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Gobierno japonés pagaría hasta 27 mil dólares a sus ciudadanos para que dejen la ciudad de Tokio

Política

Por: pijamasurf - 12/19/2018

Tokio es la zona metropolitana más poblada del mundo y el gobierno japonés quiere darle un poco de aire

Tokio tiene el área metropolitana más grande del mundo, con unos 38 millones de personas y aunque en total la población japonesa ha disminuido en los años recientes, la población de la capital sigue creciendo. Desde hace más de 20 años seguidos, el número de personas que llega a Tokio excede el número que deja el área. Esto es un problema de sobreconcentración en múltiples sentidos. 

Desde hace años el gobierno japonés ha instaurado un programa para estimular a que las personas vivan en otras regiones, bajo el plan "revitalización de las regiones", lo cual incluye recortes en impuestos y otros beneficios. Pero al parecer no ha funcionado del todo bien, por lo que según reporta la televisora NHK, los japoneses podrían recibir hasta 3 millones de yenes para reubicarse fuera de la gran metrópolis. Algo que, ciertamente, no es mala idea.

Se ha dicho también que el gobierno japonés está considerando reubicar a los adultos mayores en poblados fuera de la gran ciudad. Y por otro lado, se ha impulsado una tendencia en los jóvenes a buscar una vida en el campo, más barata, más silenciosa y más sana. Esto mismo ha sido observado en China, como podemos ver en este video sobre millennials que buscan dejar la ciudad para vivir en la montaña.

Ciudades como Niseko, sin embargo, empiezan a gozar un boom de población debido al crecimiento mundial del interés en las pistas de esquí japonesas, conocidas por su excelente poder.

 

Con información de Quartz

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PETA llama a evitar frases que dañan a los animales como 'Agarrar al toro por los cuernos'

Política

Por: pijamasurf - 12/19/2018

PETA pide reformar el lenguaje para evitar rasgos de crueldad animal en las expresiones populares

La organización de activismo radical PETA ha hecho un llamado en su cuenta de Twitter para reformar el lenguaje y evitar expresiones que, según su interpretación, se dirigen de manera ofensiva a los animales o crean una cultura de abuso hacia los mismos.

Según PETA, expresiones populares como "Matar dos pájaros de un tiro", "Ser un conejillo de indias" o "La curiosidad mató al gato" son similares al lenguaje racista, homofóbico o discriminatorio. De acuerdo con PETA:

Al igual que se volvió inaceptable utilizar un lenguaje racista, homofóbico o discriminatorio con las personas con distintas capacidades, las frases que trivializan la crueldad hacia los animales se desvanecerán a medida que más personas empiecen a apreciar a los animales por lo que son.

Creemos que PETA es consciente que los animales no se sienten ofendidos por el lenguaje que se usa -y al menos eso es distinto al lenguaje racista y demás-. Por otro lado, aunque quizás sus intenciones provengan de un genuino amor a los animales (aunque probablemente vengan de una adicción al activismo confrontacional), el organismo olvida que estas expresiones, más que una crueldad hacia los animales, reflejan una sabiduría ancestral, todo un bagaje cultural y un rico entendimiento de cómo nos relacionamos con el mundo. Por otro lado PETA propone cambiar "Agarrar al toro por los cuernos” por “Agarrar la flor por las espinas”, pero entonces por qué no preguntarse si tal frase no contribuye a generar una actitud incorrecta contra las plantas, las cuales también sienten a su manera. ¿O qué pensará la rosa de que se le considere insignificante en comparación con un toro? Además de que la frase simplemente es menos precisa y no comunica la misma imagen, pues el toro es un animal que se mueve, que embiste, y no se puede disociar de esta expresión el hecho de que haya existido la tauromaquia.

En los últimos años hemos estado viviendo una extrema lucha por transformar prácticas lingüísticas para reflejar una sociedad que se asume como más incluyente, pero a veces lo hace con modos poco pacíficos y abiertos al debate. Recientemente, la Real Academia Española consideró apropiado manifestar que el llamado lenguaje incluyente no es correcto gramaticalmente y no debe usarse, pues no es lingüísticamente económico.