*

X

Documento oficial del gobierno de México anuncia plan para legalizar las drogas

Política

Por: pijamasurf - 05/02/2019

El Programa Nacional de Desarrollo establece el plan para legalizar drogas durante el sexenio, en un posible pacto con Estados Unidos

El Programa Nacional de Desarrollo, un documento de casi 300 hojas que detalla la política estatal mexicana del sexenio, plantea la importancia de levantar la prohibición de sustancias ilícitas, sin explicar bien cuáles, con el fin de reducir la violencia y establecer un nuevo paradigma de tratamiento.

La estrategia prohibicionista es insostenible, declara, por lo cual se buscará la legalización en una estrategia en conjunto con Estados Unidos e incluso con la ONU, en un paquete multilateral. Este pacto deberá negociarse y no hay fecha determinada para establecerlo. Por lo cual esto no significa que México haya legalizado las drogas, como afirman algunos medios a vuelapluma, sino que se propone y buscará la legalización, algo que, por otro lado, ya se sabía.

El Plan Nacional de Desarrollo señala:

El modelo prohibicionista criminaliza de manera inevitable a los consumidores y reduce sus probabilidades de reinserción social y rehabilitación.  

La alternativa es que el Estado renuncie a la pretensión de combatir las adicciones mediante la prohibición de las sustancias que las generen y se dedique a mantener bajo control las de quienes ya las padecen mediante un seguimiento clínico y el suministro de dosis con prescripción.

El gobierno de AMLO sostiene que la "guerra contra las drogas" implementada por presidentes como Calderón y Fox ha escalado hasta el punto de crear un problema de seguridad nacional, el cual buscará combatir, entre otras cosas, a través de la legalización. 

Te podría interesar:

Ser políticamente correcto podría estar encubriendo los verdaderos problemas sociales

Política

Por: Pijamasurf - 05/02/2019

Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural, explica en una de sus posturas más controvertidas que el sistema de lo políticamente correcto es tan sólo un encubrimiento de los verdaderos problemas de la sociedad

Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural esloveno, ha sido llamado el “Elvis de la filosofía” y es una auténtica estrella académica. Una de sus posturas más controversiales es la que considera que el sistema de lo políticamente correcto es un encubrimiento de los verdaderos problemas. Y la opción de introducir una suerte de racismo consciente en la conversación, una gran opción.

Žižek no considera que las personas que tratan de ser políticamente correctas tengan una intención oculta o malvada, pero sí que ese sistema de corrección les impide llevar el verdadero problema a la superficie. A un lugar en donde el racismo, el sexismo y un largo etcétera pueden ser resueltos, en lugar de ser guardados bajo peligrosas capas de tolerancia. Al filósofo, el tema mismo de la tolerancia le parece engañoso.

La verdadera aceptación del “otro” queda truncada ante la falsa noción de la tolerancia. Una que para el esloveno traduce la dominación que permite el racismo en términos aceptados socialmente. Ser tolerante es absolutamente ambiguo y en realidad no lleva implícita la aceptación o el respeto que viene del conocimiento, más bien es un acto de “tolerar” que el otro exista, mientras esté a una distancia prudente. La tolerancia implica una aceptación a medias para cumplir con lo que la sociedad espera de nosotros. De nuevo, la corrección política.

Al conocer a alguien, en especial si la persona en cuestión es diferente, todo el peso de lo políticamente correcto cae invisible pero implacable sobre la conversación. Nadie quiere ofender a nadie y la tensión flota en la superficie de las cosas no dichas. Para Žižek, ninguna verdadera relación de intimidad surge sin abordar esos temas escabrosos, razón por la que defiende las bromas racistas como un gran método para romper el hielo.

Con las bromas racistas, el filósofo habla de un racismo ligero que permite reír de los prejuicios –propios y ajenos– en una conversación, pues hay más honestidad en abordarlos abiertamente que en negar que existen. Resolver la tensión del racismo implica, en gran medida, ponerlo sobre la mesa, llevarlo a la conversación. Sólo así podremos resolver los problemas reales en lugar de ocultarlos. Y nos evitaremos los discursos elegantes y educados que parecen no ofender a nadie, pero guardan más rechazo que una broma abierta.

Žižek plantea el sistema que nos obliga a ser políticamente correctos como una medida desesperada al saber que el problema real no puede ser resuelto. Una que vuelve socialmente inaceptable hablar del problema, y lo condena al ostracismo. El verdadero movimiento que venza al racismo sería uno que permitiera hacer exactamente las mismas bromas sin ser considerado racista.

Desde las conversaciones en grupos pequeños hasta los discursos políticos que tratan de ajustarse a los estándares de corrección, hay siempre un fuerte dejo de condescendencia. Žižek pone el ejemplo de una persona blanca que critica la sociedad de consumo actual y alaba a los indios nativos por su maravillosa visión holística y espiritual. En una lectura superficial, la persona en cuestión cumple con todos los parámetros sociales aceptables que traen consigo la idealización de una raza oprimida. Y en esa idealización condescendiente está el verdadero problema.