensa era parte de la rutina cotidiana del ser humano.

Pero como decíamos, el tema de este ensayo es el envejecimiento. Curiosamente, ya en su primera línea Russell advierte que a pesar del título, su intención es decir más bien cómo no envejecer, esto es, cómo conservar cierta lozanía de mente y espíritu, y también en el carácter, que a veces, más que el cuerpo, son los aspectos de nuestro ser que menos cuidamos frente a los efectos del tiempo, dejando, por nuestra propia negligencia, que se marchiten y se estropeen.

¿Cómo no envejecer?, se pregunta Russell, y después de hacer el repaso de su experiencia, de lo que ha visto a lo largo de su vida consigo mismo y en su entorno, concluye que la clave se encuentra en mantener vivos nuestros intereses y ampliarlos cada vez más, volviéndolos impersonales en la medida de lo posible. Escribe Russell:

Una de mis bisabuelas, que fue amiga de Gibbon, vivió hasta los noventa y dos y, hasta sus últimos días, fue el terror de sus descendientes. Mi abuela materna, después de tener nueve hijos que vivieron, uno que murió en la infancia y bastantes abortos, en cuanto se quedó viuda se consagró a la causa de la educación superior para las mujeres. Fue una de las fundadoras del Girton College, y trabajó obstinadamente para que el ejercicio de la medicina fuese abierto a las mujeres. Solía relatar que se encontró en Italia, con un caballero anciano que parecía muy triste. Le preguntó la causa de su melancolía y él respondió que acababa de separarse de sus dos nietos. «¡Bendito sea Dios! —exclamó ella— Tengo setenta y dos nietos y, si me pusiera triste cada vez que me tengo que separar de alguno de ellos, llevaría una existencia deplorable». « ¡Madre desnaturalizada!» replicó él. Pero, hablando como uno de esos setenta y dos, prefiero la fórmula de mi abuela. Después de los ochenta, ésta, como hallara alguna dificultad para dormirse, se pasaba, desde la medianoche hasta las tres de la madrugada, leyendo divulgación científica. Creo que nunca tuvo tiempo para darse cuenta de que estaba envejeciendo. Esta, según pienso, es la receta adecuada para permanecer joven. Si ustedes pueden ser todavía útiles en actividades amplias e interesantes y se preocupan vivamente por ellas, no se verán obligados a pensar en el hecho meramente estadístico del número de sus años y, aún menos, en la probable brevedad de su futuro.

La fórmula de Russell guarda cierta cercanía con el consejo que nos legó Baudelaire de “vivir siempre ebrios”, lo cual para el poeta se traducía en un efecto similar a este que señala el filósofo: la ebriedad disipa la sensación de que somos esclavos del Tiempo. “¡Embriágate! ¡Embriágate sin cesar!” es otra forma de decir: vive intensamente.

En cuanto a la idea de “intereses impersonales”, que puede parecer ambigua, Russell señala:

[…] en un anciano, que ha conocido las alegrías y las tristezas humanas, que ha terminado la obra que le cabía hacer, el temor a la muerte es algo abyecto e innoble. El mejor modo de superarlo —por lo menos, ésta es mi opinión— consiste en ampliar e ir haciendo cada vez más impersonales sus intereses, hasta que, poco a poco, retrocedan los muros que encierran al yo, y su vida vaya sumergiéndose crecientemente en la vida universal. Una existencia humana individual debería ser como un río: al principio, pequeña, estrechamente limitada por las márgenes, fluyendo apasionadamente sobre las piedras y arrojándose por las cascadas. Lentamente el río va haciéndose más ancho, las márgenes se apartan, las aguas corren más mansamente y, por último, sin ningún sobresalto visible, se funden con el mar y pierden, sin dolor, su ser individual. 

De nuevo, Russell no está solo en esta opinión. Carl G. Jung sostuvo en diversos momentos que el ser humano necesita abrazar una concepción trascendente de la existencia que le permita lidiar con sus contradicciones y vicisitudes (la mayor de las cuales es la muerte). La metáfora del río y el mar que usa Russell es probablemente una de las más antiguas para dar cuenta de ese fin al que inevitablemente se encamina la existencia humana y que, a su manera, tiene un aspecto trascendente, aun desde la perspectiva más materialista.

El consejo general de Russell puede parecer muy intelectual, pero en esencia va más allá de eso. Recomendar que ampliemos nuestros intereses es otra forma de decir que mantengamos vivo el interés por la vida, permanentemente, en todos sus aspectos, de la misma manera que haríamos con un fuego que nos fue confiado y que no podemos dejar que se apague.

 

Recomendamos vivamente la lectura del ensayo completo, que es breve y sumamente preciso. Entre otros lugares, se encuentra en este enlace, o en el libro Retratos de memoria y otros ensayos, publicado en 1956.

 

También en Pijama Surf: Las 4 etapas de la vida según Jung

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Filosofía

Por: pijamasurf - 12/26/2018

El filósofo fundamental de nuestra época

En Pijama Surf hemos hemos seguido con atención la obra y la trayectoria de Byung-Chul Han (1959-), uno de los filósofos más importantes de nuestra época, en buena medida porque ha sabido enlazar corrientes y autores decisivos de la filosofía del siglo XX con algunos de los problemas más urgentes de nuestra época.

Han es surcoreano de nacimiento y su formación universitaria la comenzó en su país en el sector metalúrgico. A los 20 años emigró a Alemania para estudiar literatura, pero al final se decantó hacia la filosofía. Algunos comentadores han señalado que su particular estilo de escritura –con frases cortas, casi telegráficas, pero profundamente significativas– es resultado de la adopción del alemán como idioma de expresión. 

Vale la pena señalar, además, en este mismo aspecto, que ante los ensayos y libros de Byung-Chul Han podemos juzgar erróneamente su brevedad y confundirla con ligereza o sencillez, pues si bien no son ni extensos ni en apariencia complicados (difícilmente llegan a las 100 páginas), sí son sin embargo densos, y en unas pocas líneas el filósofo es capaz de bosquejar ideas que a otros les toma cientos o miles de palabras exponer y que, por otro lado, son fruto de la discusión que Han sostiene con autores capitales de la filosofía occidental, de Hegel y Nieztsche a Michel Foucault o aun otros más recientes como Giorgio Agamben.

Entre los temas de los que se ha ocupado Byung-Chul Han con lucidez se encuentran el sistema de rendimiento permanente en que vivimos, cómo la sociedad pasó de la vigilancia y la disciplina al poder y la autoexplotación (y la relación de esto con la "epidemia" de ansiedad, depresión y agotamiento que se vive actualmente); también ha escrito sobre la adversidad que enfrenta ahora el amor y por qué casi siempre termina agonizando, por qué la expulsión de la diferencia y la positivización del mundo nos han orillado a vivir en el “infierno de lo igual”, cómo el capitalismo se ha transformado a partir del llamado “Big Data” o por qué parece que hemos perdido la capacidad para apreciar “el aroma del tiempo”. Todo esto Han lo suele exponer con inteligencia, sencillez y a veces también cierta belleza, la cual, en nuestro caso, debemos agradecer a la labor de los traductores que han vertido su obra al español.

Por los temas señalados y por esa asombrosa capacidad de síntesis es que nos atrevemos a decir que Byung-Chul Han es el “primer” filósofo que se necesita leer para entender esta época, pues al tiempo que nos señala algunas de las situaciones subjetivas, sociales y humanas que merecen una reflexión urgente, muestra también el camino para emprender ese mismo proceso de crítica y cuestionamiento.

A continuación, so pretexto de una nota publicada en el diario El País a propósito de la visita reciente de Han a Barcelona, compartimos algunos subrayados de dicho texto y las referencias de los libros de Byung-Chul Han que se encuentran disponibles en español.

Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa de uno mismo. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador fundido”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quién dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así sólo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es sólo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes sólo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante 3 años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números”.

Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y sólo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

Tiempo. Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

 

Los libros de Byung-Chul Han

La mayoría de los títulos de Byung-Chul Han traducidos en español han sido publicados por la editorial Herder, con sede en Barcelona, que en general tiene una buena distribución en el mercado de habla hispana. A diferencia de otros idiomas, en español contamos con la ventaja de tener al alcance casi toda la obra del filósofo, la cual llamó la atención de Herder antes de que éste comenzara a ganar fama internacional.

Consignamos a continuación algunos de los libros más significativos en el catálogo de Herder. En el sitio de la editorial pueden encontrarse el resto de las referencias.

La sociedad del cansancio (2010; traducido en 2012)

La agonía del Eros (2012; traducido en 2014)

La sociedad de la transparencia (2012; traducido en 2013)

En el enjambre (2013; traducido en 2014)

El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse (2014; traducido en 2015)

Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (2014; traducido en 2014)

La salvación de lo bello (2015; traducido en el mismo año)

La expulsión de lo distinto (2016; traducido en 2017)

Asimismo, la editorial argentina independiente Caja Negra Editora ha publicado también una obra de Byung-Chul Han: Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China, escrita originalmente en 2011.

 

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