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El sexo oral podría ayudar a impedir abortos espontáneos

Salud

Por: pijamasurf - 04/06/2019

Al parecer, el semen tiene propiedades inmunomoduladoras

El semen es un cóctel químico que tiene diversas propiedades, algunas con posibles beneficios a la salud y al estado de ánimo. Un nuevo estudio sugiere  que los antígenos del semen podrían ayudar a modular el sistema inmune de una mujer embarazada y evitar abortos espontáneos. Un grupo de investigadores observó una interesante relación entre la frecuencia del sexo oral y abortos espontáneos consecutivos.

El equipo holandés comparó un grupo de mujeres que habían tenido por lo menos tres abortos espontáneos con un grupo de control que no había padecido complicaciones en sus embarazos. Se analizaron numerosas variables demográficas, estilo de vida, salud y comportamiento sexual. 

Notablemente, se encontró un resultado estadísticamente significativo en que el 57% de las mujeres que tienen abortos recurrentes reportaron no tener sexo oral con sus parejas, mientras que el 73% de las mujeres que no experimentan problemas en sus embarazos afirmó tener sexo oral. Estudios previos han determinado que el sistema inmune es un factor que influye en los abortos espontáneos.

Los investigadores teorizan que el sexo oral expone a las mujeres a los antígenos de la pareja y esto ayuda a que vayan desarrollando tolerancia a otros antígenos y sus sistemas inmunes no respondan negativamente al feto. El sexo oral podría tener un rol preventivo en el embarazo, ayudando a proteger este proceso. Investigaciones posteriores deberán de determinar si esta correlación es causal o no. De hacerlo, aunque resulte llamativo, esto indicaría que ingerir semen puede contribuir a un embarazo seguro y feliz.

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La adicción a los antidepresivos no es un mito: muchas personas que los consumen no los pueden dejar

Salud

Por: pijamasurf - 04/06/2019

En la época en que hay más personas en antidepresivos que nunca, también hay más personas intentando dejarlos, aunque a veces los síntomas son tan graves que la retirada es imposible

La llegada de los antidepresivos fue un hito en el tratamiento psiquiátrico: pequeñas pastillas que, en dosis regulares, podían controlar la depresión y la ansiedad. En Occidente, su utilización pasó de considerarse una suerte de tabú a representar una realidad cotidiana: pareciera que la depresión es el problema más común alrededor, y los medicamentos que la controlan también. Hay más personas en antidepresivos que nunca. 

Muchas personas superan el período de uso de antidepresivos sin problemas significativos, pero hay un porcentaje importante que los usa durante un plazo largo e indefinido, lo cual ha creado un problema no anticipado: los que intentan dejar los antidepresivos se enfrentan a síntomas severos de abstinencia que nadie les advirtió. Algunos de estos síntomas son tan fuertes que les impiden suspender las dosis. 

La suspensión de los medicamentos nunca ha sido el foco de interés de los fabricantes o los reguladores gubernamentales, quienes no consideraban que los antidepresivos podían ser adictivos. En principio, los antidepresivos fueron aprobados para utilizarlos en plazos cortos con dosis mínimas que ayudaran a controlar una crisis, pero incluso hoy, bien pasado el boom del Prozac, las lagunas de información sobre los efectos a largo plazo continúan siendo inmensas. 

Una vez que se aprueba un nuevo medicamento, los médicos tienen toda la libertad para prescribirlo como mejor les parezca. Y la falta de información sobre su uso en períodos largos nunca resultó un impedimento para poner a miles de personas en antidepresivos por tiempo indefinido. La mayoría de los que comienzan con la toma de esos medicamentos lo hacen después de visitas breves y síntomas de depresión clínica que los antidepresivos mejoran inmediatamente, a menudo por un efecto placebo. 

Ante esa evidencia, pocos médicos detendrían lo que pareciera ser un tratamiento ganador. Así que una prescripción inútil puede continuar por años. Hasta que alguien –doctor o paciente– decida que es tiempo de parar. Y la lucha se vuelva imposible. 

Incluso sin los síntomas de abstinencia, los antidepresivos no son inofensivos. Su uso lleva implícito efectos secundarios como entumecimiento emocional, problemas sexuales, aumento de peso o disfunción eréctil. El uso a largo plazo significa convivir con los síntomas propios de esos medicamentos, y aunque algunos pacientes se benefician de esa “terapia de mantenimiento”, no hay ningún estudio que determine qué casos y en qué dosis o circunstancias.   

Ha pasado mucho tiempo sin que los graves síntomas de abstinencia sean tomados en serio; hay poca investigación al respecto, pues se considera que la depresión es el problema más grave, no las dificultades para dejar un antidepresivo una vez superada la crisis. Los médicos no tienen la mejor respuesta para las personas que luchan por dejar los medicamentos; no hay pautas respaldadas científicamente, no hay forma de determinar quién corre un mayor riesgo, no hay estrategias adaptadas a las necesidades de cada persona.

Hace poco se completó la primera prueba rigurosa y prolongada de los efectos del retiro de un antidepresivo en Nueva Zelanda, dirigida por la doctora Dee Mangin de la Universidad McMaster. Su equipo reclutó a más de 250 personas en tres ciudades que habían estado tomando Prozac por varios años y estaban interesadas en disminuir gradualmente su consumo del medicamento. Los investigadores todavía están trabajando con los datos y sus hallazgos se publicarán en los próximos meses, pero una cosa ya quedó clara en esa experiencia clínica: los síntomas de algunas personas eran tan graves que no soportaban dejar el medicamento. 

Por ahora, las personas que no han podido alejarse de los antidepresivos siguiendo los consejos médicos recurren a un nuevo método llamado “microtapering”, que consiste en reducciones minúsculas y progresivas del medicamento. El proceso puede durar meses –incluso años– y, de cualquier manera, los síntomas de abstinencia pueden prevalecer, sin importar la reducción cuidadosa y paulatina. 

Existen iniciativas como The Withdrawal Project, creado por Laura Delano, quien experimentó síntomas graves al intentar dejar ciertas drogas psiquiátricas. Su sitio proporciona recursos para dejar los antidepresivos e incluso una guía para el proceso de microtapering. Pero por ahora, los graves síntomas de abstinencia de los medicamentos psiquiátricos permanecen inexplorados.