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Leyendas del monte Kailash, la cumbre espiritual del planeta (FOTOS)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/16/2019

El monte Kailash es el sitio donde convergen las grandes religiones de Asia

En la región del Transhimalaya, en el suroeste del Tíbet, yace el monte Kailash, centro de peregrinación de las grandes religiones de la India. El Kailash es la montaña que simboliza, por sus cumbres nevadas como halos de luz, el más alto logro espiritual, la pureza de la mente, la iluminación. Aunque los alpinistas no consideran que el Kailash sea una cima muy difícil de conquistar, no se tiene registro de que nadie haya subido a la cima del Kailash (los montañistas occidentales que han planeado su ascenso han sido recibidos con protestas y animadversión). El Kailash se mantiene puro; su verdadera cima puede alcanzarse, según la tradición, solamente a través de la meditación y el cultivo de la conciencia sutil.

La palabra kailash viene de una raíz sánscrita que significa "cristal"; en tibetano se dice gangs rinpoche (el título honorario de los grandes maestros), lo cual significa "preciosa joya de las nieves". Las personas que creen que la Tierra tiene un cuerpo análogo al ser humano, un campo magnético con centros energéticos, dicen que ahí se encuentra el chakra corona, el chakra de las mil flores de loto blancas, el chakra en el cuerpo humano donde tiene su habitación Shiva, el eterno meditador que emana el universo para su propia delicia y que despierta en el individuo cuando Shakti -como una cobra, como un millón de abejas- zumba en su oído con un beso de calor que derrite toda obstrucción (como el Sol la nieve) y derrama el elixir de la inmortalidad (amrita) en la cueva cósmica del corazón. 

Todas las religiones del valle Indo (tierra madre de religiones) confluyen en el Kailash, que es también la fuente de cuatro ríos considerados sagrados, el Indo, el Sutlej, el Brahmaputra y el Karnali (tributario del Ganges) -nótese que en las religiones abrahámicas se describen también cuatro ríos que nacen del Paraíso-.

Los jainistas dicen que en la región del Kailash se iluminó su primer líder. Para los budistas está asociado con el monte Meru, el omphalos del universo, y para los budistas tibetanos, con la sede del reino invisible de Shambhala, el mítico reino que inspiró las leyendas de Shangri-La (y como veremos más adelante, con la transmisión original del dzogchen o Gran Perfección). Los Bönpo, los miembros de la religión indígena del Tíbet, lo consideran su sitio sagrado, hogar del dios Sipaimen y sede del poder espiritual. En el hinduismo, el Kailash también es el monte Meru o Sumeru, axis mundi y el lugar donde reside Shiva en un estado de dicha perpetua, unido con su consorte Parvati (también Shakti), y de cuya unión se genera el primer spanda, la vibración de la creación del cosmos (Ananda Tandava), por lo cual la montaña representa el principio mántrico Sat-Chit-Ananda. Las cuatro caras del Kailash están asociadas con diferentes piedras preciosas (cristal, rubí, oro, lapislázuli), componiendo los pilares sobre los que se sostiene el mundo. 

La tradición esotérica del Kalachakra Tantra cuenta que el rey de Shambhala, Dawa Sangpo, se acercó al Buda Shakyamuni antes de que muriera, y le solicitó enseñanzas que no requirieran que tomara votos monásticos. El Buda le habría enseñado los tantras internos, externos y secretos del Kalachakra. A partir de Dawa Sangpo se habría formado un linaje de reyes iluminados que unieron su reino bajo un único clan, los "ridgzin". Mucho se ha especulado sobre el destino de este linaje de Shambhala y si el reino de Shambhala existe en este plano de realidad o es una Tierra Pura que se ha generado por el mérito acumulado de su dinastía de grandes bodhisattvas (todo un reino de seres iluminados) y en la cual el ser humano puede renacer si alcanza ciertos logros en esta vida. En los textos del corpus del Kalachakra se menciona que Shambhala yace "detrás del Kailash". Esto ha sido interpretado de formas diversas. Puede ser al norte del Kailash, adentro del Kailash (dando origen también a leyendas como Agartha) o simplemente en un plano superior, quizás en una especie de campo áurico, una escala más allá en la conciencia. Otra especulación esotérica en torno a Shambhala menciona que el destino de este reino es combatir con una civilización bárbara que tomará (o está tomando) control de la Tierra, que atraviesa la era oscura o kali-yuga; el triunfo profetizado del Reino de Shambhala daría a luz a una nueva Edad de Oro. Sin embargo, estas leyendas son explicadas de forma simbólica en el Sri Kalachakra, donde se comenta que la gran batalla contra las huestes bárbaras ocurre internamente, y los ejércitos bárbaros representan los Tres Venenos de la doctrina budista y los cuatro ejércitos de Shambhala los Cuatro Inconmensurables: el amor, la compasión, la alegría y la ecuanimidad. Así, el campo de esta batalla sería el microcosmos del cuerpo humano, donde se sella el triunfo a través de las prácticas tántricas y se consigue vencer para siempre al samsara o la ilusión que multiplica el sufrimiento a través de la ignorancia. 

mount kailash -  tibet -  dirapuk gompa - kailash northface - 4890 m - left: avalokiteshavara hill - right: vajrapani hill pilgrims warshipping the holy mt. kailash (gang rinpoche) in western tibet. the mt. kailash is considered a sacred place in four religions: bön, buddhism, hinduism and jainism. pilgrims walk the kora (53 km long sacred circuit, highest pass at 5.700 m) around the mountain. tibetans believe that the entire walk should be made in a single day. some pilgrims are performing body-length prostrations over the entire length of the kora. it takes them about 3-4 weeks. mt. kailash (6.638 m) has never been climbed. it is one of the last spots on earth never  entered by men.

En su libro Introduction to the Kalachakra Initiation, Alexander Berzin identifica Shambhala con la región que circunda al monte Kailash. Berzin señala que Shambhala en tibetano significa "el lugar de la dicha o de la alegría", lo cual lo hace "un sinónimo tanto del dios Shiva como de los Heruka budistas... El Monte Kailash realmente no es Shambhala, sólo representa Shambhala en la Tierra... el viaje a Shambhala no es físico, es espiritual". Berzin distingue entonces entre el reino invisible o espiritual de Shambhala simbolizado por el Kailash como su doble y el reino de Shambhala en su aspecto histórico, que se ubicaría en lo que hoy es el norte de Afganistán, lugar de origen de Dawa Sangpo.

También en el Kailash se lleva a cabo una de las historias fundacionales del budismo en el Tíbet. El yogui Milarepa, el alumno de Marpa que tuvo que sufrir todo tipo de vejaciones para purificar su karma por haber cometido crímenes utilizando magia en defensa de su familia, se enfrentó ahí al gran mago de los Bönpo, Naro Bön-Chung. En una competencia que haría que el vencedor fuera declarado como el más poderoso mahasiddha -pero que simbolizaba el poder del budismo vs el poder de la religión indígena- se acordó que el primero en alcanzar la cima del Kailash sería declarado victorioso. El hechicero Bönpo utilizó un tambor mágico para elevarse a la cima, pero ante el asombro de los ahí reunidos, Milarepa se sentó a meditar y en completa calma logró vencer a su adversario usando los rayos del Sol como vehículo.

El profesor Elías Capriles, académico experto en el budismo vajrayana y practicante del dzogchen, sostiene en su libro Budismo y dzogchen que el monte Kailash es el punto axial desde el cual se diseminó la tradición del dzogchen, la práctica basada en alcanzar y estabilizar el estado natural de la mente que es igual a la vacuidad no conceptual, radiante y puro, la naturaleza inherente del Buda. Capriles difiere de lo que dice Giuseppe Tucci, quien afirma que las enseñanzas tanto del dzogchen como del Bönpo se originan del shivaísmo de Cachemira, que  tiene en el anuttara un claro símil con el estado de no-meditación del dzogchen. Capriles sigue a su maestro Namkhai Norbu Rinpoche, quien afirma que en el Kailash transmitió sus enseñanzas Shenrab Miwoche:

El tönpa Shenrab Miwoche, alrededor del año 2000 antes de Cristo enseñó la forma rudimentaria de dzogchen (rdzogs chen) conservada por los Bönpo (bon-po) que se conoce como dzogpachenpo Zhang-zhung Ñenguîü (rDzogs-pa Chen-po Zhang-zhung sNyan-brgyud), y quizás también algunas formas rudimentarias de tantrismo (el tantrismo es el mantrayana o vehículo de los mantras).

Capriles nota que el Kailash también es el centro clave del culto del  zurvanismo persa, "cuyo culto está centrado en Zurván, personificación del tiempo infinito y del espacio infinito. Es de suponer, pues, que el zurvanismo esté de alguna manera emparentado con el shivaísmo y el Bön. Y el hecho de que en sánscrito 'tiempo infinito' o 'tiempo total' se diga Mahakala, que es el nombre de un aspecto o forma del dios Shiva, parece sugerir una identidad, al menos parcial, entre Shiva y Zurván".

De aquí se desdobla una fascinante hipótesis, aunque un poco elaborada, sobre el Kailash como cuna de un modo de percepción no-dual, que se estableció entre diversas religiones que tienen en común la búsqueda de establecerse en el estado natural de la conciencia, si bien por diversos métodos. 

 ...no cabe duda de que Shiva-Mahakala y Zurván -y según sugiere la evidencia también el Îandag Guîalpo- eran personificaciones de aquello que, en términos de los conceptos de una tradición asociada al tantra Kalachakra delineados por el lama tibetano Tarthang Tulku (Time, Space and Knowledge: A New Vision of Reality) podría designarse como Total Espacio-Tiempo-Cognitividad: la condición panorámica e indivisa que, de manera no-dual, aprehende la Totalidad más allá de cualquier fragmentación o separación. Cabe señalar también que tanto Zurván como Shiva eran dioses bisexuales; en el caso del Shiva, este hecho es bien conocido (y Alain Daniélou lo ha resaltado de manera particular en su obra Shiva y Dionisos); en el caso de Zurván, aunque el hecho en cuestión no es tan conocido, el mismo se desprende claramente de los testimonios que todavía se conservan sobre la antigua religión persa.

Capriles incluso sugiere que la transmisión del estado primordial en el Kailash o sus alrededores podría ser también el origen del taoísmo, la religión china que estaría estrechamente emparentada con el Bön:

En todo caso, es un hecho que la morada del dios Shiva está en el monte Kailash, en el Tíbet occidental; que dicha montaña constituyó un destino privilegiado de peregrinaje para el zurvanismo, y que ya alrededor del año 2000 a. C. el gran maestro del Bön Shenrab Miwoche estaba enseñando el dzogchen (y probablemente también el tantrismo) en los alrededores de la montaña en cuestión. Aunque lo anterior es ya suficientemente sugestivo, hay muchísimos otros indicios de que las doctrinas del shivaísmo de la India y del zurvanismo persa -y no sólo aquéllas, sino también las del taoísmo chino y las de otras tradiciones asociadas a las mencionadas

[...] ya que muchos taoístas han afirmado que su tradición y la del Bön establecida en el Tíbet son una y la misma. Como se verá en una nota posterior, no sólo parecen las doctrinas de Lao-Tse constituir un intento de expresar en palabras la inexpresable Visión (lta-ba) del dzogchen, sino que la leyenda relaciona al sabio taoísta directamente con el Tíbet, pues afirma que aquél habría entregado el Tao-te Ching a un oficial de la frontera chinotibetana en el momento de abandonar el territorio chino. Y, de hecho, hay enormes coincidencias entre el dzogchen y las formas de taoísmo que aparecen en Lao-Tse, Chuang-Tse, Lieh-Tse y los maestros de Huainan -que en su conjunto gusto designar como «taoísmo de inoriginación» a fin de contraponerlo al de los ‘santos inmortales’ (shen hsien)-. Concretamente, ambos sistemas afirman que la verdadera naturaleza de la existencia es una condición no originada que no puede ser concebida por el intelecto ni entendida correctamente en términos de conceptos, y que para vivenciarla es necesario superar las acciones que parecen emanar del ilusorio sujeto mental que cree ser la fuente autónoma y sustancial de sus propios actos y el receptor separado de sus experiencias.

 

Fotos: Samuel Zuder

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El tapas védico, descrito como un fuego o un ardor, es el origen del misticismo contemplativo de la India

Junto con Grecia, la India es el gran caudal de la sabiduría de nuestra civilización, ya en plena "globalización". Una de las grandes aportaciones de los pensadores védicos fue descubrir que la atención podía controlarse y cultivarse, que la mente cuando se concentraba en un punto, sin distraerse, producía una cierta luminosidad. Llamaron a esto tapas, literalmente "ardor", y generalmente traducido como "ascetismo". Este tapas era la cualidad esencial de los rishis, los poetas santos que revelaron los mantras de los Vedas y con ellos fundaron toda la tradición espiritual de la India, que derivaría en escuelas filosóficas tan brillantes como el vedanta o el budismo (que a fin de cuentas es una heterodoxia), entre otras.

En gran medida todas las técnicas contemplativas -desde el shamata y el vipassana budistas, el samadhi de Patanjali y el bhakti-rasa del krishnaísmo, hasta el mindfulness moderno- están basadas en la noción de que concentrar la atención unifocalmente (ekagrata, single-pointedness) permite que la mente se purifique y perciba con mayor claridad el mundo. Se suele usar la imagen de una superficie de agua que al estar agitada no refleja nítidamente la Luna. Cuando la turbulencia del agua se aquieta -cuando la mente se calma-, la Luna se refleja nítidamente. Se percibe la realidad, en toda su dimensión luminosa. El salmista igualmente dice: "Quédate quieto y conoce que yo soy Dios". Pese a la obviedad y simpleza de este pensamiento, para el hombre moderno no parece ser tan obvio o no le da demasiada importancia al hecho de que para percibir la realidad debe primero calmar, purificar y entrenar su mente; limpiar, como si fuere, el polvo del espejo y pulir su superficie. "La psicología india se dio cuenta del valor de la concentración y la consideró como un medio para la percepción de la verdad," nota S. Radhakrishnan en su importante Indian Philosophy. De la misma manera que el fuego quema los metales impuros dejando sólo el oro, la concentración quema las aflicciones e improntas kármicas, dejando sólo la luz pura de la conciencia. Unos 2 mil 500 años o más después, el psicólogo William James escribiría que la atención es la facultad mental más importante. Entrenar la atención, según James, sería la más alta educación; sin embargo, el psicólogo de Harvard se preguntaba si tal cosa era posible. 

En su libro Ardor, Roberto Calasso, observa que tanto los rishis védicos como el Buda tienen en común la cualidad de estar despiertos, de estar ardientemente atentos a lo que sucede. El verbo "budh", del cual se deriva el término "buddha", significa "despertar", pero también tiene una acepción de "observar" o "atender". Calasso escribe:

La primacía de despertar sobre cualquier otra actividad mental no es una innovación del Buda, quien simplemente ofreció una versión de esto que era a la vez radical y mayormente destructiva de lo que le antecedía. La preocupación sobre el despertar y su importancia siempre había estado presente en los textos védicos. Despertar estaba incrustado en el ritual, en los momentos en los que era más frágil y estaba más expuesto a desmoronarse. Atención profunda (la nuestra a lo que está pasando y la de los dioses en torno a nosotros) es el soporte que el oficiante necesita.

La "atención profunda" o la "atención plena" (como se traduce el mindfulness, aunque el término pali sati remite a recordar) que caracteriza al Buda puede encontrarse ya en el tapas de los rishis y de los sannyasins de las Upanishad. "Los rsis alcanzaron un grado de conocimiento inaccesible, no ya porque pensaron determinados pensamientos, sino porque ardían", dice Calasso. En la cosmogonía védica, el universo se manifiesta, pasa del asat al sat debido a este misterioso tapas, el ardor del Ser en sí mismo; la concentración del deseo en un único punto, como el Sol en una lupa, produce un rayo fecundo que insemina las aguas.

Los hombres védicos lo que querían era alcanzar el estado de los dioses. Para los védicos los dioses no eran seres radicalmente distintos, lo que los distinguía era su estado de conciencia, algo que sabían. No siempre habían sido dioses. Pero habían logrado un cierto conocimiento, habían encontrado las claves del altar de fuego y habían sacrificado. Pero ni siquiera el sacrificio y ni siquiera el soma (la bebida que confería la inmortalidad y que era utilizada en el sacrificio) eran suficientes. Para que el sacrificio fuera eficaz debía hacerse con tapas, con una cierta intensidad de la mente, que era como un fuego, como el mismo Agni, que era el dios que gozaba del soma y que llevaba el deseo del hombre a lo divino. Explica Calasso:

"Los dioses están despiertos": acercarse a los dioses significa estar despierto. No hacer el bien, no satisfacer a los dioses con homenajes y ofrendas. Simplemente estar despierto. Eso es lo que permite que cualquiera se vuelva "más divino, más calmado, más ardiente", en otras palabras más rico en tapas. ¿Y acaso no fue el tapas lo que permitió que los dioses se convirtieran en dioses en un principio? [...] Todo puede ser trazado de regreso a esto. Y todo puede ser eliminado, excepto esto.

Esta cualidad despierta, este ardor, va más allá de los dioses. Pues los dioses mismos sólo son dioses por el tapas, por la luminosidad de su conciencia. El tapas es previo a los dioses. Es la fuente impersonal de donde los mismos dioses beben. Una historia budista cuenta que unos hombres se encontraron con el Buda poco después de que éste hubiera alcanzado la iluminación bajo el árbol Bodhi. Al observar que su cuerpo emanaba una cierta luminosidad le preguntaron si era un deva, un demonio o sólo un hombre. El Buda les contestó: "Estoy despierto". Algo similar se podría decir de los rishis, cuya naturaleza elude definición. No son ni dioses (éstos a veces temen su terrible tapas) ni demonios, ni hombres ni alguna otra categoría, aunque se les liga con las estrellas de la Osa Mayor. Lo que los define es su estado de conciencia, su tapas. Son, según Louis Renou, lo que llegarían a ser luego los jivanmuktas, las almas liberadas que siguen recorriendo el mundo y a las cuales se puede reconocer por una cierta luz en su mirada. Esto que no puede ser eliminado, el tapas, el ardor, el estar despierto, es lo que une al Buda con la tradición védica de la cual el budismo se desprende como una heterodoxia o como una democratización de la sabiduría védica, según Radhakrishnan.

Es cierto que el budismo busca eliminar el deseo, el fuego que incendia el mundo y lo convierte en una hoguera de muerte y renacimiento. Pero sólo puede hacerlo usando el fuego de la mente, el fuego de la atención, ese mismo tapas que crea el mundo deseando. El Hevajra Tantra, un tantra budista, luego diría: "por la pasión el mundo está encadenado; por la pasión también el mundo se libera". El nirvana es apagar una vela, pero ese aliento que apaga la vela también es un fuego (el fuego que el agua no apaga... tan fuerte como la muerte, como dice el Cantar de los Cantares). El estado de extinción del sufrimiento, el nirvana -por más inefable que haya querido mantenerse-, desde la época de los textos palis tiende a ser descrito como una cierta luminosidad, un cierto deleite más allá de lo mutable. En el Mahayana alcanzará una cierta formulación paradójica que mantiene siempre esta cualidad: "la mente es no-mente, la naturaleza de la mente es luminosidad" (Pañcavimsati Prajñaparamita Sutra). La cualidad de estar despierto, de vigilar, es siempre una luz, la conciencia misma. Incluso aunque no haya sujeto, no haya un yo, hay una luz que no cambia, un cierto ardor.

 

Twitter del autor: @alepholo