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Un nuevo libro traza la historia de esta sustancia psicodélica

El escritor británico Mike Jay, uno de los principales expertos mundiales en la historia de las sustancias psicodélicas, ha publicado un nuevo e importante libro: Mescaline: A Global History of the First Psychedelic (Mezcalina: Una historia global del primer psicodélico). Jay traza en este texto la historia de la mezcalina, el alcaloide que se encuentra en el cactus San Pedro y en el peyote y cuyo uso ha sido central en la cosmovisión de ciertos pueblos indígenas de Centro y Sudamérica.

Jay nota que antes del LSD, la mezcalina parecía ser el agente psicodélico preferido para uso terapéutico entre los primeros médicos que estaban experimentando con plantas psicoactivas. Pero el LSD demostró tener menos efectos colaterales y después fue impulsado por la propaganda prosicodélica del movimiento contracultural encabezado por Tim Leary.

Existen indicios de que la mezcalina fue usada en América hace más de 5 mil años, lo que hace a esta sustancia una de las drogas psicoactivas más viejas. Actualmente su uso está prohibido, salvo en el caso excepcional de ciertas culturas que están autorizadas para emplearla ceremonialmente. Jay nota que, como ocurre con otras plantas psicodélicas, la mezcalina produce la cruda -o purga- primero y después el estado alucinatorio. Estas alucinaciones parecen ser resultado de que la molécula activa receptores de serotonina en el cerebro.

La primera descripción médica de esta sustancia fue por parte del médico John Raleigh Briggs, quien en 1887 detalló su experiencia, un tanto violenta, ingiriendo peyote. Curiosamente, la farmacéutica Parke-Davis ofreció durante un breve período en la década de 1890 tintura de peyote, en lugar de cocaína, como un estimulante del sistema respiratorio y tónico del corazón.

Durante las primeras décadas del siglo XX la mezcalina fue estudiada con entusiasmo, pues se creía que podía iluminar los procesos detrás de la esquizofrenia, pero esto no rindió demasiados resultados. Paralelamente fue utilizada por artistas, filósofos y ocultistas como Aleister Crowley, Antonin Artaud, Jean-Paul Sartre y finalmente por Aldous Huxley, quien escribió un famoso libro sobre sus experiencias con esta sustancia.

Lo más llamativo quizá fue el uso religioso del peyote por parte de Frederick Smith, quien fuera el líder de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Estados Unidos y quien introdujo el peyote a sus servicios religiosos como un sacramento. Smith había tenido visiones místicas participando en ceremonias con comunidades nativo americanas.

La mezcalina fue probada por los nazis en campos de concentración como un "suero de la verdad". El médico encargado, Kurt Plötner, luego sería reclutado por la CIA para el proyecto de control mental MK Ultra, que experimentaría con el LSD. Por último, llama la atención que la mezcalina no es una de las sustancias que figuran en el incipiente renacimiento de la medicina psicodélica. La ayahuasca, el LSD, los "hongos mágicos" y otras sustancias generan un mayor interés médico.

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Psiconáutica

Por: Pijamasurf - 05/23/2019

Tao Lin, uno de los escritores jóvenes más inquietantes de los últimos años, ha ganado notoriedad por su escritura basada en la experiencia psicodélica

Tao Lin, uno de los escritores jóvenes más inquietantes de los últimos años, ha ganado notoriedad por su escritura basada en la experiencia psicodélica. Estadounidense de ascendencia china taiwanesa, combina los referentes de la cultura pop y los anhelos profundos que remiten a la filosofía oriental. Entre sus libros más famosos se encuentran Trip (Viaje) y Tai Pei (Taipéi), en donde comparte, desde sus álter egos, su experiencia en horas de vuelo:

En la primavera de 2010, cuando tenía 26 años, comencé a usar Adderall, Xanax, oxicodona y otras drogas farmacéuticas. Durante 2 años traté constantemente de usar menos drogas mientras usaba cada vez más. Sentía cada vez más desesperación, preocupación y desesperanza. Para el año 2012, las situaciones sociales requerían por lo menos de cafeína, un estimulante farmacéutico o una benzodiazepina. Sabía que al día siguiente me sentiría terrible, suicida. Parecía que ya no podía disfrutar de nada a menos que tomara dos o más medicamentos fuertes, si me encontraba solo.

Durante esos años oscuros, utilicé LSD y psilocibina unas 20 veces. Sus efectos me sorprendieron y alentaron. Ellos me sacaron de mis hábitos temporalmente (como revolcarme en la depresión y usar píldoras para sentirme menos mal), me hicieron sentir más sano. Pero mi problema con las drogas y mi sombría visión del mundo (me había suscrito vagamente al existencialismo, que me dijo que debía crear mi propio significado en un universo indiferente) superó mis experiencias psicodélicas y todavía me sentía atrapado en una confusión indefensa. Me sentía incapaz de dejar de usar píldoras o encontrar un significado convincente en la vida.

En septiembre de 2012, me encontré con el difunto promotor de psicodélicos Terence McKenna en YouTube. McKenna promovió específicamente los psicodélicos de las plantas, que han sido probados por siglos: cannabis, psilocibina, DMT, ayahuasca, salvia divinorum. Alentó a las personas a usar psicodélicos en soledad, en la oscuridad silenciosa, después de mucha planificación y lectura, lo opuesto a lo que yo había hecho pues los probaba en público, con amigos, después de poca o ninguna investigación.

11 meses más tarde, en agosto de 2013, solo en mi estudio en Manhattan, a las 12:50am, con más intención y conocimiento que en mis viajes anteriores, tomé mi primera dosis pesada de psilocibina: 2.5 gramos de una especie desconocida y seca. La tomé sabiendo que, al menos, cambiaría severamente mi perspectiva durante unas horas, me haría sentir menos deprimido, compulsivo y neurótico durante días y me interesaría en la vida durante 1 semana o más. También sabía que podría motivarme a hacer las cosas que quería hacer, y que, por algún motivo, incluida la falta de inspiración, todavía no había hecho.

A la 1:44am, me sentí saliendo de la Tierra de una manera inquietante, como si estuviera en un barco que partía de un lugar que asumí como el único lugar. Me senté con las piernas cruzadas en el suelo y bajé los párpados. Me sorprendió gradualmente, durante unos 20 segundos, encontrarme en una extensión desconocida, reluciente y celestial. Queriendo explorar, traté de mover mi perspectiva como si tuviera un cursor, pero parecía que no podía moverme. Reconocí que probablemente podría explorar mejor este lugar con una dosis mayor, en un viaje futuro, con una mente y un cuerpo más sanos.

Alrededor de las 2:40am, me moví a mi cama, donde me senté con las piernas cruzadas y sollozando, dándome cuenta de que finalmente iba a terminar años de un abuso de drogas cada vez menos placentero. Me había dado cuenta de esto antes, pero nunca con confianza. Lloré pensando en cómo me iba a distanciar de todo, excepto de los libros y quizás de las películas para vivir solo en un área rural. Me sorprendió poder decidir qué hacer en términos de años y décadas, en lugar de horas y días, como si las decisiones fueran literarias.

A las 3:46am, tuiteé: “Estoy dejando atrás toda esta mierda de juego. Estoy riendo. No sé qué es lo que estoy dejando atrás en términos específicos, pero lo estoy eliminando”. Mi tercera novela, Taipéi, había sido publicada 2 meses antes. Pensé en la fiesta de lanzamiento, donde recibí regalos de botellas de medicamentos a medio llenar que quería dejar de usar. Al principio, mi recuperación se centraría en la eliminación de estos medicamentos farmacéuticos, pero se propagaría gradualmente a otros elementos ambientales que no me sirvieron de nada: radiación electromagnética, alimentos nocivos, pesticidas y otras toxinas, anuncios.

Alrededor de las 5:40am, casi 5 horas después de comer hongos, regresé del viaje y me sentí un poco frenético porque quería apresurarme mientras aún me sentía motivado para “abandonar la sociedad”, ése fue el mensaje principal de mi viaje. Eliminé Tumblr y Facebook de mi empresa editorial, luego mi cuenta personal de Twitter y Facebook. Una parte de mí se sentía sorprendida y la otra no. A menudo había querido hacerlo, pero nunca logré eliminar mis cuentas en esos sitios web.

A las 6:01am, eliminé mi blog y el sitio web principal, taolin.info, reemplazándolo con cuatro párrafos en letras mayúsculas. El primer párrafo fue el más largo:

“BORRÉ LA PÁGINA PRINCIPAL DE MI CUENTA DE GMAIL... TODOS LOS CORREOS ELECTRÓNICOS. OFICIALMENTE NO TENGO MEMORIA... AMO A MI FAMILIA, MIRARÉ HACIA ADELANTE AL PASAR EL TIEMPO CON ELLOS Y UNOS POCOS AMIGOS. TODOS LOS DEMÁS: JAJAJA ADIÓS, JESÚS... NO EN UN MAL SENTIDO... OK. JESÚS…”.

Consideré eliminar mi cuenta de Gmail por completo. Sentí que necesitaba apresurarme para cumplir mi plan o, de lo contrario, no sucedería. Como mi determinación y mi visión se irían, probablemente racionalizaría que era mejor no hacerlo. Entonces, puse mi MacBook en una bolsa de basura y puse la bolsa en un contenedor público de basura a dos cuadras de distancia.

Más tarde ese día, después de una siesta, comencé a sentirme melodramático y falso. ¿Por qué me sentía avergonzado por intentar dejar una vida que cada vez más temía y odiaba? La eliminación de mi computadora, la eliminación de partes de mi presencia en Internet y la publicación de un mensaje similar a la jubilación en mi sitio web eran comportamientos preciosos y raros que no quería disminuir, menospreciar o ignorar. Quería premiarlos y no olvidar cómo me hacían sentir.

En los siguientes días y dado mi deseo de dejar inmediatamente a la sociedad, dudé de la sabiduría de mi plan. Parecía más sabio, más efectivo, serio y considerado, menos frenético, beligerante y enloquecido, que esto se fuera dando de forma lenta, paciente y cuidadosa. Comencé a ver que mi deseo no se debilitaba, sino que se transformaba de un arrebato aislado a un tema importante y de toda la vida.

Dejaría la sociedad (sus drogas, lenguaje, ideas, hábitos, opiniones y sitios web) en un proceso gradual de evolución. Usaría psicodélicos, libros, mi historia, mi mente y mi cuerpo para seguir aprendiendo. Llenaría mi inconsciente con más de mis experiencias de la naturaleza y menos de la cultura y sus jerarquías para no hundirme. Como en arenas movedizas, pero sin una lucha direccional, volví a la vida que una vez quise dejar.

1 mes después, en septiembre de 2013, comencé a consumir cannabis a diario. Comencé a usar menos Adderall y Xanax, más psilocibina y LSD. En 2014 comencé a escribir mi cuarta novela, Leave Society (Dejar la sociedad). En 2016, cuando ya había dejado de consumir drogas farmacéuticas y me había vuelto adicto a aprender de libros de no ficción, cambié mi dieta y mi consumo cultural y otros hábitos y continué alimentando mi interés cada vez mayor en la naturaleza y los psicodélicos. Puse la novela en espera y escribí Trip, donde examiné mi viaje de psilocibina en detalle, dándole más poder para seguir influyendo en mi vida.

Los psicodélicos catalizan el cambio, pero no indefinidamente y no sin estrategias. Para mí, eso significa tomar apuntes, escribir autobiográficamente, amigos, nutrición, desintoxicación, ejercicio, dormir, leer y volver a examinar ideas que inconscientemente había absorbido de la sociedad. Pero sin ese viaje de psilocibina que me ubicó tan lejos en un solo día y que me llevó a un lugar donde pude decidir qué hacer con los siguientes 5 o más años de mi vida, habría tardado en llegar a mi camino otros 10 o 20 años, o quizás no habría llegado nunca.

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Imágenes de Tao Lin: https://highexistence.com/tao-lin-interview-trip/