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‘Parasite’ de Bong Joon-ho fue premiada este año con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, un reconocimiento merecido a una cinta que destaca por la perfección de su historia

*Este artículo contiene detalles sobre la cinta Parasite, de Bong Joon-ho*

Parasite es la cinta del director surcoreano Bong Joon-ho que este año se hizo acreedora a la Palma de Oro en Cannes, sin duda uno de los reconocimientos mayores del mundo del cine. Bong Joon-ho había conocido ya el éxito con su filme anterior, Okja (2017), producido por Netflix pero estrenado inicialmente en las pantallas del Festival de Cannes de aquel año. Además del saludo de la crítica, Okja también contó con buena recepción por parte de los espectadores. Con Parasite (2019), sin embargo, el surcoreano parece haber refinado su arte al grado de una obra técnica y estéticamente perfecta.

El filme cuenta la historia de la familia Kim y de la precariedad en la que viven. Los padres están desempleados y el hijo y la hija han tenido dificultades para continuar con sus estudios (por más que ambos parecen tener habilidades más que suficientes para estar en la universidad). Todos habitan en el sótano de un edificio, situado éste a su vez en la zona marginal de una ciudad populosa. De tanto en tanto, a la hora de la cena, la familia ve pasar frente a su única ventana a un borrachín del barrio, que casualmente siempre que se detiene por ahí lo hace para orinar o vomitar, una escena que los miembros de la familia reciben con humor.

La situación de la familia cambia luego de que Ki-woo, el hijo, recibe la visita de un amigo que le ofrece un trabajo temporal pero atractivo: dado que él saldrá de viaje, le pide a Ki-woo que se ocupe de una joven de familia adinerada a quien da clases de inglés y sobre quien tiene ciertas intenciones sentimentales. Al recomendar a alguien de su confianza, el amigo de Ki-woo piensa asegurarse así de que el trabajo se realizará adecuadamente y también de que su sustituto no le quitará su lugar en sus intentos amorosos hacia la joven. 

En ese encuentro, el amigo regala a Ki-woo y a la familia una piedra de río que proviene de la colección personal de su abuelo y que, según se dice, es portadora de prosperidad; aunque este detalle puede parecer incidental, en términos cinematográficos y narrativos es importante, pues la piedra cumple la función del "MacGuffin" hitchcockiano, esto es, un objeto aparentemente trivial o secundario que sin embargo ayuda a reforzar en el espectador la sensación de continuidad y cohesión de la historia.

Ki-woo es admitido como tutor de inglés y con ello se abre la primera de las dos líneas narrativas que sostienen la película. Una vez que Ki-woo ha entrado al servicio de los Park, él y el resto de los miembros de la familia urden diversos engaños para incorporarse al servicio doméstico de la familia acaudalada, sin que en ésta se den cuenta del parentesco que los relaciona e incluso a costa del despido de otros empleados. Las tretas surten efecto y todos terminan formando parte del personal al servicio de los Park.

Hasta este punto Parasite podría parecer un tanto simplista y quizá incluso ingenua con respecto a situaciones como la pobreza y la desigualdad económica, las cuales parece tratar con el mismo dulzor con que fueron retratadas, por ejemplo, en las cintas de la llamada "época de oro" del cine mexicano, en muchas de las cuales es posible encontrar la idea de que la precariedad hace a las personas alegres, solidarias y "buenas" casi naturalmente. Dado que los engaños de la familia Kim son tratados con humor y ligereza (con lo cual se logra que el espectador simpatice con actos que en la realidad difícilmente toleraría), por un momento Parasite parece caer también en esa caricaturización tanto de la existencia precaria como de la iniquidad en la distribución de la riqueza.

Por fortuna, Parasite es otro tipo de película. Sobre esos temas en particular, su punto de inflexión puede encontrarse en un momento del filme cuidadosamente preparado. En la secuencia de la batalla campal en la sala de la residencia de los Park, cuando los Kim luchan contra la exgobernanta y su esposo para que ella no envíe un video comprometedor a los Parker, hay un instante en que la gobernanta mira de pronto la mesa de centro de la sala y, debajo de ésta, los restos del festín que los Kim se dieron con los licores y las provisiones de los Parker, aprovechándose de la ausencia de la familia. Ante las migajas, las botellas vacías y los empaques abiertos groseramente, la gobernanta siente de pronto desprecio por sus rivales por un motivo muy específico: no entiende cómo ellos pudieron desperdiciar así un espacio diseñado originalmente para el disfrute estético y la contemplación. Gracias al recurso de un flashback, la gobernanta se recuerda a sí misma bailando con su marido a la luz del atardecer, en ese salón tan bellamente iluminado, al tiempo que con su voz en off elogia al arquitecto que diseñó el lugar, mismo que fue el primer propietario de la casa.

Esta escena es central de la película porque a través de esta imagen –una empleada doméstica disfrutando estéticamente de un espacio arquitectónico de diseño sofisticado, una imagen preciosa pero también con cierto grado implícito de contradicción–, se plantea la pregunta fundamental de Parasite con respecto al problema de la desigualdad económica. Sean los Kim tomando posesión de la residencia (así sea simbólicamente y por medio de la simulación), o la gobernanta defendiendo su puesto y su lugar de trabajo en esa casa, en ambos casos los esfuerzos parecen estar motivados por estas preguntas: ¿Por qué nosotros no podríamos también disfrutar de todo esto? ¿Por qué los ricos lo tienen todo y los pobres no tienen nada? ¿Por qué un pobre no puede también bañarse en una tina o tumbarse despreocupadamente en el césped perfectamente cortado de un jardín particular? ¿Por qué los pobres no pueden también formar parte de todo ello ("fundirse con el paisaje", como dice en cierto momento Ki-woo, preocupado porque él parece no tener la naturalidad con que su hermana se mueve entre la gente rica)?

Una posible respuesta a esta suma de preguntas ocupa el otro sostén argumentativo de la cinta, mismo que también parece dar sentido al título de ésta. Si bien por un momento podríamos pensar que los "parásitos" son todos los Kim, cuyo modus operandi parece ser vivir tanto como se pueda a costa de otras personas, esa idea adquiere otro matiz cuando se descubre el búnker secreto en la residencia de los Parker y a su inquilino inesperado, Geun-se, el esposo de la exgobernanta, quien ha vivido ahí desde hace ya varios años, también a expensas de los Parker y sin que éstos se hayan dado cuenta de su presencia en todo ese tiempo.

Entre la sorpresa y la confusión, Kim Ki-taek (el padre de la familia Kim) pregunta a Geun-se por qué se resignó a vivir de esa manera, con más precariedad aún de la que soportan los Kim, pues ese hombre vive en un lugar con las condiciones apenas elementales de supervivencia. Geun-se cuenta entonces brevemente su historia, marcada por una inversión fallida y desmesurada para sus capacidades económicas que tuvo como consecuencia su imposibilidad de pagar las deudas que había contraído con varios usureros. La fuga y el escondite se le presentaron entonces como su única opción al alcance (e, indirectamente, la reducción drástica de sus oportunidades de vida).

Este relato podría pasar desapercibido o parecer secundario de no ser porque encuentra eco en uno de los personajes principales de la historia, el padre de la familia Kim, quien al inicio de la cinta también menciona brevemente la misma aventura financiera malograda, lo cual sugiere que ésta se trata de un acontecimiento mayor y de impacto profundo en la historia de varias familias, como esas crisis económicas que en la historia de distintos países han sido capaces de traumatizar a generaciones enteras. 

Dicho elemento es todavía más significativo cuando en la escena del albergue, donde los Kim han llegado luego de haber perdido todas sus pertenencias a causa de la tormenta que anegó su hogar, Ki-woo pregunta a su padre cuál es el plan del que habló antes para sortear todas las adversidades que han caído sobre ellos. Kim Ki-taek dice entonces que su plan es no tener plan, que si uno vive sin planear entonces nada puede sorprender ni molestar, pues de esa manera las circunstancias que se presenten no pueden arruinar lo que no existe. El padre dice todo esto con los ojos cerrados, acostado en el piso del albergue, y cuando termina de hablar se da vuelta y da la espalda a su hijo. 

La postura de Kim Ki-taek podría considerarse nihilista, pero no en un sentido filosófico, sino netamente existencial. El padre de la familia Kim parece haber renunciado a todas las posibilidades de su vida, a sus sorpresas y sus imprevistos y si vive sin prever pareciera ser más bien porque vive sin querer, su existencia transcurre inercialmente, sujeta y obediente a los eventos que se presentan.

Esta declaración de principios funciona como el segundo pilar de Parasite porque permite una interpretación fuera de la moral del revés que sufre la familia Kim. Más que tomar éste como una especie de castigo por sus acciones y su deshonestidad, o como el "precio" que pagan los Kim por haber engañado a los Parker, la cinta ofrece los elementos necesarios para realizar una lectura más apegada a la realidad (y no a una supuesta teleología o significado ulterior de las acciones). De alguna manera se sugiere que los Kim viven los efectos de sus actos, de sus decisiones y quizá especialmente de sus omisiones. Nada más y nada menos. Como tantas otras personas en todas las épocas y en todas las latitudes, los Kim (y en particular el padre) viven los efectos de postergar la resolución de conflictos apremiantes de la existencia, con lo cual no se hace más que dejar que ganen en complejidad, hasta que se vuelven inmanejables.

Kim Ki-taek y de Geun-se son en ese sentido personajes afines, que comparten el rasgo común de la renuncia, la resignación y la falta de ánimo, de entusiasmo o de creatividad para vivir su vida. No por casualidad, hacia el final de la cinta, Kim Ki-taek sigue los pasos de Geun-se y ocupa su lugar como el "parásito" de la residencia. 

Hay condiciones materiales y sociales que condicionan el desarrollo de la vida humana, sin duda, pero también hay una disposición con la que cada persona hace frente a esas condiciones. ¿Es posible encontrar un punto de conciliación entre ambas? ¿Y cómo? ¿Qué tanto las circunstancias pueden cambiar y qué tanto es esa disposición personal la que facilita o dificulta nuestro desarrollo?

Con Parasite, Bong Joon-ho plantea algunas preguntas muy pertinentes respecto de este problema fundamental para el ser humano, pues a fin de cuentas aquello que está en juego en éste es la realización de la existencia.

 

Del mismo autor en Pijama Surf: Una vida sin planes ni objetivos: ahí se encuentra el sentido de la existencia

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

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Primera parte de un estudio sobre la relación entre la divinidad y la poesía

La palabra poesía significa "creación" (ποίησις). ¿Pero qué crea la poesía? Yo argumentaría que la poesía no crea nada nuevo, pero tiene una relación íntima con la Creación. El poeta es el que debe mostrar lo que es. La luz ilumina la oscuridad, ¿pero quién la comprende? ¿quién es capaz de recibir el rayo en su cuerpo y convertir en palabras la luz? El poeta debe mostrar que el mundo habla: dice su esencia. Debe morar cerca del origen. 

Lo que significa la palabra origen es que algo brota, en un salto que funda, de la fuente de la esencia al ser.

Toda creación es, por ser este sacar, un extraer (schöpfen "sacar agua de la fuente").

El comienzo contiene ya oculto el final

 

(Heidegger)

Su final está embebido en su principio, y su principio en su final, como una flama en una brasa ardiente.

(Sefer Yetzirah (Libro de la Creación))

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Ser "original" no es decir algo nuevo, algo único; el arte no es la expresión de la individualidad, sino la percepción y actualización de lo universal. Ser "original" es habitar cerca de la fuente y sacar el agua que contiene el deleite del ser, el agua que la luz llenó de vida, el sol de la eternidad que Dios sembró en el tiempo. Liberar, como Indra de las cuevas del dragón Vṛtra, los ríos celestiales que llevan la espiga de oro, el precioso soma.

Un murmullo celeste inunda la tierra. La palabra que mana desde el origen, el vino que llena la copa, el espíritu que recrea y enamora. El deleite se convierte en canción. La canción espontánea es loor. El laúd lauda a Dios.

El poeta saca el agua de la fuente, libera la corriente y fluyen las luces del firmamento. El poeta repite la Creación. La poesía es un eco de la cosmogonía, un traer a la superficie el rumor de fondo. De los astros, con sus aladas melodías, el agreste coro.

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Saca al fin

Todo el sol que hay en mí y la capacidad de tu luz, que yo te vea

¡No con los ojos solamente, sino con todo mi cuerpo y mi sustancia

Y la suma de mi cantidad resplandeciente y sonora!

El agua divisible que da la media del hombre

No pierde su naturaleza que es la de ser líquida

Y perfectamente pura por la que todas las cosas se reflejan en ella.

Como esas aguas que sustentaron a Dios en el principio,

Así estas aguas hipostáticas en nosotros.

 [...] Ah, lo percibo, el espíritu no cesa de ser llevado sobre las aguas...

(Paul Claudel, "El espíritu y el agua")

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La vocación del poeta:

Una tarea distinta y un llamado han sido asignados

A Dios solamente es a quien servimos

Para que más cerca y siempre recién

Dicho, un eco amable él se encuentre

(Hölderlin)

 

El hombre que realiza su vocación adora a Dios y así alcanza su perfección.

(Bhagavad Gita 18.46) 

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Al poeta le ha sido asignado servir a Dios y a los celestes que le entregaron la palabra. "El poeta está expuesto a los relámpagos de Dios" (Heidegger) y debe convertir la "voz del cielo" en la "voz del pueblo". Por eso Hölderlin dice: "Eco del cielo, corazón santificado". El corazón es el eco del cielo, el lugar donde reverbera el eterno fiat celeste, centro desde donde gobierna la voluntad divina y templo desde el que se eleva el canto responsorio por la mañana, eco, también, de la tierra en su alabanza. La tarea de vida del poeta es hacerse transparente, poroso a las aguas del espíritu -las aguas inseminadas por la luz divina-, y resonante como un diapasón a esa prístina vibración. 

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Al salvador escucho en la noche, lo escucho

      Matar, el liberador, y dar vida nueva

          De oeste a este escucho a los que llevan el relámpago

           Raudamente deslizarse, y es de él que hacen eco

    

       ¡mis cuerdas! Con él mi poema vive

           Y como el arroyo que debe seguir el flujo del río

               A donde sus pensamientos van, soy llamado...

                     (Hölderlin)

 

Como la frase que se inicia en los metales

Gana las maderas y progresivamente invade las profundidades de la orquesta 

Y como las erupciones del sol,

se repercuten sobre la tierra...

          (Claudel)

 

Aquí algún día rugió, sin interrupción, 

El sonido majestuoso de Om-

Resonaron las cuerdas del corazón,

con el himno del Uno.
 

(Rabindranath Tagore)

 

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El enunciar de Dios en sí mismo es Dios, la Palabra, fuera de él mismo es este mundo. Así pues, este mundo es palabra, que expresa noticia de Dios. Por ello, su propósito, su intención, su significado, es Dios, y su vida o tarea es nombrar y alabarlo... el mundo, el hombre debe de esta manera darle a Dios el ser a cambio por el ser que le ha sido dado... Esto se hace a través del gran sacrificio. Contribuir, entonces, a ese sacrificio es la finalidad con la que el hombre ha sido creado. 

(Gerard Manley Hopkins)

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Dice Hopkins que todas las cosas en el mundo alaban a Dios con su ser, con la expresión pura y sin brida de su naturaleza.

As kingfishers catch fire, dragonflies draw flame; 

As tumbled over rim in roundy wells 

Stones ring; like each tucked string tells, each hung bell's 

Bow swung finds tongue to fling out broad its name; 

Each mortal thing does one thing and the same: 

Deals out that being indoors each one dwells; 

Selves —goes itself; myself it speaks and spells, 

Crying Whát I dó is me: for that I came. 

 

Las criaturas deben desocultar su ser y brotar de la fuente de luz. Como se incendia el alción, la libélula se inflama. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmos 19:1). "Los pájaros le cantan a él, el relámpago habla de su terror, el león es como su fuerza, el mar es como su grandeza, la miel como su dulzura". Toda la creación es sólo un adjetivo de un nombre eterno que se dice en el tiempo. Al aparecer, las criaturas expresan lo que son, fulguran; es en su proceder hacia fuera que regresan a su origen. "Están llamadas a regresar hacia eso de lo cual han salido. Toda su vida y su ser es un llamado y una urgencia de regresar a aquel del que han sido emitidas" (Eckhart).

Pero el hombre no es igual a todas las demás criaturas, pues la expresión y cumplimiento de su ser es el conocimiento. "El hombre fue creado para alabar a Dios... Pero el hombre puede conocer a Dios, puede glorificarlo intencionalmente" (Hopkins). El hacer esto a propósito es el propósito del hombre. El conocimiento es la libertad, pero la libertad es el servicio, la obediencia, ob-audire, escuchar a Dios. "El habla de Dios no es más que Dios haciéndose conocido en nosotros... En nosotros hablarle a Dios no es más que escucharlo y obedecerlo a él y a su inspiración... justo como las montañas y ciertos lugares responden a aquellos que hacen un llamado con el sonido que Aristóteles llama un eco" (Meister Eckhart).

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Uno de los míticos narradores de la literatura sánscrita lleva el nombre de Śuka, "perico". Śuka repite lo que ha oído: la historia de cómo Dios se manifestó en el mundo. Una historia que en última instancia, de "oídas", se remonta a Brahma, el demiurgo. Śuka es el perico de Dios, como todo poeta, el que hace eco de la Creación. Canta las līlās, los juegos o recreos de Īśvara en el mundo y lo hace con la máxima profusión de rasa, la linfa del deleite estético. La poesía funda pero también endulza la historia. En la India existe la creencia de que un mango es más dulce cuando ha sido rebanado por el pico de un perico. André Gide dijo que ya todo había sido dicho, pero que requería ser dicho de nuevo, porque nadie había escuchado. El poeta es quien sí escuchó y quien dice lo que siempre se ha dicho, de una forma dulce. El poeta es quien ve la forma deliciosa del dios. En el silencio descubre un lenguaje efervescente de luz y amor, que es la creación misma. 

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Aún ahora añoro volver a ver la "forma del deleite" (anandarup) del mundo entero [...] Eso fue lo que vi un día cuando era joven, por esa razón no he dejado de repetir las palabras de la Upanishad: "[Dios], teniendo la forma del deleite, resplandece como la inmortalidad" (anandarupam amrtam yad vibhāti)

[...] Él es la alegría que se revela como forma.

Dios no es un sultán celestial; existe en todo y todo lo permea. Lo adoramos en todos los objetos verdaderos de nuestra adoración, lo amamos siempre que nuestro amor es verdadero. En la mujer que es bella lo sentimos; en el hombre que es bueno lo conocemos.

(Rabindranath Tagore)

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El poeta vive en la intimidad de la Creación. Tiene una relación personal con el absoluto, con la fuerza creadora y destructora, aquella que hace "bailar a las estrellas sobre el abismo". Para Hölderlin el poeta tiene el deber de mostrar que "pertenece a la tierra", una pertenencia que consiste en asumir su rol como "heredero y aprendiz de todas las cosas." Hereda poniendo atención a todas las cosas, haciendo un inventario del ser. Su amor es su atención, su contemplación es su creación. Aprende jugando, es decir, en la re-creación del mundo. En esto consiste la "intimidad". Juntos en el recreo, él y ella, hacen el cielo en la tierra.

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"El Libro de las horas es una de las obras inaugurales más poderosas de toda la poesía moderna. Llega como si surgiera de la nada", dice el traductor Edward Snow. ¿De dónde viene la voz de Rilke? Él mismo contesta, el momento "decisivo" fue su viaje en 1899 a Rusia. La encontró navegando a lo largo del Volga con su amante Lou-Andreas Salomé y contemplando los vastos cielos azules y la mirada azul y santa de los campesinos rusos en quienes Tolstói también encontró una renovada fe. La poesía surge del amor y del cielo y de la sinceridad de los hombres. Rilke escribió sobre este viaje en su diario:

Lo que había visto hasta ahora no era más que una imagen de la tierra, el río y el mundo. Aquí, sin embargo, todo es su propio ser. Siento como si hubiera sido testigo de la creación, unas pocas palabras para toda las cosas existentes, las cosas en la medida de Dios, el Padre.

Lo que le sucede a Rilke es que encuentra su mirada, encuentra los ojos adánicos que revelan el ser de las cosas. Encontrar la voz, para el poeta, es siempre encontrar su mirada. Ver en las cosas el principio en el cual son creadas, la luz del primer día. Sólo la poesía accede al noumeno. Lo hace al sumir la conciencia individual en la universal.

Mas el poeta capta la idea, la esencia de la humanidad, al margen de toda relación y del tiempo... la objetivización de la cosa en sí, en su nivel supremo. El poeta es en suma el hombre universal... Él es el espejo de la humanidad, haciéndola consciente de lo que ella siente y de lo que la mueve.

(Schopenhauer)

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Dice Rilke que la poesía no es un sentimiento, es una experiencia. Si un poema es "creación", el poeta debe ser quien tiene la experiencia de la creación. Es el que hace empírico -el que percibe y afirma como fenómeno- el acto puro trascendente de la creación. Vuelve Fanes a romper el huevo de la noche. Hiraṇyagarbha brota incandescente en la espuma.

El poeta debe recorrer muchas ciudades en la noche y recordar la vida de muchas estrellas, para llegar al lugar del poema y presenciar el principio. Es como si tuviera que siempre estar en el meridiano donde está amaneciendo. Como el devoto, dirigiendo su mirada hacia Venus, el heraldo de la luz. Rezando.

I will imagine you Venus tonight and pray, pray, pray to your star... 

(John Keats)

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No se trata de crear sino de ver, de hacer consciente lo que siempre es. La incomprendida "luz que brilla en las tinieblas". Los místicos aseguran que la creación es constante: el principio del mundo no sucedió en un remoto ayer, es una presencia perpetua. El poeta aspira a la frescura. A ver el azul del cielo, el rojo de los labios, el verde del pasto, la explosión multicolor del pájaro en el follaje... con los ojos del primer día, con los ojos adánicos. El poeta es un cazador de iridiscencias (las palabras quieren hacer lo que las plumas del pavo real)... de los colores que Goethe nos dice que son los sufrimientos y las alegrías de la luz. El poeta no sólo ve el Génesis en la naturaleza, ve también la Pasión que se repite en el cielo arrebolado del ocaso. El sacrificio perenne del dios, en la respiración.

*

En esa materia, que desea al espíritu

como la mujer anhela al varón,

la constante repetición,

del único instante creador.

 

*  

El origen penetra en todos lados, y su abundancia es inagotable. 

(primer hexagrama del I Ching: el Cielo, lo Generativo)

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"Aquel que vive por siempre creó todas las cosas al mismo tiempo", dice Meister Eckhart. Creó la totalidad del universo profiriendo una palabra, en "el primer simple ahora de la eternidad". "El 'principio' en el que 'Dios creó el cielo y la tierra' es la naturaleza del intelecto". El universo es una idea, más aún, una pregunta. "Dios habla una vez para siempre, pero dos cosas son oídas", como dice el salmista. Job declara: "Dios habla, una vez para siempre; él no repite el mismo mensaje dos veces" (Job 33:14). Las dos cosas son el cielo y la tierra. Es decir, las dos respuestas posibles. El sí y el no a la proclamación de la divinidad, el llamado al sacrificio y, con él, a la theosis.

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Dios crea en la eternidad. "Si quitas el tiempo, el atardecer es el amanecer", dice Eckhart, y "si la Creación es 'en el principio', siempre está naciendo y siempre se está haciendo presente. O nunca ocurrió o siempre está ocurriendo'". La esencia de la divinidad es dar a luz. La luz es el verbo, el dinamismo de la eternidad en el tiempo. La esencia del mundo es ser el recipiente de la luz, la tierra virginal. Debes convertirte en una virgen que sea, además, una esposa, dice Eckhart en uno de sus sermones. Virginidad es la pureza en la que "no hay obstáculo entre el alma y la verdad suprema". Es esposa, puesto que "produce mucha fruta". Unida con su esposo, "ella brilla y resplandece", en un perenne reverdecer, "el Padre eterno incesantemente da a luz al Hijo eterno". Así, ella, el alma, la esposa, "vive en una sola luz con Dios y así no hay para ella sufrimiento o cambio temporal, sino una inmutable eternidad". Es cierto que a la velocidad de la luz el tiempo deja de pasar, se vive en la cresta de la eternidad. En la luz lo relativo se hace absoluto.

*

La palabra "divino" proviene de una raíz que significa "lo que brilla" ((dyeu en protindoeuropeo, deva en sánscrito), de aquí proviene también la palabra "día", "dies" en latín. Platón observa que la filosofía nació de la contemplación de las estrellas, del asombro ante el misterioso orden de la noche. La poesía nació de la contemplación del día. En la gratitud del amanecer, la espontaneidad de la palabra. 

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Un día Tagore despertó:

¡Qué canción cantaron esta mañana las aves!

Desde el inmenso cielo lejano, 

Llego flotando.

Una tonada de su música

Que perdió su camino,

¡No se cómo

Llegó aquí!

 

[...] ¡Cómo han entrado los rayos del Sol a mi corazón

         Esta mañana! A la cueva oscura han bajado

                        Las aves del amanecer con su canción

                              ¿Quién sabe por qué, al fin, mi alma ha despertado?

                                        (Tagore, "El despertar de la cascada")              

*

Y vi el sol en flor, y por esa llama

Ardiendo en la calma juventud de la Tierra

La canción surgió en mí, y mi oscuro corazón,

Iluminado, alborozado por la poesía que era oración

Cuando por sus nombres llamé a esos extraños,

A esos tan íntimamente presentes, dioses de la naturaleza,

Y el espíritu en la palabra, el misterio de la vida

Se resolvía en la imagen de la alegría encontrada.

(Hölderlin)

*

La canción del poeta es un eco del amanecer. El rayo del Sol, el canto del ave y el despertar del corazón son una misma acción litúrgica. Divina correspondencia, rayos gemelos, uno adentro y otro afuera -la voz y la luz, el corazón y el Sol-. Lo que el poeta vio en su corazón, cuando vio la luz filtrarse entre las hojas, fue la creación: el poema

*

A Tagore "la voz" le llegó cuando tenía 21 años, justamente en la experiencia del poema "El despertar de la cascada". A lo largo de su escritura regresaría a esa epifanía seminal que ocurrió en Sudder Street, en Calcuta, cuando visitaba a su hermano. Como a Rilke, la voz poética le llegó cuando su mirada se acrisoló, contemplando la belleza radiante del mundo. Como en el caso de Claudel, esta mirada fue un ver integral más allá de la mera percepción sensorial: ¡No con los ojos solamente, sino con todo mi cuerpo y mi sustancia /Y la suma de mi cantidad resplandeciente y sonora!. Tagore recuerda: 

Una mañana ocurrió cuando yo estaba en la terraza mirando en esa dirección. El Sol apenas estaba alzándose entre las frondosas copas de los árboles. Mientras seguía mirando, de repente me pareció como si me quitaran una venda de los ojos, y descubrí que el mundo estaba bañado en una maravillosa luminosidad, con olas de belleza y alegría ondulando en todas partes. La luminosidad perforó en un instante los nudos de tristeza y frustración que se habían acumulado en mi corazón, y lo inundó con esta luz universal. Ese mismo día el poema "El despertar de la cascada" emanó profusamente y fluyó como una verdadera cascada. El poema culminó, pero la cortina no se corrió sobre el aspecto de alegría del universo. Y llegó a ser que ninguna persona o cosa en el mundo me parecían triviales o desagradables... Observando desde el balcón, la zancada, la figura y las características de cada uno de los paseantes, quienes sea que fueran, todos me parecían extraordinariamente maravillosos, al fluir -olas del mar del universo-. Desde la infancia sólo había visto con mis ojos, ahora empecé a ver con toda mi conciencia.

La cascada de Tagore quedó transfigurada, "fue tocada por el Sol y, brotando en una catarata de libertad, encontró su finalidad en un sacrificio perpetuo, en una constante unión con el océano". En el origen, según un himno del Rig Veda, también las aguas habían sido "tocada(s)" por una luz, por el ardor de la mente (tapas). Tagore había rezado y pedido pacientemente, había practicado tapas. "Cuando el deseo se concentra, con toda la fuerza del propio ser sobre un objeto, no importa cuál, entonces el umbral del infinito se vuelve visible". En la gracia de la luz, tenía una experiencia del Atman-Brahman.

Continuará...

 

Twitter del autor: @alepholo