*

X

Por qué el desapego es la clave para la auténtica espiritualidad

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/24/2019

Un profundo comentario a un famoso verso de la Isa Upanishad de Raimon Panikkar

Pensadores tan diversos como Heidegger, Meister Eckhart, el Buda y el autor de la Bhagavad Gita coinciden en que la esencia de la vida espiritual -o del acercamiento al Ser o a lo real- pasa por el desapego o el desasimiento. Por una parte, se enseña en el dharma de India, el apego a los frutos de los actos es la causa del sufrimiento -pues el mundo es impermanente y las cosas a las que nos apegamos cambian y desaparecen- y es en la doctrina del samsara lo que provee el combustible para que sigamos en la rueda de las reencarnaciones. Pero, por otra parte, el apego o el asimiento a la identidad personal y al mundo material es lo que impide que nos relacionemos directamente con la realidad, en completa apertura y descubramos nuestra verdadera naturaleza en comunión con el mundo y con la divinidad. 

Raimon Panikkar, ciertamente alguien calificado en estos asuntos, pues fue un gran conocedor de las tradiciones espirituales de India como también del cristianismo y de la filosofía occidental (incluso amigo e interlocutor de Heidegger), en su libro Espiritualidad hindu enfatiza la importancia del desapego o lo que llama despojamiento. Panikkar termina su síntesis de la religiosidad hindú con un comentario al siguiente verso de la Isa Upanishad:

Todo esto, todo lo que se mueve en este mundo mutable, esta inhabitado por el Señor; encuentra por lo tanto tu alegría en el despojamiento; no ambiciones la riqueza de nadie.

Verso que Radhakrishnan tradujo así:

Debes saber que todo esto, todo lo que se mueve 

en este mundo cambiante, está envuelto por Dios.

Así entonces, encuentra la dicha en renunciar,

y no desees lo que le pertenece a los demás.

Estas son algunas de los líneas más famosos de las Upanishad. Gandhi dijo sobre ellas: "Si todos los Upanishads y todas las otras escrituras fueran súbitamente reducidas a cenizas, y sólo quedará el primer verso de la Isha Upanishad en la memoria de los hindúes, todo el hinduismo [podría ser reconstruido y] viviría para siempre."

Regresemos al comentario de Panikkar, que no tiene desperdicio:

Por este motivo el "camino", la realización, la salvación consiste en del despojamiento, en la "renuncia" en saltar por encima de todos los obstáculos, en dejar caer la piel vieja y que des-aparezca la a-pariencia. El desapego es, por consiguiente, no sólo la condición necesaria para cualquier vida espiritual sino, en rigor, también la suficiente, ya que al despojarnos de lo que no somos aparece sin más la realidad que somos. Más aún, la renuncia al ser no es ónticamente posible ni pensable ontológicamente. La aniquilación está tan lejos de nuestro poder como la creación estricta. El desasimiento no es, en consecuencia una virtud negativa o solamente previa, es el abandono máximo al Ser que nos penetra y nos envuelve.

Panikkar utiliza el término despojamiento que le da un sentido más activo al desapego o a la renuncia (aunque la esencia es la misma). Se trata de una eliminación de todas las capas de irrealidad a las que nos apegamos y recreamos con nuestro aferramiento a ellas; toda la falsedad, ambición, mezquindad; y todas las pertenencias físicas o mentales que nos atan. No se trata de un nihilismo, ni mucho menos, pues Panikkar sugiere que aquello que es no puede destruirse -como señala Krishna en la Bhagavad Gita: los cuerpos con vestimentas que el Ser universal toma por un tiempo y luego se despoja de ellas para tomar otras. Y, sin embargo sí es necesario eliminar, purificar, purgar, aligerar, desasirse para poder vivir libremente y hacerse permeable a lo que Panikkar llama comoteándrico. Continúa Panikkar:

Y esta actitud es la de encontrar tu alegría en la renuncia, la de gozarte en el despojamiento total y así sostenerte a ti mismo. Se trata de una actitud activa y positiva de gozarte en la verdad, de descansar en la realidad, de saciarte con la renuncia.. Esta renuncia no es la negación de algo positivo sino el abandono de lo que no es, el arrojar afuera los obstáculos que impiden aquella penetración total por parte de Dios

Aquí yace la clave. La espiritualidad de India no es una espiritualidad de crear algo nuevo o construir un nuevo cuerpo o realidad, sino de descubrir lo que somos que yace velado por la ignorancia. Para esto, resulta obvio entonces, es necesario despojarnos "de lo que no es". Eso que no es en Occidente sería lo que tanto el platonismo como el cristianismo llaman el mal o el pecado, no algo que exista por sí mismo, sino una privación del bien, un errar. En India se ve sobre todo como la confusión, el deseo dirigido a cosas impermanentes, la ignorancia de la realidad divina que todo lo penetra. Pannikar en su libro The Rhythm of Being nota que tanto en India como en Occidente se tiene casi exactamente la misma noción expresada en la frase "benditos los de corazón puro porque verán a Dios". Es el despojamiento lo que purifica, lo que quita todo los obstáculos y abre el corazón a la visión divina.

Foto Joey L.

Te podría interesar:
Todo aquello a lo que el ser humano realmente aspira, no puede medirse

Uno de los principios rectores que ha hecho que el Internet se convierta en el espacio fundamental de la economía y que haya seducido a tantos inversionistas y anunciantes se debe a que, en teoría, todo se puede medir. Todo arroja datos, todo es cuantificable, todo puede convertirse en una gráfica, en una estadística y en un algoritmo. Incluso los seres humanos, con sus perfiles en línea.

Al abrazar la cuantificación de todas las cosas, el Internet sólo sigue la lógica capitalista que ha embebido sus valores en su estructura y en su software. Douglas Rushkoff sugiere que uno de los principales problemas que enfrenta el ser humano en la actualidad es que los valores del sistema capitalista corporativo se han vuelto ubicuos y cada vez más incisivos al estar siendo programados en las plataformas que usamos todo el tiempo, pues el Internet ya no es un lugar al que nos conectamos de repente, es un estado o  ambiente en el que vivimos.  En su libro Team Human, Rushkoff señala que "el énfasis sobre las métricas y la cantidad en lugar de la profundidad y la calidad ha engendrado una sociedad que la da valor a la celebridad, al sensacionalismo y a las evaluaciones numéricas del éxito."

Esto es importante, porque aunque ciertamente los números nos ayudan a ser más eficientes y a acceder a ciertos aspectos de la realidad, no son el juego completo. De hecho, todo lo que más importa en el mundo no puede medirse y todo a lo que el ser humano realmente aspira -al menos, todo aquel que no está embrujado por los seudovalores del ultilitarismo y el consumo- no puede medirse. El amor, la belleza, la verdad, la bondad, las experiencias de comunión con otra persona o con el universo no pueden medirse, no pueden traducirse en un número o en un dataset. Y, sin embargo, los mercadólogos, los informáticos y los científicos materialistas nos quisieran hacer creer que si no se puede medir, no existe y no importa.

Una curiosa etimología sánscrita nos dice que la palabra "māyā", que generalmente se traduce como "ilusión" o "engaño", viene de la raíz "", que significa "medir". Esta es la gran ilusión en la que vivimos: creer que sólo lo que se puede medir es real y tiene valor. La ilusión, también, de que debemos comportarnos y aceptar como real sólo lo que entra dentro de lo medido, de las mediciones de ciertas estructuras socialmente aceptadas o de ciertas escuelas de pensamiento dominante.   


 

Foto: Bloomberg