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'La verdad es el todo': cuando José Mourinho citó a Hegel

Filosofía

Por: pijamasurf - 05/29/2019

Mourinho invoca a Hegel

José Mourinho es probablemente el técnico más odiado del fútbol internacional. Se caracteriza por su arrogancia, y en los últimos tiempos, por una especie de delirio de persecución. Mourinho, llamado "El Especial", es en cierta forma un outsider del mundo del fútbol, ya que a diferencia de la mayoría de los técnicos, él no tuvo una carrera futbolística. Aunque su padre fue futbolista, Mourinho no tuvo las habilidades necesarias y decidió finalmente estudiar ciencia del deporte y prepararse en la universidad. Empezó a posicionarse en ciertos equipos como parte del staff de los equipos, desempeñándose como traductor -habla seis idiomas-, y poco a poco demostró sus habilidades como estratega.

Hace unos meses, cuando todavía era entrenador del Manchester United, después de ser cuestionado al perder un partido 3-0, Mourinho hizo alarde de su cultura en función de lo que siempre hace, recordarle a la prensa sus logros como entrenador. Cuando la prensa lo cuestionaba sobre si seguía siendo uno de los más grandes directores técnicos del mundo, Mourinho sacó de su sombrero a Hegel.

"Por supuesto. No has leído nada de filosofía. Deberías leer a Hegel. Sólo como ejemplo, Hegel dice: 'La verdad es el todo', siempre es el todo'", dijo el portugués en un momento memorable (aunque con ello reveló que el alemán no es uno de los idiomas que maneja). Citando a Hegel, Mourinho quiso hacer dos cosas: por una parte, demostrar su nivel -Hegel es famoso por ser uno de los filósofos más complejos- y por la otra, recurrir a su currículum. No se puede aislar un momento, la realidad de la cosa es el todo, el proceso del espíritu en toda la historia. Hegel creía que la verdad es la razón o el espíritu que se manifiesta a través la historia, que se va haciendo cada vez más consciente hasta encarnar absolutamente en un proceso dialéctico, una síntesis del infinito en lo finito.

Ver minuto 3:00 para la cita de Hegel

Lo interesante de esto es que la sola mención de Hegel por parte de Mourinho hizo que se escribieran numerosos artículos en medios británicos para interpretar la frase, lo que de alguna manera regresó a la palestra a Hegel, uno de los filósofos más brillantes pero también más arrogantes de la historia, como Mourinho. Quizá Mourinho al final de su carrera cite otra de las famosas frases de Hegel, "el búho de Minerva sólo levanta vuelo en el crepúsculo", con lo que Hegel quería decir que la sabiduría sólo llega al final, y con eso se refería a él mismo, pues se consideraba el final de un período histórico, el punto en el que finalmente la filosofía había llegado a la madurez y se graduaba, superando a la religión y convirtiéndose en la ciencia del espíritu absoluto.

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Una meditación en torno a una idea de Borges cuyo origen parece encontrarse en Schopenhauer

El ser humano tiene una tendencia (¿innata?) a aplazar o postergar todo tipo de actos, como si negara que su destino es la muerte. Pese a que en teoría la mayoría de nosotros cree que va a morir y que los actos de esta vida tienen un enorme valor, ya sea porque la vida es irrepetible o porque los actos determinan lo que seremos -cuánto gozaremos o sufriremos- en el futuro, tanto en esta vida como en la existencia postrera (de haberla), aun así tenemos una increíble facilidad para procrastinar y dejar de lado cosas que racionalmente nos parecen de primera importancia.

Borges escribió en su cuento "Funes, el memorioso": "Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo". Esta frase memorable parece provenir de una idea de Schopenhauer, el filósofo preferido de Borges. En El mundo como voluntad y representación, el filósofo alemán escribe:

También en él, como en el animal que no piensa impera como estado duradero esa íntima conciencia de que él es la naturaleza, una seguridad en virtud de la cual el pensamiento no intranquiliza, notablemente al hombre, sino que cada cual sigue viviendo como si hubiera de hacerlo eternamente; hasta el punto de dar la impresión de que nadie posee en realidad un auténtico convencimiento respecto a la certeza de su muerte, pues de lo contrario no podría haber una diferencia tan enorme entre su disposición de ánimo y la de un criminal condenado a la pena capital; sino que cada cual reconoce esa certeza en abstracto y teóricamente, pero la deja de lado, como otras verdades teóricas que no son aplicables a la praxis, sin asumirlas en su conciencia vital.

(Traducción de Roberto Aramayo)

Schopenhauer añade que esta voluntad de vivir, que se identifica con el conjunto de la existencia, es probablemente lo que ha dado a luz a las diversas creencias en "la persistencia del individuo tras la muerte". El filósofo sugiere que en realidad no creemos en el ultimátum de la muerte, pues la misma voluntad que es la cosa en sí que somos, y que se expresa a través de toda la naturaleza, nos hace intuir que somos inmortales (aunque no nosotros como individuos, sino como voluntad, como vida pura). 

Carl Jung, otro pensador enormemente influido por Schopenhauer (el filósofo que mejor anticipó las ideas del inconsciente de Freud), en sus escritos reiteradamente nota que las personas tienen una tendencia a creer que la muerte no es el final de su existencia, casi un instinto de inmortalidad. Para Jung este instinto proviene del Sí mismo, el arquetipo que trasciende el ego pero que se manifiesta sólo a través de la individualidad.

Para Schopenhauer, el miedo a la muerte es solamente la presión que ejerce el ego, la misma individualidad, que se resiste a dejar de existir, pero la voluntad misma y el sujeto trascendente existen eternamente. Lo que realmente es, no muere ni nace estrictamente, sólo aparece bajo el velo de la individualidad, en el mundo de la representación o de los fenómenos, similarmente a como el alma en el vedanta cae en la ignorancia de su propia naturaleza -que es el Atman, el sujeto universal trascendente idéntico al absoluto o Brahman- y se experimenta como un individuo con una conciencia atada a un cuerpo. Pero cuando se elimina el velo de la maya o este encubrimiento de lo real, entonces despierta del sueño del devenir a la realidad de la conciencia absoluta (Brahman), que para Schopenhauer es, antes que conciencia o razón, una voluntad inconsciente. Pero el filósofo es consiente de que negando la voluntad individual se accede a un estado en el que se es todas las cosas y se conoce todas las cosas, a lo que el mismo Borges hace referencia en su frase. Existe, sin embargo, otra diferencia importante en el pensamiento de las Upanishad y en el de Schopenhauer: la noción central que se encuentra en la India de la continuidad del alma o de un agregado mental y su condicionamiento existencial ético, la reencarnación en relación a sus actos (karma). Para Schopenhauer, a lo más que puede aspirar el individuo es a tener una experiencia del absoluto en vida practicando el ascetismo, o a subsumirse en la eternidad de las ideas a través de la contemplación estética. Su inmortalidad, como probablemente lo era también para Aristóteles, es impersonal. Es por ello que se le considera un filósofo pesimista y, sin embargo, no es demasiado difícil subvertir su pensamiento con algunos de sus propios pasajes para encontrar un cierto consuelo filosófico, pensando no en la nada que seremos como individuos, sino en el todo que ya somos como voluntad que existe en un eterno presente.

 

Twitter del autor: @alepholo