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Nueva teoría sugiere que rayos cósmicos aceleraron la evolución humana

Arte

Por: - 05/29/2019

Una controversial teoría sostiene que tormentas eléctricas detonadas por rayos cósmicos fueron esenciales en acelerar la evolución humana al modificar el paisaje africano

Una nueva teoría un tanto radical sostiene que la radiación pudo haber sido instrumental en el salto evolutivo de monos que vivían en árboles a humanos bípedos que caminaban por las llanuras africanas. Hasta el momento no se tiene una explicación contundente sobre las razones a partir de las cuales el ser humano dio ese paso esencial en la conformación de lo que luego sería el Homo sapiens.

Los investigadores creen que una temporada de explosiones de rayos cósmicos que empezó hace unos 7 millones de años y tuvo su pico hace 2.6 millones de años pudo haber desencadenado una serie de importantes eventos. Por una parte, los rayos cósmicos, resultado de la explosión de una supernova, habrían ionizado la atmósfera, haciéndola más conductiva. Y el frecuente bombardeo debió de producir numerosas tormentas eléctricas que, según la teoría, habrían deforestado tierras africanas, dejando largas planicies. Esto habría obligado al ser humano a aventurarse a las llanuras a buscar otra forma de subsistencia.

Se cree que los primeros homínidos en caminar erguidos aparecieron hace unos 6 millones de años. Los investigadores creen que las explosiones cósmicas simplemente aceleraron un proceso que ya empezaba a producirse. Aunque evidentemente los rayos cósmicos no influyeron directamente en la conciencia de los humanos, sino indirectamente a través de sus efectos en el entorno, uno no puede dejar de imaginar una escena como la de 2001: Odisea en el espacio, con el extraño monolito que parece servir de acelerador evolutivo de los monos, con una especie de teleología. 

Los científicos creen que su modelo se podría medir. Pero esto ocurriría hasta que la estrella Betelgeuse haga explosión, una supernova que se encuentra a 642 años luz de la Tierra y que no explotará pronto, aunque de cualquier manera ocupa el primer lugar en la lista. El argumento esencial es que los rayos cósmicos influyen en la atmósfera propiciando tormentas eléctricas, algo que aún debe comprobarse.

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Una alberca, un bosque y otros proyectos excéntricos para el techo de Notre-Dame

Arte

Por: pijamasurf - 05/29/2019

La polémica sobre la reconstrucción de la catedral de Notre-Dame ha dado lugar a algunas singulares propuestas de arquitectura

Como sabemos, en abril pasado un incendio consumió buena parte del techo de la catedral de Notre-Dame, uno de los edificios más emblemáticos de París y de la arquitectura gótica en general. 

El suceso llamó la atención internacional y en Francia se tomó como una suerte de catástrofe nacional. En ese sentido, hubo también una polémica pública por la respuesta que algunos consideraron desmesurada en comparación con otros hechos también contemporáneos, desde cierta perspectiva más graves, que sin embargo no provocan el mismo interés internacional que tuvo el incendio de Notre-Dame.

Sea como fuere, es difícil negar o dejar de ver el valor histórico y artístico de la catedral de Notre-Dame, fruto de un proceso cuya riqueza y complejidad social vale la pena tener presente, pues nos ayuda a entender la importancia y el significado del edificio. Así podemos entender también que eventualmente el techo se repare y el esplendor de la catedral se restituya.

¿Pero de qué manera? Esta pregunta es menos sencilla de lo que podría parecer, pues para responderla justamente es necesario evaluar todo lo que implica reparar una iglesia con casi 700 años de historia y que, a lo largo de todo ese tiempo, en cierto sentido no fue nunca la misma. Como ha sucedido en otros casos, en parte la pregunta frente a las reparaciones abre al menos dos caminos: ¿hay que apegarse a una supuesta originalidad (que probablemente no exista tal cual), o aceptar que toda modificación será necesariamente un cambio? Y si es un cambio, ¿en qué sentido puede ser éste? ¿Un cambio radical o uno conservador?

Entre las propuestas de reparación, una de las más excéntricas es la del estudio de arquitectura Ulf Mejergren Architects (UMA) que tiene su sede en Estocolmo, Suecia, el cual sugiere que el techo de la catedral de Notre-Dame sea reemplazado por una enorme alberca pública, custodiada solemnemente por las estatuas de los 12 apóstoles del credo católico, mismas que se salvaron del incendio porque habían sido desmontadas y llevadas a un taller de restauración.

El proyecto podría parecer una broma, pero para el estudio, tiene una justificación. Según los arquitectos de UMA, “una catedral no es una isla aislada en medio de una fábrica humana, sino que pertenece a la ciudad y a la gente”. 

Otra propuesta igualmente excéntrica es la de Clément Willemin, arquitecto paisajista y miembro de la agencia BASE, para quien el techo de Notre-Dame bien podría albergar un pequeño bosque, igualmente accesible al público. A su juicio, esta idea es mucho menos costosa de implementar y, en consecuencia, podría liberar el dinero recaudado y no utilizado para construir viviendas sociales.

El proyecto de Francisco Gómez Tejada, del estudio NAB, es parecido, aunque quizá más cercano a un invernadero.

Quizá uno de los puntos más discutidos sobre las reparaciones de Notre-Dame sea el que se refiere a la flèche que se agregó en el techo de la catedral en el siglo XIX a instancias de las modificaciones propuestas por el arquitecto Viollet-le-Duc, la cual se volvió emblemática tanto para el edificio en sí como para la línea del horizonte de la ciudad de París. De entre todos los que consumió el fuego, la flèche fue quizá el elemento arquitectónico más importante de la catedral. No son pocos los arquitectos que dudan entre restituir la flèche de Viollet-le-Duc tal cual era, hecha de roble macizo, o reconstruirla según las circunstancias de nuestra época, con nuevos materiales y una adaptación de su diseño.

A ese respecto, la propuesta más abstracta es la de reemplazar la flèche por nada más que un haz luminoso que se proyecte todas las noches hacia el cielo parisino. Una idea, dicho sea de paso, con ciertas evocaciones a las columnas de luz que reemplazaron a las Torres Gemelas de Nueva York después de los atentados de 2001. Esta imagen, del diseñador gráfico Anthony Séjourné, muestra cómo luciría la flèche luminosa de Notre-Dame.

Norman Foster, considerado por muchos un genio de la arquitectura, dijo con motivo de esta discusión que la nueva flèche tendría que ser “contemporánea y muy espiritual”. En ese sentido, su propuesta de reparación sugiere una espiga de cristal y acero inoxidable, en cuya base se encontraría una plataforma de observación accesible al público y, para el techo de Notre-Dame, una estructura límpida hecha enteramente de cristal, la cual daría paso a nada más que la luz natural para iluminar el recinto. 

Excéntricas o no, todas estas ideas son sin duda atractivas, al menos por un solo aspecto: todas apuestan por lo nuevo. Con todo, justamente por esa razón no parece probable que el gobierno o la sociedad franceses estén preparados para aceptarlas.

 

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