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¿Es el amor una mera ilusión biológica o una realidad espiritual?

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/01/2019

Si el amor es solamente la forma en la que nos representamos el puro instinto sexual, entonces debemos preguntarnos si realmente existe aquello que llamamos amor

El amor es generalmente considerado como la experiencia en la que el ser humano encuentra su sentido existencial y su plenitud. Particularmente es el caso del amor sexual, el cual provee el máximo placer que experimenta el ser humano, hasta el punto de que incluso los estados místicos -que suponen alcanzar la realidad última- han sido descritos en el lenguaje florido del amor sexual, algo que encontramos en culturas tan diversas como el hinduismo, el cristianismo o el islam, por mencionar sólo algunas. De hecho, en la vida moderna secular, donde el misticismo es algo que sobre todo se estudia en las universidades o que se adquiere -como si fuera una mercancía- a través de sesiones con plantas psicodélicas, el amor romántico ha reemplazado esta necesidad de experimentar una especie de unión mística, que provea no sólo el placer extático y la transformación del yo, sino también una experiencia dadora de sentido. Uno se puede preguntar, un poco cínicamente, ¿qué sería del marketing y de la publicidad sin este misticismo o idealismo del amor, en el que un hombre o una mujer orienta toda su vida hacia la consecución de un pareja, la cual cree que le puede proveer una felicidad duradera, como ninguna otra cosa en la vida, una suerte de divinidad? Como ha dicho un teórico de medios contemporáneo: un hombre que está buscando novia es el consumidor perfecto.

Ahora bien, el amor no es una invención del marketing. Es parte de nuestra naturaleza. La pregunta esencial es si la dimensión ética y espiritual con la cual experimentamos como seres humanos el amor es real, es algo que existe, por así decirlo, ontológicamente o incluso sobrenaturalmente, o si en realidad esta forma de vivir el amor es simplemente una ilusión útil gracias a la cual la biología o la fuerza ciega de la evolución nos engaña para que sigamos reproduciéndonos. El tema no es menor, pues si el amor sólo es un programa biológico, por más que lo idealicemos o eulogicemos, entonces se podría argumentar que lo que existe es solamente el amor sexual, y entonces, podemos ir más allá y decir que lo que existe solamente es el instinto sexual que se enmascara como amor. Pues si lo que llamamos "amor" es solamente la manipulación de una fuerza ciega, mecánica y determinista que nos orilla a querer a una persona solamente para reproducirnos y satisfacer la necesidad de supervivencia, entonces el amor es despojado de la libertad, de la elección y de toda correspondencia poética. Incluso la madre que sería capaz de morir por su hijo no está haciéndolo por amor, sino por el puro ciego instinto que la manipula para que la vida siga existiendo y sus genes se sigan transmitiendo. Y no hace nada sustancialmente diferente a lo que hace una mosca o un gusano que procuran de alguna u otra manera por su descendencia. ¿Pero llamaríamos amor al instinto de procreación y conservación de una mosca, al "egoísmo" de la especie?

En otras palabras, se podría argumentar que para que el amor -según lo entendemos- exista, debe ser sobrenatural, es decir, más allá de la naturaleza, del mecanicismo de la materia, pues debe requerir una decisión libre, una respuesta libre a la vida: la afirmación del amor, de amar a esa persona libremente, no a la manera de un esclavo de la biología. En este sentido se presenta la noción del amor como un don divino, como una esencia o una energía espiritual que existe libremente, en semejanza de la divinidad, incluso como la esencia misma de la divinidad. "Dios es amor", dice el Evangelio de Juan. Y San Juan de la Cruz: "en el ocaso de la vida seremos juzgados en el amor", sugiriendo que el amor es el gran logro de una persona, aquello en lo cual se juega su vida y su futuro, lo que lo define. Al igual que Rilke, quien escribió que había que trabajar para amar, que el amor era algo que uno debía conseguir a través de la experiencia. Que una persona sepa amar, ese es el criterio del bien. ¿Pero cómo puede ser "bueno" alguien que es obligado a hacer lo que hace? Si el amor es meramente una fuerza ciega que nos avasalla, nadie es responsable de su amor. Podemos todavía hablar de la "gracia del amor" y tendremos santos electos; o podremos hablar del instinto biológico o de la voluntad de poder que inconteniblemente arrastra a los individuos hacia el acto sexual y tendremos humanos que creen estar enamorados, pero que en realidad son zombis o robots. 

Schopenhauer, en la segunda parte de El mundo como voluntad y representación, le dedica un capítulo al amor y expone su tesis de que el amor es en realidad un modo de la voluntad de vivir, mero instinto de supervivencia, por lo que no deja de ser la cuestión más seria y apremiante de nuestra existencia, pues de ella depende nuestra especie. Schopenhauer destruye el ideal del amor romántico: "todo enamoramiento por muy etéreo que guste aparecer, únicamente arraiga en el instinto", "el instinto sexual sabe adaptar con destreza la máscara de una admiración objetiva y engañar así a la conciencia; pues la naturaleza precisa de tal estratagema para sus fines". El misticismo del amor, el deseo de unidad se literaliza, no es más que la voluntad de vivir, instinto sexual que busca crear otro ser, la unión de los dos seres que creen amarse: "Los amantes sienten el anhelo de unirse y fundirse realmente en un único ser, para luego proseguir viviendo sólo en él; y este anhelo se colma en lo generado por ellos, como aquello en lo que se transmiten las cualidades de amor, para sobrevivir reunidos en un ser".

Para Schopenhauer, que anticipa en ello a la moderna biología evolutiva, la belleza y la salud son sobre todo astutas señales biológicas que orientan la inclinación amorosa hacia un resultado fértil. La naturaleza crea, haciendo uso de la invención de la necesidad, formas que estimulan a los individuos para que se cumpla el único fin, aquello que mueve a todo lo demás, la simple procreación. Ya que el individuo es profundamente egoísta y sólo el egoísmo mueve realmente al individuo, su propia voluntad de vivir, la naturaleza, para alcanzar su fin, inculca "al individuo una cierta ilusión, en virtud de la cual le parece como bueno para sí mismo lo que en verdad lo es para la especie, de suerte que sirve a ésta mientras se figura que está al servicio de sí mismo".

Platón ya había notado en El banquete que el amor, el eros, tiene como función básica perpetuar la especie, una inmortalidad material, a través de las generaciones. Pero allí mismo, la sacerdotisa Diotima planteó un modo trascendente, con su famosa escalera del amor, con la cual le dio al amor una cualidad sobrenatural, como una energía que eleva al alma más allá del mundo contingente, hacia el mundo de las ideas, un mundo eterno y divino. El eros que despierta la belleza de un cuerpo, cuando es cultivado filosóficamente, despierta un amor universal, hacia la belleza en sí. Estaría aquí desarrollada la idea de que el amor, ya sea porque es en sí mismo una divinidad o un daemon, o porque participa en la eternidad de las ideas, es lo que hace divinos a los hombres. Esta es la idea fundamental que subyace al amor en nuestra civilización. El amor es lo divino en el ser humano. Es aquello que lleva hacia lo real, hacia lo que uno es en el fondo, hacia algo que no perece. Esta es la otra inmortalidad del amor, la primera siendo la inmortalidad del sexo.

En otras tradiciones, como en el hinduismo, se desarrollaron importantes escuelas devocionales, en las que se postuló la noción de que el amor a Dios trasciende la causalidad y es capaz de liberar al individuo del mundo condicionado e incluso deificarlo. Asimismo, el estado más elevado al cual aspira un alma es algún tipo de contemplación amorosa o de participación en los juegos amorosos y en la deliciosa belleza de la divinidad. En estos casos, se afirmaría que si bien un amor finito está condenado al sufrimiento, pues es dirigido a un ser impermanente, un amor dirigido a un ser infinito y absolutamente bueno es la clave de la felicidad. Borges dijo que el amor es crear una religión con un dios falible. Se podría decir que algunas de estas tradiciones crean una religión para poder experimentar un amor infalible.

Se puede decir mucho más sobre este fascinante tema, el cual dejaremos de alguna manera irresoluto, dejando al menos ese importante espacio abierto del misterio, tan vital para el amor, que, ya sea por un truco de la biología o por una semejanza divina, siempre busca más y requiere un desconocimiento para seguir conociendo, para seguir explorando y disfrutando algo que juega a ser inagotable, a presentar lo infinito dentro de lo finito. ¿Una divina ilusión?

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Leyendas del monte Kailash, la cumbre espiritual del planeta (FOTOS)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/01/2019

El monte Kailash es el sitio donde convergen las grandes religiones de Asia

En la región del Transhimalaya, en el suroeste del Tíbet, yace el monte Kailash, centro de peregrinación de las grandes religiones de la India. El Kailash es la montaña que simboliza, por sus cumbres nevadas como halos de luz, el más alto logro espiritual, la pureza de la mente, la iluminación. Aunque los alpinistas no consideran que el Kailash sea una cima muy difícil de conquistar, no se tiene registro de que nadie haya subido a la cima del Kailash (los montañistas occidentales que han planeado su ascenso han sido recibidos con protestas y animadversión). El Kailash se mantiene puro; su verdadera cima puede alcanzarse, según la tradición, solamente a través de la meditación y el cultivo de la conciencia sutil.

La palabra kailash viene de una raíz sánscrita que significa "cristal"; en tibetano se dice gangs rinpoche (el título honorario de los grandes maestros), lo cual significa "preciosa joya de las nieves". Las personas que creen que la Tierra tiene un cuerpo análogo al ser humano, un campo magnético con centros energéticos, dicen que ahí se encuentra el chakra corona, el chakra de las mil flores de loto blancas, el chakra en el cuerpo humano donde tiene su habitación Shiva, el eterno meditador que emana el universo para su propia delicia y que despierta en el individuo cuando Shakti -como una cobra, como un millón de abejas- zumba en su oído con un beso de calor que derrite toda obstrucción (como el Sol la nieve) y derrama el elixir de la inmortalidad (amrita) en la cueva cósmica del corazón. 

Todas las religiones del valle Indo (tierra madre de religiones) confluyen en el Kailash, que es también la fuente de cuatro ríos considerados sagrados, el Indo, el Sutlej, el Brahmaputra y el Karnali (tributario del Ganges) -nótese que en las religiones abrahámicas se describen también cuatro ríos que nacen del Paraíso-.

Los jainistas dicen que en la región del Kailash se iluminó su primer líder. Para los budistas está asociado con el monte Meru, el omphalos del universo, y para los budistas tibetanos, con la sede del reino invisible de Shambhala, el mítico reino que inspiró las leyendas de Shangri-La (y como veremos más adelante, con la transmisión original del dzogchen o Gran Perfección). Los Bönpo, los miembros de la religión indígena del Tíbet, lo consideran su sitio sagrado, hogar del dios Sipaimen y sede del poder espiritual. En el hinduismo, el Kailash también es el monte Meru o Sumeru, axis mundi y el lugar donde reside Shiva en un estado de dicha perpetua, unido con su consorte Parvati (también Shakti), y de cuya unión se genera el primer spanda, la vibración de la creación del cosmos (Ananda Tandava), por lo cual la montaña representa el principio mántrico Sat-Chit-Ananda. Las cuatro caras del Kailash están asociadas con diferentes piedras preciosas (cristal, rubí, oro, lapislázuli), componiendo los pilares sobre los que se sostiene el mundo. 

La tradición esotérica del Kalachakra Tantra cuenta que el rey de Shambhala, Dawa Sangpo, se acercó al Buda Shakyamuni antes de que muriera, y le solicitó enseñanzas que no requirieran que tomara votos monásticos. El Buda le habría enseñado los tantras internos, externos y secretos del Kalachakra. A partir de Dawa Sangpo se habría formado un linaje de reyes iluminados que unieron su reino bajo un único clan, los "ridgzin". Mucho se ha especulado sobre el destino de este linaje de Shambhala y si el reino de Shambhala existe en este plano de realidad o es una Tierra Pura que se ha generado por el mérito acumulado de su dinastía de grandes bodhisattvas (todo un reino de seres iluminados) y en la cual el ser humano puede renacer si alcanza ciertos logros en esta vida. En los textos del corpus del Kalachakra se menciona que Shambhala yace "detrás del Kailash". Esto ha sido interpretado de formas diversas. Puede ser al norte del Kailash, adentro del Kailash (dando origen también a leyendas como Agartha) o simplemente en un plano superior, quizás en una especie de campo áurico, una escala más allá en la conciencia. Otra especulación esotérica en torno a Shambhala menciona que el destino de este reino es combatir con una civilización bárbara que tomará (o está tomando) control de la Tierra, que atraviesa la era oscura o kali-yuga; el triunfo profetizado del Reino de Shambhala daría a luz a una nueva Edad de Oro. Sin embargo, estas leyendas son explicadas de forma simbólica en el Sri Kalachakra, donde se comenta que la gran batalla contra las huestes bárbaras ocurre internamente, y los ejércitos bárbaros representan los Tres Venenos de la doctrina budista y los cuatro ejércitos de Shambhala los Cuatro Inconmensurables: el amor, la compasión, la alegría y la ecuanimidad. Así, el campo de esta batalla sería el microcosmos del cuerpo humano, donde se sella el triunfo a través de las prácticas tántricas y se consigue vencer para siempre al samsara o la ilusión que multiplica el sufrimiento a través de la ignorancia. 

mount kailash -  tibet -  dirapuk gompa - kailash northface - 4890 m - left: avalokiteshavara hill - right: vajrapani hill pilgrims warshipping the holy mt. kailash (gang rinpoche) in western tibet. the mt. kailash is considered a sacred place in four religions: bön, buddhism, hinduism and jainism. pilgrims walk the kora (53 km long sacred circuit, highest pass at 5.700 m) around the mountain. tibetans believe that the entire walk should be made in a single day. some pilgrims are performing body-length prostrations over the entire length of the kora. it takes them about 3-4 weeks. mt. kailash (6.638 m) has never been climbed. it is one of the last spots on earth never  entered by men.

En su libro Introduction to the Kalachakra Initiation, Alexander Berzin identifica Shambhala con la región que circunda al monte Kailash. Berzin señala que Shambhala en tibetano significa "el lugar de la dicha o de la alegría", lo cual lo hace "un sinónimo tanto del dios Shiva como de los Heruka budistas... El Monte Kailash realmente no es Shambhala, sólo representa Shambhala en la Tierra... el viaje a Shambhala no es físico, es espiritual". Berzin distingue entonces entre el reino invisible o espiritual de Shambhala simbolizado por el Kailash como su doble y el reino de Shambhala en su aspecto histórico, que se ubicaría en lo que hoy es el norte de Afganistán, lugar de origen de Dawa Sangpo.

También en el Kailash se lleva a cabo una de las historias fundacionales del budismo en el Tíbet. El yogui Milarepa, el alumno de Marpa que tuvo que sufrir todo tipo de vejaciones para purificar su karma por haber cometido crímenes utilizando magia en defensa de su familia, se enfrentó ahí al gran mago de los Bönpo, Naro Bön-Chung. En una competencia que haría que el vencedor fuera declarado como el más poderoso mahasiddha -pero que simbolizaba el poder del budismo vs el poder de la religión indígena- se acordó que el primero en alcanzar la cima del Kailash sería declarado victorioso. El hechicero Bönpo utilizó un tambor mágico para elevarse a la cima, pero ante el asombro de los ahí reunidos, Milarepa se sentó a meditar y en completa calma logró vencer a su adversario usando los rayos del Sol como vehículo.

El profesor Elías Capriles, académico experto en el budismo vajrayana y practicante del dzogchen, sostiene en su libro Budismo y dzogchen que el monte Kailash es el punto axial desde el cual se diseminó la tradición del dzogchen, la práctica basada en alcanzar y estabilizar el estado natural de la mente que es igual a la vacuidad no conceptual, radiante y puro, la naturaleza inherente del Buda. Capriles difiere de lo que dice Giuseppe Tucci, quien afirma que las enseñanzas tanto del dzogchen como del Bönpo se originan del shivaísmo de Cachemira, que  tiene en el anuttara un claro símil con el estado de no-meditación del dzogchen. Capriles sigue a su maestro Namkhai Norbu Rinpoche, quien afirma que en el Kailash transmitió sus enseñanzas Shenrab Miwoche:

El tönpa Shenrab Miwoche, alrededor del año 2000 antes de Cristo enseñó la forma rudimentaria de dzogchen (rdzogs chen) conservada por los Bönpo (bon-po) que se conoce como dzogpachenpo Zhang-zhung Ñenguîü (rDzogs-pa Chen-po Zhang-zhung sNyan-brgyud), y quizás también algunas formas rudimentarias de tantrismo (el tantrismo es el mantrayana o vehículo de los mantras).

Capriles nota que el Kailash también es el centro clave del culto del  zurvanismo persa, "cuyo culto está centrado en Zurván, personificación del tiempo infinito y del espacio infinito. Es de suponer, pues, que el zurvanismo esté de alguna manera emparentado con el shivaísmo y el Bön. Y el hecho de que en sánscrito 'tiempo infinito' o 'tiempo total' se diga Mahakala, que es el nombre de un aspecto o forma del dios Shiva, parece sugerir una identidad, al menos parcial, entre Shiva y Zurván".

De aquí se desdobla una fascinante hipótesis, aunque un poco elaborada, sobre el Kailash como cuna de un modo de percepción no-dual, que se estableció entre diversas religiones que tienen en común la búsqueda de establecerse en el estado natural de la conciencia, si bien por diversos métodos. 

 ...no cabe duda de que Shiva-Mahakala y Zurván -y según sugiere la evidencia también el Îandag Guîalpo- eran personificaciones de aquello que, en términos de los conceptos de una tradición asociada al tantra Kalachakra delineados por el lama tibetano Tarthang Tulku (Time, Space and Knowledge: A New Vision of Reality) podría designarse como Total Espacio-Tiempo-Cognitividad: la condición panorámica e indivisa que, de manera no-dual, aprehende la Totalidad más allá de cualquier fragmentación o separación. Cabe señalar también que tanto Zurván como Shiva eran dioses bisexuales; en el caso del Shiva, este hecho es bien conocido (y Alain Daniélou lo ha resaltado de manera particular en su obra Shiva y Dionisos); en el caso de Zurván, aunque el hecho en cuestión no es tan conocido, el mismo se desprende claramente de los testimonios que todavía se conservan sobre la antigua religión persa.

Capriles incluso sugiere que la transmisión del estado primordial en el Kailash o sus alrededores podría ser también el origen del taoísmo, la religión china que estaría estrechamente emparentada con el Bön:

En todo caso, es un hecho que la morada del dios Shiva está en el monte Kailash, en el Tíbet occidental; que dicha montaña constituyó un destino privilegiado de peregrinaje para el zurvanismo, y que ya alrededor del año 2000 a. C. el gran maestro del Bön Shenrab Miwoche estaba enseñando el dzogchen (y probablemente también el tantrismo) en los alrededores de la montaña en cuestión. Aunque lo anterior es ya suficientemente sugestivo, hay muchísimos otros indicios de que las doctrinas del shivaísmo de la India y del zurvanismo persa -y no sólo aquéllas, sino también las del taoísmo chino y las de otras tradiciones asociadas a las mencionadas

[...] ya que muchos taoístas han afirmado que su tradición y la del Bön establecida en el Tíbet son una y la misma. Como se verá en una nota posterior, no sólo parecen las doctrinas de Lao-Tse constituir un intento de expresar en palabras la inexpresable Visión (lta-ba) del dzogchen, sino que la leyenda relaciona al sabio taoísta directamente con el Tíbet, pues afirma que aquél habría entregado el Tao-te Ching a un oficial de la frontera chinotibetana en el momento de abandonar el territorio chino. Y, de hecho, hay enormes coincidencias entre el dzogchen y las formas de taoísmo que aparecen en Lao-Tse, Chuang-Tse, Lieh-Tse y los maestros de Huainan -que en su conjunto gusto designar como «taoísmo de inoriginación» a fin de contraponerlo al de los ‘santos inmortales’ (shen hsien)-. Concretamente, ambos sistemas afirman que la verdadera naturaleza de la existencia es una condición no originada que no puede ser concebida por el intelecto ni entendida correctamente en términos de conceptos, y que para vivenciarla es necesario superar las acciones que parecen emanar del ilusorio sujeto mental que cree ser la fuente autónoma y sustancial de sus propios actos y el receptor separado de sus experiencias.

 

Fotos: Samuel Zuder