*

X

La madrugada del 22 de enero podrás observar la auspiciosa conjunción de Júpiter y Venus

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/21/2019

La conjunción de Venus y Júpiter, los 2 planetas más luminosos en el firmamento, es considerada un momento de gran felicidad

I will imagine you Venus tonight and pray, pray, pray to your star like a Heathen.

John Keats

Anoche fue uno de los días estelares para los aficionados a la astronomía o simplemente para quienes gustan de contemplar la Luna y la belleza del cielo (aquí puedes ver fotos del eclipse de la superluna de sangre), pero los regalos vienen en serie y esta madrugada tendremos otro espectáculo sumamente especial y altamente significativo. 

Antes del amanecer se podrá apreciar a las dos luminarias más brillantes del firmamento después del Sol y la Luna, en una conjunción de Júpiter y Venus. La madrugada del 22 de enero en el este del cielo, como heraldos del Sol que estará por salir, las dos gracias celestes se reunirán en un íntimo abrazo de luz.

Aunque los planetas no se observarán exactamente unidos, dicha cercanía es considerada una conjunción, la cual ocurrirá exactamente en el grado 16.03 de Sagitario. Astrológicamente este evento es enormemente auspicioso y marca gran fortuna, pues estos dos planetas son considerados los más benéficos del Sistema Solar, además de que la conjunción se presenta en el domicilio de Júpiter, así que su luminosidad generosa, amorosa y expansiva se potencia.

Evidentemente, la conjunción no significa que estén cercanos en el espacio, sino que sus caminos se cruzan desde la perspectiva de la Tierra, en el trompe-l'oeil celestial. 

En su faceta matutina, Venus, la estrella del amanecer, también llamada "la reina de las hadas" es, por mucho, la más brillante de las dos luminarias. Generalmente tenemos una conjunción de Júpiter y Venus cada año, pero este año tendremos dos: la siguiente será el 24 de noviembre, también en Sagitario. Esta conjunción será parte de un ciclo de conjunciones que se repiten cada 24 años, que ocurren casi en el mismo sitio del zodiaco (cerca de la estrella Antares), y el cual es propicio para la observación a ojo desnudo.

Te podría interesar:
La sutileza metafísica y erótica del sacrificio védico

Todos los grandes sistemas religiosos de la India miran a los Vedas como sus textos fundacionales y en ellos al sacrificio (yajna) como la actividad reguladora del cosmos y como la acción salvífica por excelencia. Para el hombre védico, el cosmos había sido creado por el sacrificio del dios progenitor Prajapati y la salvación estaba ligada a imitar este acto que era, a su vez, una restauración de la divinidad.

El sacrificio védico busca abarcarlo todo, en su perímetro litúrgico está el universo entero, y cada cosa corresponde a otra -la mantequilla es el fuego, es el semen, es el dios, etc.-. El sacrificio es el acto que los dioses hicieron primero, el acto con el que se creó el mundo, y es también el acto con el que el hombre se hace como los dioses. Un acto todo-abarcante, todo-inclusivo, por supuesto, debe incluir no sólo el sexo sino también el erotismo. 

Roberto Calasso, en su extenso estudio del sacrificio védico y el ardor fundacional (el tapas), basado en el Satapatha Brahmana y en algunos himnos del Rig Veda, hace una fina lectura de la presencia siempre latente del erotismo en la arena del sacrificio. Sacrificios con los que se buscaban a veces cosas mundanas como la fertilidad de la tierra, eliminar a un enemigo y demás, pero que siempre estaban permeados por el deseo de alcanzar el cielo, el estado de los dioses. Explica Calasso: “El altar es un mujer. Tiene las proporciones de la mujer perfecta”. La mujer debe ser vestida, se cubre el altar de “fina grava o con arena, para revestir su cuerpo con una película levemente brillante. Después con pequeñas ramas y con hierba. La mujer -el altar- se embellece, es ayudada a embellecerse a la espera de que se ‘presenten los dioses’. Así pasa una noche”. Finalmente entra su amante, el fuego, “porque el altar (vedi) es femenino y el fuego (agni) es masculino La mujer yace envolviendo al hombre. Así acontece un coito fecundo. Por eso él levanta los dos extremos del altar sobre los dos costados del fuego”. Y añade:

La escena sacrificial era también una escena erótica. Donde no era necesario que la cópula sucediese bajo la mirada de una multitud, como en el sacrificio del caballo. A veces bastaba con la aparición de un ser femenino para que el semen fuera vertido. Algunos de los rsi más poderosos [los sabios que vieron los himnos en el cielo] tuvieron este origen que señala la sobreabundancia de su vida mental. Nacieron, en efecto, sin que su padre tuviera necesidad de tocar el cuerpo de la madre. Tan invasivo era el deseo, kama, que una vez Prajapati -Kama era otro de sus nombres- vertió el semen a la vista solamente de Vac durante un largo sacrificio. Era un sattra de 3 años, que estaba celebrando junto con los Deva y los Sadhya, los oscuros dioses que habían precedido a los Deva. “Allí, a la ceremonia de iniciación, llegó Vac [la Palabra] en forma corpórea. Al verla simultáneamente fue vertido el semen de Ka y de Varuna. Vayu, Viento, lo dispersó en el fuego a su gusto. Después de las llamas nació Bhrgu y el vidente Angiras de las brasas. Vac al ver a los dos hijos, al mismo tiempo que ella misma era vista, dijo a Prajapati: “Que nazca un tercer vidente, además de estos dos, como hijo mío”. Prajapati, a quien estas palabras fueron dirigidas, dijo a Vac: “Que así sea”. Entonces nació el vidente Atri, igual en esplendor a Sol y Fuego.

[…] En muchas ocasiones, para justificar el silencio que debe acompañar a ciertas operaciones del rito, el Satapatha Brahamana dice: “Porque aquí en el sacrificio hay semen, y el semen se vierte en silencio”. Desde el momento en que se instalan los fuegos hasta el final de la liturgia, nos encontramos en medio de un campo de tensiones eróticas y los actos culminan en momentos de silencio en los que se vierte el semen.

[…] Había un sacerdote, el nestr, cuya función principal era escoltar y guiar a la esposa del sacrificante -única mujer presente- hacia la escena del sacrificio. Sin embargo, la esposa no tenía reservada ninguna función importante. Sólo dos gestos, delicados, eróticos, que el nestr vigilaba. En tres ocasiones la esposa cruzaba la mirada con el udgatr, el “cantor”. Con esto bastaba para que sucediese la unión sexual, una de las numerosas que escandían el rito. Porque la mujer, en esos instantes, pensaba: “Tú eres Prajapati, el macho, el que aporta el semen: ¡pon el semen en mí!”. Después la esposa se sentaba y en tres ocasiones descubría el muslo derecho. En tres ocasiones se echaba allí, en silencio, el agua pannejani [agua lustral], que había recogido esa mañana. Todos callaban, se oía sólo el leve fluir del agua. Después, la esposa volvía a quedar oculta detrás de una cortina.

En un determinado momento el sacrificante ponía frente a su consorte una vasija con manteca clarificada y le ordenaba que la mirase. La mujer, así, “baja la vista hacia la manteca sacrificial”. Entonces, se nos dice, “la manteca clarificada es el semen”. Por eso lo que sucede en ese momento, entre el ojo de la mujer y la manteca, es “un coito fecundo”.

(Roberto Calasso, El ardor, pp. 238-241)

 

Lee también: El altar de fuego y la simetría del águila: los planos para alcanzar el cielo en el sacrificio védico