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Un acercamiento compasivo a la alimentación y la pérdida de peso

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/22/2019

Cambiar de hábitos para perder peso puede ser en nuestra época un régimen tiránico… o compasivo, si así lo quieres

En nuestra época y al menos desde finales de la década de 1980, el cuerpo humano se convirtió en un elemento imprescindible de la mercantilización de la realidad. Si bien puede aceptarse que a lo largo de la historia el cuerpo siempre ha sido objeto de estudio, reflexión, idealizaciones, celebración, admiración y deseo (y también, tristemente, de castigo y culpa), quizá nunca había ocupado una función tan importante para un sistema económico como esta en la que se encuentra ahora: los “cuerpos perfectos”, cuyas imágenes vemos desfilar en anuncios de televisión o multiplicadas exponencialmente por las redes sociales, en las pantallas de cine o impresas en revistas y periódicos, son uno de los motores más efectivos de la economía, pues lo mismo ayudan a vender perfumes que membresías de gimnasio, ropa interior, tenis, relojes, aparatos electrónicos, gadgets, bebidas alcohólicas, paquetes vacacionales y un sinfín de mercancías y servicios cuyo disfrute parece estar mediado por dicha perfección anatómica. Adelante, consume, parecen decirnos esos cuerpos perfectos, consume esto que vendo, y quizá así un poco de esta perfección te será compartida. 

De una manera u otra, la mayoría de nosotros sabe en qué consiste esa perfección. Sin embargo, lo más probable es que se trata de una especie de conocimiento inconsciente. Sabemos sin saber que sabemos. Es decir: tenemos una idea de qué significa tener un buen cuerpo pero pocas veces o nunca nos hemos detenido a reflexionar sobre el origen de esa idea, por qué la pensamos, de dónde la obtuvimos, y quizá ni siquiera nos hemos preguntado si es cierta o no.

En ese contexto, la “delgadez” del cuerpo suele ser, en nuestra época, una característica fundamental del cuerpo ideal. En otras épocas y aun en otras culturas fuera del modelo occidental, un cuerpo delgado no siempre se ha visto como un cuerpo bello. De hecho, en la historia de la humanidad la belleza, la atracción, la sensualidad y otros valores afines han estado asociados a características del cuerpo distintas a la complexión corporal.

¿Por qué entonces ahora tanta gente piensa que un cuerpo esbelto es necesariamente un cuerpo bello? Esta pregunta no es posible responderla en este espacio, pero sin duda puede ser un buen ejercicio de reflexión sobre los parámetros que pretenden regir nuestra sensibilidad. 

En ese mismo espíritu, compartimos ahora cinco puntos que pueden acompañar una toma de decisión que suele tener efectos en la salud, la apariencia y el estado emocional y psicológico de una persona.

 

Si vas a perder peso, que sea por ti y por tu bienestar

En el sentido de lo que hemos dicho hasta ahora, la pérdida de peso debería ser en todos los casos una decisión que se toma libremente, esto es, no por una especie de presión social, la obediencia a los estándares de belleza o a algún otro mandato inconsciente.

En el mejor escenario, esta es una decisión que nace libremente del amor propio, de la toma de responsabilidad sobre la salud e incluso del cuidado de sí.

 

Es posible que tu manera de relacionarte con otras personas cambie

La mesa es uno de los grandes puntos de socialización de la cultura humana. Prácticamente no hay una sola civilización en la que el momento de comer y beber no sea una de las oportunidades más importantes para establecer vínculos de todo tipo: familiares, de amistad, de trabajo, sexuales, económicos, etcétera. 

En ese sentido, es muy posible que si has decidido perder peso, experimentes un cambio en esas relaciones. No decimos que vayas a quedarte sin amigos o sin familia, pero sin duda tendrás que aprender a sortear cuestionamientos, preguntas, bromas y demás reacciones a un hábito que por estar tan asentado en nuestros intercambios cotidianos, en general pocas personas cuestionan a lo largo de su vida. 

No se trata de ver esta situación como una dualidad de acierto y error (con lo cual podrías pensar que tú tomaste la buena decisión y son los demás quienes están equivocados), sino simplemente como una expresión de la diferencia propia de la vida y especialmente de la condición humana, pues cada persona tiene hasta cierto punto la libertad de decidir cómo conduce su existencia.

 

Esta puede ser una buena oportunidad para aprender a escucharte y conocerte

La comida y la bebida tienen otra conexión importantísima: las emociones. En el caso del ser humano, la asociación que se establece en los primeros años de vida entre una necesidad vital (comer), la angustia por la muerte (el hambre), la obtención de un elemento satisfactor (el alimento) y el placer o el displacer presente en esta situación, genera un cuadro psicológico y emocional con consecuencias importantes en el desarrollo futuro del sujeto. La oralidad en tanto etapa psicológica (que Sigmund Freud describió con notable precisión) puede estar vinculada a estados como la ansiedad o la obsesión y a comportamientos como las adicciones, en sus distintos tipos.

En ese sentido, emprender un cambio de régimen alimenticio es una buena oportunidad para conocer esos cimientos psicológicos que en tu caso están relacionados con todo aquello que implica comer, tener hambre, sentir un antojo, saber aplazar una necesidad, poder realizar un esfuerzo, saber tratarse a uno mismo con paciencia y compasión, etcétera. 

En muchos casos, el ser humano fracasa en la consecución de sus objetivos únicamente por razones psicológicas o, dicho de otro modo, porque el sujeto es un desconocido de sí mismo. En tanto alguien no sea capaz de saber por qué actúa como actúa, es muy posible que siga repitiendo las mismas conductas que han definido el curso de su existencia.

 

Aprenderás el valor del esfuerzo sostenido

De todos los efectos que la revolución digital provocó en las sociedades humanas, es posible que uno de los más peligrosos sea el aprecio que ahora sentimos por la inmediatez. Como sabemos bien, en materia de comunicaciones gracias al Internet todo ocurre al instante y en general esperamos que sea siempre así, en todos los ámbitos.

Sin embargo, si consideramos el desarrollo de la civilización, lo común ha sido más bien lo opuesto. Los logros de los que es capaz el ser humano han sido casi sin excepción producto del trabajo sostenido, el esfuerzo y aun la paciencia.

En una dimensión personal, la decisión de perder peso suele necesitar también de esos componentes. Ningún cambio importante que intentes sobre tu propia persona ocurre de la noche a la mañana, e incluso cuando la toma de decisión pueda fijarse en un momento específico, sus efectos toman tiempo para reflejarse en tu existencia. Sé paciente.

 

¿Qué significa para ti alcanzar un logro?

En consonancia con el punto anterior, un proceso en apariencia común como perder peso puede acompañar otro par de procesos importantes de la existencia: la consecución de un objetivo y la obtención de un logro. 

Hasta cierto punto, todo ser humano tiene derecho a darle un sentido propio a las nociones de las cuales nos servimos para experimentar el mundo. El trabajo no es sencillo, pues usualmente la cultura y todo lo que ésta implica se nos impone de manera inconsciente e irreflexiva, pero en todo caso es una posibilidad latente. 

En ese sentido, ¿por qué no entonces descubrir por cuenta propia qué es el esfuerzo y qué es el éxito, qué significa la disciplina para mí, cuáles son mis límites y cuáles son mis posibilidades, etcétera?

 

¿Qué te parece? ¿Has estado en una situación similar? No dejes de compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota o a través de nuestros perfiles en redes sociales.

 

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Una peculiar historia de budismo, meditación, póker y congruencia personal

De todos los caminos que puede seguir el ser humano, uno de los más difíciles es el de la congruencia. Entre el pensamiento y la acción suele existir una brecha cuya amplitud varía de persona en persona, pero que en todos los casos aleja la intención del hecho. Como han notado tantos filósofos a lo largo de la historia, el ser humano suele estar lleno de buenas intenciones y buenos propósitos, pero no siempre vive acorde a ello.

Ese no es el caso, sin embargo, de Scott Wellenbach. Este nombre seguramente no le dice nada a nadie, pero se trata de un hombre con cierta fama en al menos dos mundos muy específicos y aparentemente con poca conexión entre sí: el mundo de la traducción de textos budistas antiguos y el mundo de los torneos de póker.

Wellenbach, en efecto, es un reconocido traductor de textos pertenecientes a la tradición tibetana del budismo. Durante mucho tiempo fue alumno de Chögyam Trungpa Rinpoché y de Dzogchen Ponlop Rinpoché. Actualmente se desempeña como decano de traducción en el Instituto Nītārtha, un establecimiento en Seattle, Estados Unidos, que busca enseñar el budismo en el marco de una formación universitaria.

Por otro lado, Wellenbach es también un hábil jugador de póker. Hace un par de semanas participó en un torneo en las Bahamas y ganó 671 mil 240 dólares. En 2017 hizo lo mismo en Barcelona, llevándose entonces 92 mil 000 dólares. 

Sin embargo, en ambos casos la mayor parte del dinero terminó en instituciones de caridad. En particular, Wellenbach decidió apoyar a un par de monasterios en Nepal que fomentan la formación de monjas budistas, quienes, como sucede en otras religiones, suelen tener un lugar secundario con respecto a los hombres. En otras ocasiones, Wellenbach también ha hecho donaciones a organizaciones de distinta índole: de derechos humanos, de combate a la desnutrición, de apoyo a la vivienda o a la educación, etcétera.

Entrevistado tanto por su triunfo como por su decisión de donar su premio, el traductor asegura que no le gusta poseer dinero obtenido a través de un juego que lleva a otras personas a la adicción y el sufrimiento; por esa razón, prefiere reconducir dichas ganancias a fines más nobles.

En cuanto a la relación entre el budismo y el póker, Wellenbach tiene una opinión muy peculiar: 

Cuando practicas meditación y desarrollas las cualidades de la atención plena (mindfulness and awareness), te vuelves amigo de ti mismo: te habitúas más a todos esos pensamientos y emociones que corren a través de la mente y que frecuentemente la controlan, emocional o psicológicamente. Conforme te familiarizas con lo que sucede contigo mismo, esos pensamientos y emociones tienen menos poder sobre ti, así que puedes ver con mayor claridad qué está pasando en la mesa y qué está pasando contigo, de modo que, con suerte, puedes entonces hacer lo correcto.

Esta descripción que realiza Wellenbach coincide con las cualidades de la atención que tanto elogiaron el psicólogo William James y la filósofa Simone Weil. Ya sea que se trate de estudiar una lengua, traducir un texto, crear arte o jugar póker, tal pareciera que el éxito de cualquier empresa reside en una única capacidad: la atención plena.

Cabe notar, sin embargo, la relación que establece el traductor entre el cultivo de la atención y el conocimiento de uno mismo. Ambos procesos casi siempre ocurren paralelamente. Es posible desarrollar una atención plena sólo en la medida en que conocemos los flujos de pensamientos que corren por nuestra propia mente; y viceversa: al emprender el conocimiento de lo que somos (nuestras emociones, nuestras cualidades, nuestras ideas, nuestra historia, etc.), la cualidad de la atención se fortalece, pues las aguas de la conciencia se vuelven entonces un mar conocido y navegable.

En cierta forma, ese es el principio de una vida congruente.

 

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