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26 personas tienen tanta riqueza como la mitad de la humanidad, según Oxfam

Sociedad

Por: pijamasurf - 01/21/2019

La desigualdad económica se agudiza en el mundo, de acuerdo con el informe más reciente de la organización no gubernamental Oxfam

La desigualdad económica se ha vuelto en las últimas décadas uno de los principales temas de discusión pública a propósito del sistema económico en el que viven prácticamente todas las sociedades humanas. Particulamente luego de los años que siguieron al fracaso del bloque soviético (y el intento de hacer funcionar un Estado, un país y sus habitantes bajo las reglas del comunismo preconizadas por las ideas de Karl Marx y algunos sus intérpretes), el capitalismo se alzó como vencedor único de la contienda, al grado de que ahora más que nunca millones de personas en el mundo son incapaces de concebir una vida fuera de sus reglas. 

Sin embargo, como lo atestigua la situación mundial, el capitalismo dista mucho de ser un sistema perfecto, ni en el dominio puramente económico (si es que tal cosa existe) ni en sus derivaciones sociales y culturales. Entre sus muchos efectos que vale la pena cuestionar y acaso incluso compensar de algún modo está justamente la desigualdad que propicia. En la medida en que la propiedad de los medios de producción se concentra en unas pocas manos (uno de los principios elementales del capitalismo) y que el resto se ve orillado por esta situación a vender su fuerza de trabajo, la desigualdad es uno de los resultados necesarios en dicha ecuación.

En años recientes este mecanismo básico del capitalismo se ha trasformado en un grado importante, en parte por consecuencia de la revolución en las telecomunicaciones provocada por Internet. Los cambios traídos por la Web se instalaron con tanta velocidad en nuestra vida que quizá muy pocos de nosotros nos hemos detenido a reflexionar sobre su impacto en dominios como la producción de bienes, el consumo y la generación de riqueza. La “burbuja” digital nos ha permitido expresar nuestra opinión en redes sociales, tomar y publicar selfies o comprar en línea, pero claramente va mucho más allá de esto y para el sistema económico representó una de las expansiones más trascendentes del último siglo, comparable al descubrimiento y explotación de América o al impacto de la Revolución Industrial sobre la economía.

Pero dicha bonanza no ha sido para todo el mundo, y quizá ese sea otro signo distintivo. El capitalismo nunca ha sido equitativo, pero es posible que nuestra época sea la más desigual de la historia. De acuerdo con un informe elaborado y publicado por la organización no gubernamental Oxfam, 2018 fue uno de los años en que la desigualdad económica se agudizó más.

De entrada, el dato más impactante de este informe de Oxfam es que tan sólo 26 multimillonarios concentran la misma cantidad de riqueza que 3.8 mil millones de personas, mismas que integran el 50% de la población más pobre del planeta.

Pero eso no es todo. Apenas en 2017, los multimillonarios del mundo de acuerdo con los criterios de Oxfam eran 43 y en 2016 eran 61, es decir, los ricos más ricos incluso aumentan su riqueza, dejando a otros fuera de tan “selecto” club.

En ese sentido, la riqueza de las personas más ricas del mundo aumentó en un 12% en el último año, mientras que aquella de los pobres del mundo disminuyó en un 11%. Dicho de otro modo: los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres.

Entre las razones específicas de nuestra época que propician esta brecha entre ricos y pobres se encuentra que en general los gobiernos del mundo, sin distinción, colectan más impuestos de la población pobre o de ingresos medios que de la población de ingresos mayores. En el Reino Unido, por ejemplo, el 10% de los habitantes más pobres pagan más impuestos que el 10% de los más ricos (sobre todo por la vía de los impuestos al consumo), y un caso semejante puede encontrarse en países como Francia, Estados Unidos o los de América Latina.

Actualmente la persona más rica del mundo es Jeff Bezos, fundador y propietario de Amazon. Su historia, de hecho, es un claro ejemplo del impacto en la generación de riqueza derivado del ingreso de Internet a nuestra vida cotidiana. En tan sólo unos pocos años Bezos se hizo multimillonario, en buena medida gracias a la Web y a partir de los intercambios de información que ésta propició (sin excluir el apoyo gubernamental o político ofrecido a sus maniobras). Hoy en día, la fortuna del magnate se calcula en 112 mil millones de dólares, el equivalente a toda la riqueza de Etiopía, un país de 105 millones de personas.

Entre las medidas sugeridas por Oxfam para cerrar esta brecha de desigualdad se encuentra la recomendación de crear un impuesto de una tasa de 1% sobre la riqueza, sobre el cual ha sido especialmente insistente el economista francés Thomas Piketty, autor del libro El capital en el siglo XXI (uno de los principales estudiosos de la desigualdad generada por el capitalismo contemporáneo) y coautor de este informe de Oxfam. Según estimaciones de la organización, dicho impuesto a la riqueza generaría cerca de 418 mil millones de dólares, más que suficiente para proveer educación y salud que prevendrían hasta 3 millones de muertes, especialmente de niños.

Porque, al final, ese posiblemente sea el mayor problema de la desigualdad económica: millones de seres humanos mueren de muertes absurdas todos los días, en todo el mundo, sin la oportunidad de realizar su existencia ni siquiera en un grado mínimo.

¿Acaso es tan difícil poner en práctica un cambio en esta situación?

 

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El estereotipo feminista y otros estereotipos

En el imaginario popular existen estereotipos rígidos sobre diversos grupos de personas. Está, por ejemplo, el intelectual, que usa anteojos, se expresa con palabras rebuscadas y es un nerd. Tenemos, asimismo, al abusivo, que suele ser de gran tamaño, escasa inteligencia y usar cierto tipo de prendas como, tal vez, una pulsera de púas. Podemos citar, también, a la chica popular: una joven rubia, hermosa y superficial. Si pensamos en el estereotipo de santurronería, probablemente imaginemos a una vieja de mente cuadrada y amargada, que se horroriza con facilidad, arma escándalos en nombre de la moral y usa aretes y collar de perlas, así como el pelo corto peinado de peluquería. Si pensamos en un neonazi, imaginaremos a un sujeto con tatuajes, agresivo, que escucha música estruendosa, es pelado, usa ropa militar y botines y se dedica a golpear a ciertas personas. El estereotipo de judío, por su parte, es el de una persona avara y mezquina, otras el de una víctima perseguida. El del homosexual es el de un hombre afeminado y escandaloso que viste de mujer unas veces, el de hombre artista y delicado otras, y el de un energúmeno promiscuo y descarriado que se droga y se desvive en discotecas también. Asimismo, el de la lesbiana suele ser el de una mujer masculina que odia a los hombres y es agresiva, o el de una mujer femenina y siempre atractiva y sensual, provocativa para los hombres. El estereotipo de granjero versa sobre un hombre con sombrero de paja, con acento extraño y de una simplicidad y estupidez admirables.

Estos estereotipos sirven para fortalecer los prejuicios de la gente y ordenar su realidad sobre el mundo de los seres humanos, estructurándolos en esquemas sencillos que puedan manejar de forma inmediata. Sin embargo, esto presenta serías desventajas, en el sentido de que no permite conocer la realidad tal como es en su diversidad. Encasilla a las personas y no consiente un margen más amplio de identidad y acción. La realidad no encaja tan bien en el imaginario popular y a menudo éste se halla desfasado de ella, y, por qué no decir, sirve de herramienta a individuos inteligentes, pero sin escrúpulos, que saben cómo servirse de él para lograr sus fines, manipulando a las personas a través de lo que podemos llamar una mitología de la personalidad de los siglos XX y XXI. Esta mitología, con personajes, caricaturas o moldes burdos, es una plataforma que alimenta los prejuicios arraigados en las personas y permite generalizar sobre diversos grupos atropellando las particularidades individuales de cada uno. Si eres rubia, entonces eres superficial; si eres negro, luego sé que eres caliente; si eres homosexual, entonces adivino que eres promiscuo; si eres juez, asumo que debes ser una persona severa; si eres anarquista, doy por sentado que eres un drogadicto; si eres budista, es porque amas la paz; si eres vegetariano, es porque eres de izquierda; etc. Pero la verdad es compleja y podemos ver a mujeres hermosas de cabello claro de gran inteligencia, a homosexuales que aman profundamente con amor puro y llevan a cabo una relación más estable, duradera y enriquecedora que muchos heterosexuales, a “neonazis” que más allá de su nube teórica son, en la práctica, personas compasivas y menos nazis que muchos individuos antinazistas e izquierdistas, que tienen amistades de color y que no serían capaces de matar ni a una mosca más allá de su teoría imaginaria y, finalmente, a santurronas que visten tacos y a la moda, hablan con jergas, parecen adolescentes, se creen muy sensuales y logran parecer gente cool, y sin embargo creen en los dogmas de la iglesia a pie juntillas en lo que les conviene para juzgar y condenar a los demás mientras ellas viven, por ejemplo, en la opulencia que condena el Evangelio. También podemos hallar a mujeres consideradas feas que han tenido más éxito con los hombres que otras mujeres que, siendo tenidas por hermosas, permanecen mucho tiempo solteras, así como a personas inteligentes que eran malas estudiantes en el colegio y a otras que, pese a haber sido buenas, no son tan listas. Estas no son excepciones, pues a menudo la realidad nos confronta con tantas sorpresas y tal grado de excepciones en las tipologías humanas que ya no nos es posible hablar de las mismas como tales. En el mundo existe todo tipo de gente, una variedad impensada que no cabe en un imaginario amplio, y qué decir de uno estrecho; un abanico con multiplicidad de colores, gamas y tonalidades. Es necesario comprender eso para empezar a no prejuzgar a las personas en su totalidad por una o dos características.

Uno de los estereotipos de los que más se abusa y que no he mencionado, es el del individuo feminista. En primer lugar, se asume que siempre es mujer; en segundo, que es amargada e histérica; en tercero, que si no es lesbiana es una heterosexual sexualmente frustrada, fea y “solterona”; en cuarto, que es necesariamente de alguna ideología política y siempre de izquierda; y, por qué no, añadir que odia a los hombres y tiene una obsesión paranoide con el patriarcado. Este estereotipo, como muchos otros, resulta nocivo, porque la imagen sobre el feminismo que termina creándose en la mente de las personas es falsa y negativa, de forma que presenta un obstáculo para los avances en materia de emancipación femenina.

Algunas feministas, sin conciencia de lo que hacen, refuerzan el clásico estereotipo con actitudes que calzan fácilmente en el mismo. Hacen gala, de forma desafiante e intimidante, no exenta de violencia, de una autosuficiencia y fortaleza exageradas que rayan con lo fingido. La verdadera fortaleza es serena y no se exhibe, consiste en aceptar nuestra propia fragilidad como personas sin recubrirla de una coraza. Otra forma en la que refuerzan el estereotipo es sirviéndose de imágenes antiestéticas, a veces vulgares, de textos en los que se trasluce resentimiento y de palabras groseras y malos modales para protestar, con razón, pero de forma inadecuada, contra un sistema injusto por su sexismo.

Propongo reemplazar, como una forma de hacer contrapeso, los viejos estereotipos por modelos nuevos, cierto feminismo de la mujer sufrida y hastiada por un feminismo de emancipación lleno de esperanza, por un feminismo de empoderamiento, de grandeza, por un feminismo que en lugar de apesadumbrar libere. El procedimiento consiste, además, en no asustar a la gente, sino en llamarla a nuestra causa y llegar a ella de forma eficaz. Debemos preferir la transmisión clara del mensaje antes que una forma subjetiva de desahogarse de la ira generada por la injusticia y antes que el escándalo infructuoso. Formulamos un feminismo que no se limita a destruir los viejos esquemas, sino que crea nuevos paradigmas; que no se estanca en la demolición de prejuicios, sino que va más allá y levanta ideales. Reemplazaremos a cierto feminismo gastado y pesimista del mero reclamo por un feminismo airado, insurgente, vigoroso, por un feminismo lleno de utopía. Algunos feminismos deben adoptar otra estética, otro lenguaje y otra forma general de exposición. La estética feminista debe ser bella, debe ser como un imán. El feminismo, además, no debe estar circunscrito a ninguna ideología política particular que restrinja su alcance, siendo asequible a personas de izquierda como de centro y de derecha, y a quienes no se suscriben a ningún partidismo político y se consideran más bien apolíticos. Finalmente, el nuevo modelo del individuo feminista debe presentar a personalidades atractivas, es decir, que en lugar de generar rechazo y recelo atraigan por sus cualidades sobresalientes y brinden confianza; personalidades admirables, dignas de forjar asombro y trasmitir libertad, liberación, vida, poder, y hacer pensar a los niños: “De grande quiero ser como ella/él”.

 

Blog de la autora: Revolución Espiritual